29 Enero 2003 Seguir en 
Las razones por las cuales cada vez es mayor el porcentaje de adolescentes que consumen psicofármacos se desconoce . Pero lo real es que este número se duplicó en la última década, según revela un trabajo de investigación en la Universidad de Maryland, Estados Unidos.
También se desconocen los efectos a largo plazo de algunos de estos fármacos cuando se administran a una población tan joven.
Un 6% en tratamiento
La investigación, publicada en Archives of Pediatrics and Adolescence Medicine, se limitó a detectar los cambios producidos en la utilización de los psicofármacos como tratamiento de algunas alteraciones de los jóvenes entre 1987 y 1996. Se analizaron los datos de casi 900.000 sujetos menores de 20 años pertenecientes a tres sistemas sanitarios estadounidenses.
En una década, se produjo un aumento de dos a tres veces del número de jóvenes medicados con psicofármacos. Se detectó sobre todo un rápido aumento desde 1991 en el empleo de estimulantes (prescritos para el déficit de atención), antidepresivos, antipsicóticos (para tratar la manía o agresividad) y otro tipo de psicofármacos.
En 1996, más de un 6% de los jóvenes de estos estados estaba tomando fármacos como el Prozac, Ritalin y Risperdal y esta trayectoria siguió aumentando durante el año 2000.
En 1996, los jóvenes de entre 10 y 14 años reemplazaron a los de 5 a 9 años como el grupo en el que más se emplean los psicofármacos. Las chicas fueron tratadas con más frecuencia que los chicos con estimulantes, aunque éstos recibieron más antidepresivos cuando su edad estaba entre los 10 y 14 años. A lo largo de esta década, el tiempo de terapia fue mayor para ambos géneros.
Entre otros diagnósticos, los más frecuentes que precisaron terapia fueron la depresión, el déficit de atención, la ansiedad grave, el trastorno obsesivo y el maníaco-depresivo.
Este incremento no se ha producido de la misma forma entre los jóvenes de los distintos estados analizados, en unos se emplearon más los antipsicóticos y los estabilizadores del humor.
Efectos a largo plazo
El doctor. Michael S. Jellinek, del departamento de Psiquiatría del Hospital General de Massachussets y profesor de esta especialidad en la Universidad de Harvard, Estados Unidos, explica en un editorial de la publicación mencionada su preocupación por este incremento de jóvenes en tratamiento.
El psiquiatra remarcó el riesgo que representa la terapia con sedantes en esta población que es la que presenta una mayor tasa de accidentes de tránsito y en la que se desconoce cuál puede ser el efecto a largo plazo. Hay poca investigación que apoye la combinación de múltiples medicamentos para tratar el trastorno de déficit de atención con hiperactividad, la depresión o el trastorno maníaco-depresivo.
También se desconocen los efectos a largo plazo de algunos de estos fármacos cuando se administran a una población tan joven.
Un 6% en tratamiento
La investigación, publicada en Archives of Pediatrics and Adolescence Medicine, se limitó a detectar los cambios producidos en la utilización de los psicofármacos como tratamiento de algunas alteraciones de los jóvenes entre 1987 y 1996. Se analizaron los datos de casi 900.000 sujetos menores de 20 años pertenecientes a tres sistemas sanitarios estadounidenses.
En una década, se produjo un aumento de dos a tres veces del número de jóvenes medicados con psicofármacos. Se detectó sobre todo un rápido aumento desde 1991 en el empleo de estimulantes (prescritos para el déficit de atención), antidepresivos, antipsicóticos (para tratar la manía o agresividad) y otro tipo de psicofármacos.
En 1996, más de un 6% de los jóvenes de estos estados estaba tomando fármacos como el Prozac, Ritalin y Risperdal y esta trayectoria siguió aumentando durante el año 2000.
En 1996, los jóvenes de entre 10 y 14 años reemplazaron a los de 5 a 9 años como el grupo en el que más se emplean los psicofármacos. Las chicas fueron tratadas con más frecuencia que los chicos con estimulantes, aunque éstos recibieron más antidepresivos cuando su edad estaba entre los 10 y 14 años. A lo largo de esta década, el tiempo de terapia fue mayor para ambos géneros.
Entre otros diagnósticos, los más frecuentes que precisaron terapia fueron la depresión, el déficit de atención, la ansiedad grave, el trastorno obsesivo y el maníaco-depresivo.
Este incremento no se ha producido de la misma forma entre los jóvenes de los distintos estados analizados, en unos se emplearon más los antipsicóticos y los estabilizadores del humor.
Efectos a largo plazo
El doctor. Michael S. Jellinek, del departamento de Psiquiatría del Hospital General de Massachussets y profesor de esta especialidad en la Universidad de Harvard, Estados Unidos, explica en un editorial de la publicación mencionada su preocupación por este incremento de jóvenes en tratamiento.
El psiquiatra remarcó el riesgo que representa la terapia con sedantes en esta población que es la que presenta una mayor tasa de accidentes de tránsito y en la que se desconoce cuál puede ser el efecto a largo plazo. Hay poca investigación que apoye la combinación de múltiples medicamentos para tratar el trastorno de déficit de atención con hiperactividad, la depresión o el trastorno maníaco-depresivo.







