09 Abril 2003 Seguir en 
¿Es incapaz de sentarse a leer las instrucciones de una videocassetera? ¿Le gusta estar permanentemente ocupado y hacer varias cosas a la vez? ¿Le cuesta concentrarse y terminar lo que empieza?
Probablemente, usted padece déficit atencional, un trastorno que hasta hace un tiempo se consideraba típico de la niñez, pero que en la mayoría de los casos se arrastra hasta la vida adulta.
De hecho, la mayoría de las personas de entre 30 y 50 años que consultan por problemas de memoria padecen en realidad déficit atencional. "Es el mismo trastorno que tienen los chicos, y que se caracteriza por la hiperactividad (son muy inquietos), la impulsividad (atolondrados) y distracción (les cuesta mantener la atención por períodos prolongados)", explica el psiquiatra Claudio Michanie, director del Centro de Estudios de las Dificultades de Aprendizaje y Conducta (CEDAC). "Con el tiempo, la hiperactividad se va perdiendo, la impulsividad va disminuyendo aunque sin desaparecer del todo, pero el problema de atención persiste a lo largo de toda la vida", señala Michanie.
Pierden la paciencia
Se calcula que este síndrome afecta al 8% de la población infantil, y de ellos el 70% continúa con el problema más allá de la adolescencia. Es decir: el 5% de los adultos padecen el trastorno.
Son personas que postergan, les cuesta hacer trabajos de papeleo, su vida es totalmente desorganizada, no pueden escuchar al otro y suelen perder la paciencia con facilidad. Para diagnosticarlo, "el signo más importante es que haya habido problemas de atención en la infancia", dice el psiquiatra. Generalmente hay una historia familiar detrás del síndrome,porque al tener una carga genética importante, en el 40 o 50% de los casos va a haber padres, hermanos o hijos con el mismo problema. En los chicos, el principal motivo de consulta es que son inquietos o distraídos, y en los adultos, la falta de memoria. A veces llegan sin diagnóstico a la universidad, que requiere un esfuerzo de concentración mayor, y se encuentran súbitamente con el fracaso. "Lo graves es que a veces creen que es falta de capacidad, falta de voluntad o falta de inteligencia, y por eso no consultan", sostiene Michanie.
Probablemente, usted padece déficit atencional, un trastorno que hasta hace un tiempo se consideraba típico de la niñez, pero que en la mayoría de los casos se arrastra hasta la vida adulta.
De hecho, la mayoría de las personas de entre 30 y 50 años que consultan por problemas de memoria padecen en realidad déficit atencional. "Es el mismo trastorno que tienen los chicos, y que se caracteriza por la hiperactividad (son muy inquietos), la impulsividad (atolondrados) y distracción (les cuesta mantener la atención por períodos prolongados)", explica el psiquiatra Claudio Michanie, director del Centro de Estudios de las Dificultades de Aprendizaje y Conducta (CEDAC). "Con el tiempo, la hiperactividad se va perdiendo, la impulsividad va disminuyendo aunque sin desaparecer del todo, pero el problema de atención persiste a lo largo de toda la vida", señala Michanie.
Pierden la paciencia
Se calcula que este síndrome afecta al 8% de la población infantil, y de ellos el 70% continúa con el problema más allá de la adolescencia. Es decir: el 5% de los adultos padecen el trastorno.
Son personas que postergan, les cuesta hacer trabajos de papeleo, su vida es totalmente desorganizada, no pueden escuchar al otro y suelen perder la paciencia con facilidad. Para diagnosticarlo, "el signo más importante es que haya habido problemas de atención en la infancia", dice el psiquiatra. Generalmente hay una historia familiar detrás del síndrome,porque al tener una carga genética importante, en el 40 o 50% de los casos va a haber padres, hermanos o hijos con el mismo problema. En los chicos, el principal motivo de consulta es que son inquietos o distraídos, y en los adultos, la falta de memoria. A veces llegan sin diagnóstico a la universidad, que requiere un esfuerzo de concentración mayor, y se encuentran súbitamente con el fracaso. "Lo graves es que a veces creen que es falta de capacidad, falta de voluntad o falta de inteligencia, y por eso no consultan", sostiene Michanie.







