29 Enero 2003 Seguir en 
El nuevo procedimiento para la realización de cesáreas, desarrollado y llevado a la práctica en el Hospital General de Viena, Austria, requiere sólo 20 minutos de intervención, y ya se realizó con éxito en más de 1.000 mujeres durante los últimos dos años. Sólo en Austria, el 15% de los nacimientos tienen que llevarse a cabo mediante cesárea.Según el doctor Elmar Armin Joura, miembro del Departamento de Ginecología de ése centro hospitalario, muchos de los pasos que se llevan a cabo en la intervención tradicional son innecesarios. "Por tal motivo, simplificar el procedimiento beneficia claramente a la madre".
Punta roma
En esta nueva técnica, y a diferencia de la cesárea convencional en la que se emplea un instrumento afilado, el abdomen es diseccionado mediante elementos de punta roma.
Aunque se emplea cuchillo de punta para cortar la piel, el resto de tejidos se atraviesa en el punto que presenta menos resistencias, en estas zonas hay menos vasos sanguíneos lo que evita daños y hemorragias. "Si el corte se hace en el nivel adecuado -explican- nos encontramos con un buen acceso para llegar al útero".
Por otro lado, las cesáreas tradicionales requieren hasta siete capas de puntos en diferentes niveles horizontales (es decir, entre la capa más externa de la piel y el último de los niveles, el más cercano al útero), mientras que en este nuevo procedimiento basta únicamente con tres capas continuas de costuras. Esta reducción permite que los tejidos se adhieran menos al abdomen y, por tanto, puedan cicatrizar de forma natural.
Alimentarse tras la cirugía
Además, las mujeres sometidas a cesárea en el hospital austríaco son animadas a beber inmediatamente después de la intervención, para aumentar la función intestinal, al tiempo que comienzan a ingerir alimentos al cabo de sólo seis horas, lo que se ha demostrado que reduce la necesidad de analgésicos para el dolor.
Además, a las ocho horas de la intervención, las nuevas madres pueden levantarse de la cama.
Los resultados fueron publicados recientemente en el último número de la revista Journal of Obstetrics and Gynaecology.
Allí también se consigna que la fertilidad de la mujer no se ve comprometida por la intervención y que incluso presenta una media mejor que después de la cesárea tradicional.
Una creencia sería falsa
Durante los últimos dos años, algunos estudios han puesto en duda uno de los principios más extendidos en la práctica obstétrica, que sostenía la necesidad de evitar, en la medida de las posibilidades, la segunda cesárea. Sucede que un estudio realizado en Gran Bretaña estableció cuestionamientos sobre la seguridad de esta medida.
Menos mortalidad
El trabajo concluye que el riesgo de mortalidad del recién nacido (durante el alumbramiento o en los meses posteriores) cuando se intenta un parto vaginal en las mujeres que ya han sufrido una primera cesárea es de 13 casos por 10 mil mujeres, cifra que significa una probabilidad 11 veces mayor de fallecimiento del bebé, con respecto a los partos de aquellas parturientas que se someten a una segunda intervención planificada.
Los motivos son causas mecánicas relacionadas con una rotura uterina (desgarro en la zona de la cicatriz de la primera cesárea, un peligro que ya había sido señalado en estudios anteriores y que suscitaron polémica entre los ginecólogos) y asfixia del bebé durante el parto.
Riesgo bajo
Los autores, de la Universidad de Cambridge, remarcaron el hecho de que el riesgo global de que se produzcan estas complicaciones es muy bajo pero, no obstante, sí resulta significativamente más alto que el observado en las mujeres para cuyos segundos alumbramientos se ha planificado una cesárea.
Estas conclusiones se han establecido tras investigar los 313.238 nacimientos (de hijo único y ocurridos entre las semanas 37 y 43 de gestación) contabilizados entre 1992 y 1997 en un estudio poblacional escocés sobre mortalidad y morbilidad neonatal.
Estudio comparativo
Se compararon cuatro tipos de parto en mujeres con embarazos normales: alumbramiento vaginal tras una cesárea previa, una segunda cesárea planificada y el tercero y el cuarto colectivo se componían, respectivamente, de mujeres nulíparas o multíparas para las que no se había previsto la incisión.
