08 Enero 2003 Seguir en 
LONDRES- El rey Jacobo l de Inglaterra (1566-1625), en plena época de Shakespeare, ya criticaba el habito de fumar por "repugnante a la vista, odiado al olfato, dañino para el cerebro y peligroso para los pulmones".
Así se manifestaba Jacobo en un boletín de 1616 sobre la nueva "mala costumbre" procedente de América, aunque ya en 1588, la disputa adoptó formas explosivas: el capitán de un barco de la Armada Española prohibió a uno de sus hombres fumar y tal fue el enojo del tripulante que vació su pipa en un barril de pólvora e hizo volar por los aires el galeón.
Repugnante para el rey
En Inglaterra, el hábito de fumar se hizo popular a través del marino Sir Walter Raleigh (1554-1618) y la célebre reina Isabel I (1533-1603) aprendió a usar una pipa. Su sucesor, Jacobo I, hizo decapitar a Raleigh en 1618.
"Para mí es incomprensible por qué una costumbre que introdujo un tipo tan odioso es tan bien recibida", dijo el rey.
El príncipe Mauricio de Orange (1567-1625), comandante en jefe del Ejército holandés, consideraba que los fumadores no servían de soldados, y el médico doctor Beverwijck informó en un volumen de consejos muy leído: "Conocí a un hombre que estaba acostumbrado a fumar a diario veinte pipas, costumbre que siguió tanto tiempo hasta que ya no pudo tomar aire y murió asfixiado".
Las depresiones y la impotencia fueron atribuidas en esos tiempos al tabaco, aunque algunos médicos consideraban que fumar tenía efectos curativos.
El médico Nicolaes Tulp (1593-1674), retratado por Rembrandt, recetaba a sus pacientes cigarros perfumados como medicina. Y el propio Tulp, un fumador empedernido, alcanzó la poco habitual edad de 81 años.
Rincón para no fumadores
Cuando el bucanero holandés Piet Heyn (1577-1629) salió a la mar en 1628 para capturar a la flota española, en sus barcos ya tenía rincones para fumadores y zonas para no fumadores. (TELAM)
Así se manifestaba Jacobo en un boletín de 1616 sobre la nueva "mala costumbre" procedente de América, aunque ya en 1588, la disputa adoptó formas explosivas: el capitán de un barco de la Armada Española prohibió a uno de sus hombres fumar y tal fue el enojo del tripulante que vació su pipa en un barril de pólvora e hizo volar por los aires el galeón.
Repugnante para el rey
En Inglaterra, el hábito de fumar se hizo popular a través del marino Sir Walter Raleigh (1554-1618) y la célebre reina Isabel I (1533-1603) aprendió a usar una pipa. Su sucesor, Jacobo I, hizo decapitar a Raleigh en 1618.
"Para mí es incomprensible por qué una costumbre que introdujo un tipo tan odioso es tan bien recibida", dijo el rey.
El príncipe Mauricio de Orange (1567-1625), comandante en jefe del Ejército holandés, consideraba que los fumadores no servían de soldados, y el médico doctor Beverwijck informó en un volumen de consejos muy leído: "Conocí a un hombre que estaba acostumbrado a fumar a diario veinte pipas, costumbre que siguió tanto tiempo hasta que ya no pudo tomar aire y murió asfixiado".
Las depresiones y la impotencia fueron atribuidas en esos tiempos al tabaco, aunque algunos médicos consideraban que fumar tenía efectos curativos.
El médico Nicolaes Tulp (1593-1674), retratado por Rembrandt, recetaba a sus pacientes cigarros perfumados como medicina. Y el propio Tulp, un fumador empedernido, alcanzó la poco habitual edad de 81 años.
Rincón para no fumadores
Cuando el bucanero holandés Piet Heyn (1577-1629) salió a la mar en 1628 para capturar a la flota española, en sus barcos ya tenía rincones para fumadores y zonas para no fumadores. (TELAM)







