Perros guías brindan asistencia a discapacitados

El amigo del hombre está preparado para alcanzar objetos, abrir puertas, ubicar teléfonos públicos o un asiento vacío y hasta para pedir auxilio.

12 Febrero 2003
La relación entre el perro y el hombre viene de lejos. Hay dibujos en cavernas prehistóricas en los que pueden adivinarse las figuras de canes y humanos. Siempre cerca, siempre unidos. Tal vez por esa corriente de compañerismo es por lo que sólo un perro -debidamente educado- puede convertirse en el mejor acompañante de personas ciegas o con discapacidades motrices.
En la Argentina existe la única Asociación de Educadores de Perros-Guía y de Asistencia (Aepga) de América latina. Formada por un inquieto grupo de profesionales que trabajan ad honorem -médicos veterinarios, terapistas ocupacionales, fonoaudiólogos, psicólogos, kinesiólogos-, se dedican a seleccionar, asesorar en la crianza y realizar una puntillosa preparación de los animales.
Recientemente, en la ciudad de La Plata, la Aepga entregó su primer perro guía: Micky, un rozagante labrador, que se convirtió a partir de ese momento en el acompañante permanente del licenciado César Díaz, profesor de historia e investigador de la Universidad Nacional de la Plata.
"Es la primera vez que me acompaña un perro guía -explica el licenciado Díaz, que se enorgullece al decir que es el único historiador ciego de la Argentina-. Es un anhelo que tuve no bien se produjo mi ceguera, hace 19 años, pero en nuestro país no existía una institución que educara perros con esta finalidad. Ahora camino con mucha menos tensión. Si bien no dejamos de utilizar el bastón blanco aunque nos guíe un perro, es indudable que Micky me facilita el andar".
Ezequiel Dello Russo, de 23 años, es el director de la Aepga. Ex estudiante de Ciencias Veterinarias, Dello Russo estudió tres años la carrera de especialización en perros guía en Francia. Ezequiel explica que los perros guía son capaces de realizar numerosas tareas para acompañar a los no videntes. Aprenden órdenes en francés (para que nadie interfiera en la comunicación con su dueño). Ante el requerimiento, ubican teléfonos públicos, un asiento vacío en cualquier lado donde la persona desee sentarse, una parada de colectivo, una escalera (el perro sabe discriminar, en caso de ser mecánica, si sube o baja), puertas, ascensores, ir hacia la derecha o la izquierda.

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