Los autores llaman la atención sobre sus datos en un momento en el que crece la presión pública y sanitaria para reducir el número de cesáreas. En su opinión, la gestante debe ser informada de estos riesgos antes de dar a luz.
Punta roma
En esta nueva técnica, y a diferencia de la cesárea convencional en la que se emplea un instrumento afilado, el abdomen es diseccionado mediante elementos de punta roma.
Aunque se emplea cuchillo de punta para cortar la piel, el resto de tejidos se atraviesa en el punto que presenta menos resistencias, en estas zonas hay menos vasos sanguíneos lo que evita daños y hemorragias. "Si el corte se hace en el nivel adecuado -explican- nos encontramos con un buen acceso para llegar al útero".
Por otro lado, las cesáreas tradicionales requieren hasta siete capas de puntos en diferentes niveles horizontales (es decir, entre la capa más externa de la piel y el último de los niveles, el más cercano al útero), mientras que en este nuevo procedimiento basta únicamente con tres capas continuas de costuras. Esta reducción permite que los tejidos se adhieran menos al abdomen y, por tanto, puedan cicatrizar de forma natural.
Alimentarse tras la cirugía
Además, las mujeres sometidas a cesárea en el hospital austríaco son animadas a beber inmediatamente después de la intervención, para aumentar la función intestinal, al tiempo que comienzan a ingerir alimentos al cabo de sólo seis horas, lo que se ha demostrado que reduce la necesidad de analgésicos para el dolor.
Además, a las ocho horas de la intervención, las nuevas madres pueden levantarse de la cama.
Los resultados fueron publicados recientemente en el último número de la revista Journal of Obstetrics and Gynaecology.
Allí también se consigna que la fertilidad de la mujer no se ve comprometida por la intervención y que incluso presenta una media mejor que después de la cesárea tradicional.
Una creencia sería falsa
Durante los últimos dos años, algunos estudios han puesto en duda uno de los principios más extendidos en la práctica obstétrica, que sostenía la necesidad de evitar, en la medida de las posibilidades, la segunda cesárea. Sucede que un estudio realizado en Gran Bretaña estableció cuestionamientos sobre la seguridad de esta medida.
Menos mortalidad
El trabajo concluye que el riesgo de mortalidad del recién nacido (durante el alumbramiento o en los meses posteriores) cuando se intenta un parto vaginal en las mujeres que ya han sufrido una primera cesárea es de 13 casos por 10 mil mujeres, cifra que significa una probabilidad 11 veces mayor de fallecimiento del bebé, con respecto a los partos de aquellas parturientas que se someten a una segunda intervención planificada.
Los motivos son causas mecánicas relacionadas con una rotura uterina (desgarro en la zona de la cicatriz de la primera cesárea, un peligro que ya había sido señalado en estudios anteriores y que suscitaron polémica entre los ginecólogos) y asfixia del bebé durante el parto.
Riesgo bajo
Los autores, de la Universidad de Cambridge, remarcaron el hecho de que el riesgo global de que se produzcan estas complicaciones es muy bajo pero, no obstante, sí resulta significativamente más alto que el observado en las mujeres para cuyos segundos alumbramientos se ha planificado una cesárea.
Estas conclusiones se han establecido tras investigar los 313.238 nacimientos (de hijo único y ocurridos entre las semanas 37 y 43 de gestación) contabilizados entre 1992 y 1997 en un estudio poblacional escocés sobre mortalidad y morbilidad neonatal.
Estudio comparativo
Se compararon cuatro tipos de parto en mujeres con embarazos normales: alumbramiento vaginal tras una cesárea previa, una segunda cesárea planificada y el tercero y el cuarto colectivo se componían, respectivamente, de mujeres nulíparas o multíparas para las que no se había previsto la incisión.
Los autores llaman la atención sobre sus datos en un momento en el que crece la presión pública y sanitaria para reducir el número de cesáreas. En su opinión, la gestante debe ser informada de estos riesgos antes de dar a luz.







