19 Febrero 2003 Seguir en 
El aliento fresco es el primer requisito exigido por las mujeres a sus parejas, según un reciente estudio realizado en Alemania. Aunque las estadísticas no son extrapolables, son indicativas de la magnitud del rechazo al mal aliento. "Esa fetidez en el aliento denominada halitosis es producida por la persistencia de bacterias en descomposición en la cavidad bucal", sostiene la doctora Melania González y Rivas, coordinadora nacional del departamento de Educación para la Salud de la Confederación Odontológica de la República Argentina.
Para evitar el mal aliento, las caries y el desarrollo de la gingivitis, la higiene bucal es clave. "El cepillado debe hacerse después de cada comida, con la técnica indicada por el odontólogo", afirma la especialista. La elección del cepillo es decisiva. "No debe sobrepasar el ancho de los cuatro incisivos inferiores. Así, se asegura la higiene de todos los sectores de la boca", indica. Y aconseja el uso del hilo dental luego del cepillado nocturno, así como un enjuague bucal periódico. "Poseen fluoruros o clorhexidina, potentes antimicrobianos que proporcionan un aliento agradable", acotó.
Si bien estos recaudos liberan a la mayoría de las personas del mal aliento, para un 25% de la humanidad, no son suficientes. Lo que para muchos es sólo circunstancial, para algunos es crónico y suele ser vivido con vergüenza, lo que los conduce al aislamiento social.
La principal acusada
"En las personas sanas, la parte posterior de la lengua es la principal fuente de halitosis en el 90% de los casos. Allí, a partir de la descomposición de los alimentos, las secreciones mucosas y sanguinolentas, se originan los compuestos volátiles azufrados desagradables producidos por gérmenes que pueden vivir en ausencia de oxígeno y de humedad", sostiene el doctor Bernardo Levit, especialista en la materia y autor del libro "Mal aliento -Experiencias actuales en tratamientos efectivos".
Sólo un 10 % de los casos de halitosis no proceden de la boca y son manifestaciones de alguna enfermedad como la sinusitis, las lesiones pulmonares, la hernia hiatal o la insuficiencia hepática.
Volviendo a la lengua, es sabido que es imposible llegar muy atrás con el cepillado, sin tener arcadas. La limpieza la realiza la saliva, que cumple un rol protagónico. "La saliva tiene propiedades antimicrobianas y le arroja oxígeno a las bacterias anaerobias. Arrastra los restos alimentos y los envía a las profundidades del tracto digestivo, que es hacia donde estaban destinadas desde el primer mordiscón. Limpia los desechos de células, sangre y bacterias muertas y diluye los compuestos volátiles azufrados", afirma Levit.
Pero la falta de saliva -una condición conocida como xerostomía-, provocada por estrés, por medicamentos o por el simple paso del tiempo; así como la profundidad de los surcos de la lengua y/o su mayor vellosidad, suelen ser caldo de cultivo para la halitosis crónica.
Es necesario incorporar la limpieza diaria de la lengua
Para tratar la halitosis, hay que extremar la higiene oral e incorporar el hábito de la limpieza de la lengua con un adminículo denominado limpialengua que arrastra los elementos que cubren su superficie.
Según nos informa el doctor Bernardo Levit, muchas civilizaciones africanas y asiáticas lo utilizan desde la antigüedad, en versiones realizadas en madera. La técnica occidental fue mejorando el diseño. "Mientras se desplaza por la superficie de la lengua, la suciedad recogida es enviada a un depósito cóncavo, por lo que el borde de arrastre permanece despejado para seguir actuando. Entre pasada y pasada, hay que limpiarlo poniéndolo debajo del chorro de la canilla", describe el doctor Bernardo Levit.
La sugerencia es utilizarlo después de lavarse los dientes, luego de cada comida y por supuesto, antes de irse a dormir. No lleva más de un minuto. "De ese modo, no sólo se anula la fuente habitual de halitosis, sino que como efecto secundario, se despejan las papilas gustativas para saborear mejor los alimentos", afirma el especialista.
Lo que no debe faltar
El complemento ideal es un enjuague bucal con dióxido de cloro estabilizado. "Transforma los gases azufrados pestilentes en derivados sin olor y mata a los gérmenes anaerobios que los producen.
Además oxida y reduce la disponibilidad de los fragmentos de proteínas que sirven de materia prima para la fabricación de los componentes volátiles malolientes", afirma el especialista.
Tomar mucho líquido
En todos los casos, se aconseja tomar mucho líquido, comer frutas y vegetales con alto contenido de agua para limpiar la lengua. Asimismo, es útil ayudarse con técnicas de relajación para manejar el estrés y evitar la sequedad en la cavidad bucal. Mientras se mantenga una colonia de bacterias acotada, no habrá riesgos de provocar efectos desagradables en los receptores de las células olfativas de los demás. Lo que no es poco en la vida de relación.
No se cura, pero se controla
La halitosis crónica pueda tratarse y controlarse, pero no curarse. Este mal puede constatarse objetivamente a través del "Halimeter", un aparato portátil que indica su grado fidedigno. "Se le coloca al paciente, una pajita en la boca, la que a su vez, está conectada a una bomba aspirante del equipo. El aliento pasa a un sensor que traduce los componentes azufrados Se acepta como normales valores de alrededor de 70-100 ppb (partes por billón). Cifras de 150-200 ya evidencian un aliento que puede ser ofensivo a cierta distancia", sostiene Levit.
Ni cigarrillo, ni alcohol, ni café
El tabaco, el alcohol y el café contribuyen al desarrollo el mal aliento. "El alquitrán del cigarrillo favorece la aparición de la enfermedad periodontal y la consecuente emanación de malos olores. El alcohol y el café secan la boca y conspiran contra la acción de la saliva, por eso se aconseja también evitar los enjuagues bucales que contengan alcohol en su composición", afirma el doctor Levit. Además, ciertos alimentos también tienen su cuota de responsabilidad: el ajo, la cebolla, el coliflor, el brócoli, los repollitos de Bruselas y los excesos de carne y pescados.
