16 Junio 2004 Seguir en 
La preocupación por un cuerpo bello puede ser una sana virtud. No obstante, muchas veces, la obsesión por el cuidado del aspecto físico suele enmascarar conflictos no resueltos y puede derivar en complicaciones que ponen en riesgo la salud de ese hombre que, paradójicamente, hace alarde de su tesón y voluntad por mantenerse esbelto y vigoroso.
Así como se han descripto trastornos de la alimentación como el sobrepeso, la bulimia y la anorexia en las mujeres, en algunos hombres, se ha diagnosticado el padecimiento de la vigorexia. Denominada también dismorfia muscular o corporal, esta alteración fue delineada por el psiquiatra Harrison G. Pope, del hospital Mac Lean, de la Facultad de Medicina de Harvard, en los Estados Unidos en 1993. Según sus estadísticas, publicadas en la revista Psychosomatic Medicine, de los 9 millones de estadounidenses que habitualmente van al gimnasio, un millón padece este desorden, también denominado "complejo de Adonis".
Caracterizado como otro trastorno compulsivo-obsesivo, responde a un desajuste entre la imagen real y la que el paciente percibe de sí mismo. A diferencia de la anorexia femenina, en la que ellas tienen una autoimagen de obesas, la vigorexia se expresa en hombres que se sienten físicamente débiles y enclenques. Y así como ellas se imponen un régimen severo para adelgazar, ellos se esfuerzan por adquirir una silueta de fisicoculturista. No obstante, ambos comparten el carácter introvertido, la edad de la manifestación (generalmente en la adolescencia) la tendencia al abuso de ciertas drogas y las dietas desbalanceadas.
"La vigorexia casi siempre es padecida por los varones que, por un problema psiquiátrico, suelen verse a sí mismos, demacrados y faltos de físico. Entrenan durante horas en el gimnasio, llegan a tomar anabólicos, aminoácidos y polivitamínicos y hacen una dieta hiperproteica, muy rica en hidratos de carbono y muy pobre en grasas", sostiene el nutricionista Daniel De Girolami, médico y docente de la Universidad de Buenos Aires, a cargo de la sección Valoración Nutricional de la División Nutrición del Hospital de Clínicas José de San Martín y director del sitio www.aprenderacomer.com
Así como se han descripto trastornos de la alimentación como el sobrepeso, la bulimia y la anorexia en las mujeres, en algunos hombres, se ha diagnosticado el padecimiento de la vigorexia. Denominada también dismorfia muscular o corporal, esta alteración fue delineada por el psiquiatra Harrison G. Pope, del hospital Mac Lean, de la Facultad de Medicina de Harvard, en los Estados Unidos en 1993. Según sus estadísticas, publicadas en la revista Psychosomatic Medicine, de los 9 millones de estadounidenses que habitualmente van al gimnasio, un millón padece este desorden, también denominado "complejo de Adonis".
Caracterizado como otro trastorno compulsivo-obsesivo, responde a un desajuste entre la imagen real y la que el paciente percibe de sí mismo. A diferencia de la anorexia femenina, en la que ellas tienen una autoimagen de obesas, la vigorexia se expresa en hombres que se sienten físicamente débiles y enclenques. Y así como ellas se imponen un régimen severo para adelgazar, ellos se esfuerzan por adquirir una silueta de fisicoculturista. No obstante, ambos comparten el carácter introvertido, la edad de la manifestación (generalmente en la adolescencia) la tendencia al abuso de ciertas drogas y las dietas desbalanceadas.
"La vigorexia casi siempre es padecida por los varones que, por un problema psiquiátrico, suelen verse a sí mismos, demacrados y faltos de físico. Entrenan durante horas en el gimnasio, llegan a tomar anabólicos, aminoácidos y polivitamínicos y hacen una dieta hiperproteica, muy rica en hidratos de carbono y muy pobre en grasas", sostiene el nutricionista Daniel De Girolami, médico y docente de la Universidad de Buenos Aires, a cargo de la sección Valoración Nutricional de la División Nutrición del Hospital de Clínicas José de San Martín y director del sitio www.aprenderacomer.com







