12 Febrero 2003 Seguir en 
Una oleada de prometedores estudios están cambiando la faz de la anorexia nerviosa, una de las afecciones mentales más mortales y menos comprendidas.
Conocida como un mal de mujeres adolescentes, la anorexia mostró señales de estar emigrando hacia las preadolescentes y las mujeres de entre 20 y 30 años, según los médicos.
Pero las terapias para combatirla prácticamente no han cambiado en décadas. Los tratamientos han puesto énfasis en la psicoterapia y la búsqueda de culpables para entender por qué una paciente se niega a comer: ¿Es el miedo a crecer? ¿Será que padres exigentes son demasiado críticos? En estas terapias, a los miembros de la familia no se les motiva a participar porque, después de todo, podría descubrirse que son parte del problema.
Varios estudios nuevos desafían esa vieja forma de pensar. En muchos de ellos, buscar las causas no es parte del plan. En lugar de eso, se hace hincapié en comer; la cura son los alimentos, en lugar de la psicoterapia. "Se ve a la comida como medicina, igual que para la gente severamente desnutrida", dice James Lock, psiquiatra infantil de Stanford University que estudia nuevas terapias para la anorexia.
Aunque esto parezca una perogrullada, representa un drástico cambio en el criterio de los médicos sobre cómo tratar la enfermedad. La anorexia tiene una de las tasas de mortalidad más altas entre las enfermedades mentales, debido al alto número de suicidios y complicaciones relacionadas con la desnutrición. Los nuevos enfoques serviría también para tratar la bulimia, en la que los pacientes vomitan o toman diuréticos o laxantes después de comer en exceso.El enfoque de Lock representa un cambio radical con respecto a las terapias tradicionales, al comprometer directamente a la familia como responsable de hacer comer a las pacientes. "Motiva a los padres a tratar la enfermedad como si fuera cualquier otro trastorno", dice.
Otros estudios muestran distintos enfoques. Unos investigadores suizos han desarrollado un programa informático que monitorea lo ingerido por las pacientes y las ayuda a volver a comer de forma normal.
En la Universidad de Michigan, los terapeutas reducen a un mínimo la importancia de las relaciones pasadas de las pacientes y las ayudan a establecer metas personales.
En la Universidad de Pittsburgh está en marcha un estudio genético que podría ayudar a entender quién podría estar en riesgo de desarrollar la enfermedad. Pero muchos médicos dicen que no hay una varita mágica para curar la enfermedad. Lock asegura que no hay "ningún enfoque único de tratamiento que va a funcionar para todos". (The Wall Street Journal)
Conocida como un mal de mujeres adolescentes, la anorexia mostró señales de estar emigrando hacia las preadolescentes y las mujeres de entre 20 y 30 años, según los médicos.
Pero las terapias para combatirla prácticamente no han cambiado en décadas. Los tratamientos han puesto énfasis en la psicoterapia y la búsqueda de culpables para entender por qué una paciente se niega a comer: ¿Es el miedo a crecer? ¿Será que padres exigentes son demasiado críticos? En estas terapias, a los miembros de la familia no se les motiva a participar porque, después de todo, podría descubrirse que son parte del problema.
Varios estudios nuevos desafían esa vieja forma de pensar. En muchos de ellos, buscar las causas no es parte del plan. En lugar de eso, se hace hincapié en comer; la cura son los alimentos, en lugar de la psicoterapia. "Se ve a la comida como medicina, igual que para la gente severamente desnutrida", dice James Lock, psiquiatra infantil de Stanford University que estudia nuevas terapias para la anorexia.
Aunque esto parezca una perogrullada, representa un drástico cambio en el criterio de los médicos sobre cómo tratar la enfermedad. La anorexia tiene una de las tasas de mortalidad más altas entre las enfermedades mentales, debido al alto número de suicidios y complicaciones relacionadas con la desnutrición. Los nuevos enfoques serviría también para tratar la bulimia, en la que los pacientes vomitan o toman diuréticos o laxantes después de comer en exceso.El enfoque de Lock representa un cambio radical con respecto a las terapias tradicionales, al comprometer directamente a la familia como responsable de hacer comer a las pacientes. "Motiva a los padres a tratar la enfermedad como si fuera cualquier otro trastorno", dice.
Otros estudios muestran distintos enfoques. Unos investigadores suizos han desarrollado un programa informático que monitorea lo ingerido por las pacientes y las ayuda a volver a comer de forma normal.
En la Universidad de Michigan, los terapeutas reducen a un mínimo la importancia de las relaciones pasadas de las pacientes y las ayudan a establecer metas personales.
En la Universidad de Pittsburgh está en marcha un estudio genético que podría ayudar a entender quién podría estar en riesgo de desarrollar la enfermedad. Pero muchos médicos dicen que no hay una varita mágica para curar la enfermedad. Lock asegura que no hay "ningún enfoque único de tratamiento que va a funcionar para todos". (The Wall Street Journal)