Para evitar el mal aliento, las caries y el desarrollo de la gingivitis, la higiene bucal es clave. "El cepillado debe hacerse después de cada comida, con la técnica indicada por el odontólogo", afirma la especialista. La elección del cepillo es decisiva. "No debe sobrepasar el ancho de los cuatro incisivos inferiores. Así, se asegura la higiene de todos los sectores de la boca", indica. Y aconseja el uso del hilo dental luego del cepillado nocturno, así como un enjuague bucal periódico. "Poseen fluoruros o clorhexidina, potentes antimicrobianos que proporcionan un aliento agradable", acotó.
Si bien estos recaudos liberan a la mayoría de las personas del mal aliento, para un 25% de la humanidad, no son suficientes. Lo que para muchos es sólo circunstancial, para algunos es crónico y suele ser vivido con vergüenza, lo que los conduce al aislamiento social.
La principal acusada
"En las personas sanas, la parte posterior de la lengua es la principal fuente de halitosis en el 90% de los casos. Allí, a partir de la descomposición de los alimentos, las secreciones mucosas y sanguinolentas, se originan los compuestos volátiles azufrados desagradables producidos por gérmenes que pueden vivir en ausencia de oxígeno y de humedad", sostiene el doctor Bernardo Levit, especialista en la materia y autor del libro "Mal aliento -Experiencias actuales en tratamientos efectivos".
Sólo un 10 % de los casos de halitosis no proceden de la boca y son manifestaciones de alguna enfermedad como la sinusitis, las lesiones pulmonares, la hernia hiatal o la insuficiencia hepática.
Volviendo a la lengua, es sabido que es imposible llegar muy atrás con el cepillado, sin tener arcadas. La limpieza la realiza la saliva, que cumple un rol protagónico. "La saliva tiene propiedades antimicrobianas y le arroja oxígeno a las bacterias anaerobias. Arrastra los restos alimentos y los envía a las profundidades del tracto digestivo, que es hacia donde estaban destinadas desde el primer mordiscón. Limpia los desechos de células, sangre y bacterias muertas y diluye los compuestos volátiles azufrados", afirma Levit.
Pero la falta de saliva -una condición conocida como xerostomía-, provocada por estrés, por medicamentos o por el simple paso del tiempo; así como la profundidad de los surcos de la lengua y/o su mayor vellosidad, suelen ser caldo de cultivo para la halitosis crónica.
Para tratar la halitosis, hay que extremar la higiene oral e incorporar el hábito de la limpieza de la lengua con un adminículo denominado limpialengua que arrastra los elementos que cubren su superficie.
Según nos informa el doctor Bernardo Levit, muchas civilizaciones africanas y asiáticas lo utilizan desde la antigüedad, en versiones realizadas en madera. La técnica occidental fue mejorando el diseño. "Mientras se desplaza por la superficie de la lengua, la suciedad recogida es enviada a un depósito cóncavo, por lo que el borde de arrastre permanece despejado para seguir actuando. Entre pasada y pasada, hay que limpiarlo poniéndolo debajo del chorro de la canilla", describe el doctor Bernardo Levit.
La sugerencia es utilizarlo después de lavarse los dientes, luego de cada comida y por supuesto, antes de irse a dormir. No lleva más de un minuto. "De ese modo, no sólo se anula la fuente habitual de halitosis, sino que como efecto secundario, se despejan las papilas gustativas para saborear mejor los alimentos", afirma el especialista.
Lo que no debe faltar
El complemento ideal es un enjuague bucal con dióxido de cloro estabilizado. "Transforma los gases azufrados pestilentes en derivados sin olor y mata a los gérmenes anaerobios que los producen.
Además oxida y reduce la disponibilidad de los fragmentos de proteínas que sirven de materia prima para la fabricación de los componentes volátiles malolientes", afirma el especialista.
Tomar mucho líquido
En todos los casos, se aconseja tomar mucho líquido, comer frutas y vegetales con alto contenido de agua para limpiar la lengua. Asimismo, es útil ayudarse con técnicas de relajación para manejar el estrés y evitar la sequedad en la cavidad bucal. Mientras se mantenga una colonia de bacterias acotada, no habrá riesgos de provocar efectos desagradables en los receptores de las células olfativas de los demás. Lo que no es poco en la vida de relación.
No se cura, pero se controla
La halitosis crónica pueda tratarse y controlarse, pero no curarse. Este mal puede constatarse objetivamente a través del "Halimeter", un aparato portátil que indica su grado fidedigno. "Se le coloca al paciente, una pajita en la boca, la que a su vez, está conectada a una bomba aspirante del equipo. El aliento pasa a un sensor que traduce los componentes azufrados Se acepta como normales valores de alrededor de 70-100 ppb (partes por billón). Cifras de 150-200 ya evidencian un aliento que puede ser ofensivo a cierta distancia", sostiene Levit.
Ni cigarrillo, ni alcohol, ni café
El tabaco, el alcohol y el café contribuyen al desarrollo el mal aliento. "El alquitrán del cigarrillo favorece la aparición de la enfermedad periodontal y la consecuente emanación de malos olores. El alcohol y el café secan la boca y conspiran contra la acción de la saliva, por eso se aconseja también evitar los enjuagues bucales que contengan alcohol en su composición", afirma el doctor Levit. Además, ciertos alimentos también tienen su cuota de responsabilidad: el ajo, la cebolla, el coliflor, el brócoli, los repollitos de Bruselas y los excesos de carne y pescados.







