19 Febrero 2003 Seguir en 
En su época, los abuelos del presente y, hasta padres, usaban prendas de playa excesivamente discretas, que tapaban gran parte del cuerpo. Y, sin quererlo y mucho menos pensarlo -casi por casualidad de la moda-, este tipo de atuendo brindaba una excelente protección a la piel. Hoy en día, las mayas son cada vez más diminutas. Sin discriminación de sexo, tanto hombres como mujeres apenas tapan sus genitales. Y, lamentablemente, las radiaciones se aprovechan de la glamour de los cuerpos casi desnudos para, muchas veces, hacer estragos en la piel. Entonces, los regresos pueden ser consecuencia de una preocupación profunda por la aparición de manchas, lunares, agudización de un trastorno dermatológico o quemaduras, entre otros problemas.
"La pregunta sería: ¿el sol es un peligro para los veraneantes? -comenta a la cronista el doctor Alberto Woscoff, jefe de la división dermatológica del Hospital de Clínicas de Capital Federal y profesor titular de la cátedra de dermatología de la UBA-, decididamente no. El sol es vida. El problema del agravante a la exposición del sol, además de la falta de cuidado y seriedad que tienen algunas personas para protegerse, es que la humanidad se fue desvistiendo. Pero también se ha implementado en los últimos años, la moda del bronceado".
Y continua. "Antes, a principio del siglo XX, era muy común escuchar, de parte de los hombres, cataratas de halagos emitidos a las mujeres con pieles muy blancas, casi pálidas. Ahora hay que broncearse para estar a la moda. Y, si a esto le sumamos, la poca tela que tapa el cuerpo, más las desmesuradas exposiciones incorrectas al sol, sin contar la utilización de las camas solares, el individuo tiene un gran riesgo en el presente en contraer trastornos dermatológicos, pero también en el futuro -cercano o no- de poseer cáncer de piel".
Durante las vacaciones la gente se dedica a mirar su piel. En maya, en la playa y sin otra obligación más que el ocio, la examina con prolijidad puntillosa, la que tendría que tener periódicamente durante el año. "Y en las partes que no se alcanza a ver, un amigo o familiar se encarga de la tarea. Si se encontró alguna irregularidad, como manchitas o lunares, inmediatamente brotan inquietudes, que luego son transmitidas en la consulta post vacaciones", dice el especialista.
Aumenta el cáncer de piel
Si bien, pese a que los médicos aconsejan incansablemente el control de los lunares -ya que el cáncer de piel está en alarmante aumento-, sólo lo hace una parte de la población. El control periódico es la única manera de saber si cambiaron de forma, color o existe algún tipo de irregularidad. El descubrimiento de alguna anomalía en el lunar o el nacimiento de uno, es la primera inquietud que aparece y debe ser consultada con el dermatólogo.
El acné ataca a los jóvenes
El estrés es el desencadenante del agravamiento de numerosas dermatosis de piel. Y, en ocasiones, en lugar de llegar de las vacaciones renovado, se retorna con un problema agravado. La dermatosis más común -que acompañan en la maleta de vuelta a casa-, en la población juvenil es el acné. "Ataca casi con una frecuencia del 100%, y algunos empeoran notablemente con la exposición solar", dice el doctor Alberto Woscoff.
"La pregunta sería: ¿el sol es un peligro para los veraneantes? -comenta a la cronista el doctor Alberto Woscoff, jefe de la división dermatológica del Hospital de Clínicas de Capital Federal y profesor titular de la cátedra de dermatología de la UBA-, decididamente no. El sol es vida. El problema del agravante a la exposición del sol, además de la falta de cuidado y seriedad que tienen algunas personas para protegerse, es que la humanidad se fue desvistiendo. Pero también se ha implementado en los últimos años, la moda del bronceado".
Y continua. "Antes, a principio del siglo XX, era muy común escuchar, de parte de los hombres, cataratas de halagos emitidos a las mujeres con pieles muy blancas, casi pálidas. Ahora hay que broncearse para estar a la moda. Y, si a esto le sumamos, la poca tela que tapa el cuerpo, más las desmesuradas exposiciones incorrectas al sol, sin contar la utilización de las camas solares, el individuo tiene un gran riesgo en el presente en contraer trastornos dermatológicos, pero también en el futuro -cercano o no- de poseer cáncer de piel".
Durante las vacaciones la gente se dedica a mirar su piel. En maya, en la playa y sin otra obligación más que el ocio, la examina con prolijidad puntillosa, la que tendría que tener periódicamente durante el año. "Y en las partes que no se alcanza a ver, un amigo o familiar se encarga de la tarea. Si se encontró alguna irregularidad, como manchitas o lunares, inmediatamente brotan inquietudes, que luego son transmitidas en la consulta post vacaciones", dice el especialista.
Aumenta el cáncer de piel
Si bien, pese a que los médicos aconsejan incansablemente el control de los lunares -ya que el cáncer de piel está en alarmante aumento-, sólo lo hace una parte de la población. El control periódico es la única manera de saber si cambiaron de forma, color o existe algún tipo de irregularidad. El descubrimiento de alguna anomalía en el lunar o el nacimiento de uno, es la primera inquietud que aparece y debe ser consultada con el dermatólogo.
El acné ataca a los jóvenes
El estrés es el desencadenante del agravamiento de numerosas dermatosis de piel. Y, en ocasiones, en lugar de llegar de las vacaciones renovado, se retorna con un problema agravado. La dermatosis más común -que acompañan en la maleta de vuelta a casa-, en la población juvenil es el acné. "Ataca casi con una frecuencia del 100%, y algunos empeoran notablemente con la exposición solar", dice el doctor Alberto Woscoff.







