21 Agosto 2002 Seguir en 
Murió a los 72 años en una época que la expectativa de vida no superaba el medio siglo. Sin embargo, su longevidad estuvo acompañada de graves y cuantiosos trastornos.
Padeció de problemas digestivos, disturbio del árbol respiratorio, mal de garganta, gota, temblores, ataques convulsivos infecciones muy severas.
Problemas oculares
"Como corolario de todo el arsenal patológico también sufrió de iritis ?proceso inflamatorio en los globos oculares- y cataratas, inconveniente que lo condujo a la ceguera", explica el doctor Antonio Alberto Guerrino, miembro de la Academia Argentina de Historia.Fue operado de cataratas por el doctor Julius Sichel, un renombrado y prestigioso medico oculista parisino.
Amante de la escritura
Sin embargo, todo fue en vano. Nunca pudo recuperar la visión. Gran amante de la escritura, contestaba infaltablemente las cartas que recibía. Pintaba y poseía una exquisita biblioteca que destacaba su nivel cultural. Por eso, como detalla Mitre, "su muerte comenzó cuando perdió la vista".Enrique Feijoo León, miembro del Instituto Histórico de Investigaciones de Vicente Lopez, provincia de Buenos Aires, detalla sistemáticamente los distintos momentos de la vida del Libertador.
Heridas y contusiones
"Aunque nació en Yapeyú, Corrientes, a partir de los 6 años vivió en España. Su niñez y formación militar profesional fueron instruidas por el país ibérico. Formó parte del ejercito de Murcia y combatió contra tropas de Napoleón".
En estas tierras recibe heridas y contusiones en el tórax que podrían haber generado un hematoma o lesiones del parénquima pulmonar. "Estas serían la causa de su mala respiración. Aunque las crisis disneica eran de naturaleza semejante a las asmática, no se puede comprobar", repasa el doctor Guerrino.
San Martín se quejaba frecuentemente y hacía alusión a su "tremenda enfermedad de pecho", pero nunca delimitó su alcance e implicancia con precisión.
Secuelas de la vida militar
Con poco más de 30 años, en 1812 vuelve a América. "Ya militar destacado, queda a cargo por orden del gobierno, de la formación del ejército: Granaderos a Caballos. Conduce la batalla de San Lorenzo y reemplaza a Belgrano en el norte a pesar de su desacuerdo (lamentaba el maltrato que recibía Belgrano del gobierno de Buenos Aires). Defiende a las naciente provincias unidas de los realistas que bajaban del norte. Españoles que se trasladaban por el río para desembocar en las proximidades de Rosario y poder avanzar hacia Buenos Aires -explica Feijoo-. Logra frenar el ataque español en las tierras dónde históricamente se ubicaba el convento de San Lorenzo".
Tensión nerviosa
Las secuelas de la batallas habían dejado vestigios articulares junto a otros impactos psíquicos.
La tensión nerviosa, la descarga endocrínica que hostigaba los órganos vitales del aparato digestivo, y el presumible daño vascular -productos de emociones-, habían transformado al hombre de Yapeyú. "En primera instancia fue atendido por Guillermo Colisberry, quién le recomendó reposo absoluto y prolongado. San Martín se traslada a una estancia ubicada en Saldán, Córdoba, para descansar. Pero se cree que su reposo fue relativo. Las intensas entrevistas y reuniones políticas no disminuyeron mucho. Igualmente, algunos días de reposo bastaron para mejorar su temperamento", comenta el especialista.
Con valor sobrellevó sus males
"En el cruce de los Andes, para la liberación de los países, por momentos debieron trasladarlo en parihuelas (camillas) por su gran dolencia articular. Lo transportaban hasta los estanques de aguas termales, tratamiento alternativo que aliviaba al general. Fue acompañado por el médico Juan Isidoro Zapata, el de cabecera, y por Diego Parossien, médico inglés prácticamente al mando de la sanidad", dice Enrique Feijoo.
En el cruce fue víctima de la fiebre amarilla, y otros de los males que soportó con seguridad fue el cólera, que adquirió con su hija en 1832 en Francia. Gracias a la ayuda incondicional de Mariano Balcarce tuvo un buen fin.
Para los trastornos gástricos y respiratorios usaba el opio y sus derivados como el laudano. Sus allegados miraban con recelo que Zapata lo intoxicara con opio. Pero, "los dolores eran insoportables y las empresas que iniciaba requerían de vitalidad y fuerza". El prometió, fundamentalmente a Guido, que abandonaría el opio, pero no pudo.
Padeció de problemas digestivos, disturbio del árbol respiratorio, mal de garganta, gota, temblores, ataques convulsivos infecciones muy severas.
Problemas oculares
"Como corolario de todo el arsenal patológico también sufrió de iritis ?proceso inflamatorio en los globos oculares- y cataratas, inconveniente que lo condujo a la ceguera", explica el doctor Antonio Alberto Guerrino, miembro de la Academia Argentina de Historia.Fue operado de cataratas por el doctor Julius Sichel, un renombrado y prestigioso medico oculista parisino.
Amante de la escritura
Sin embargo, todo fue en vano. Nunca pudo recuperar la visión. Gran amante de la escritura, contestaba infaltablemente las cartas que recibía. Pintaba y poseía una exquisita biblioteca que destacaba su nivel cultural. Por eso, como detalla Mitre, "su muerte comenzó cuando perdió la vista".Enrique Feijoo León, miembro del Instituto Histórico de Investigaciones de Vicente Lopez, provincia de Buenos Aires, detalla sistemáticamente los distintos momentos de la vida del Libertador.
Heridas y contusiones
"Aunque nació en Yapeyú, Corrientes, a partir de los 6 años vivió en España. Su niñez y formación militar profesional fueron instruidas por el país ibérico. Formó parte del ejercito de Murcia y combatió contra tropas de Napoleón".
En estas tierras recibe heridas y contusiones en el tórax que podrían haber generado un hematoma o lesiones del parénquima pulmonar. "Estas serían la causa de su mala respiración. Aunque las crisis disneica eran de naturaleza semejante a las asmática, no se puede comprobar", repasa el doctor Guerrino.
San Martín se quejaba frecuentemente y hacía alusión a su "tremenda enfermedad de pecho", pero nunca delimitó su alcance e implicancia con precisión.
Secuelas de la vida militar
Con poco más de 30 años, en 1812 vuelve a América. "Ya militar destacado, queda a cargo por orden del gobierno, de la formación del ejército: Granaderos a Caballos. Conduce la batalla de San Lorenzo y reemplaza a Belgrano en el norte a pesar de su desacuerdo (lamentaba el maltrato que recibía Belgrano del gobierno de Buenos Aires). Defiende a las naciente provincias unidas de los realistas que bajaban del norte. Españoles que se trasladaban por el río para desembocar en las proximidades de Rosario y poder avanzar hacia Buenos Aires -explica Feijoo-. Logra frenar el ataque español en las tierras dónde históricamente se ubicaba el convento de San Lorenzo".
Tensión nerviosa
Las secuelas de la batallas habían dejado vestigios articulares junto a otros impactos psíquicos.
La tensión nerviosa, la descarga endocrínica que hostigaba los órganos vitales del aparato digestivo, y el presumible daño vascular -productos de emociones-, habían transformado al hombre de Yapeyú. "En primera instancia fue atendido por Guillermo Colisberry, quién le recomendó reposo absoluto y prolongado. San Martín se traslada a una estancia ubicada en Saldán, Córdoba, para descansar. Pero se cree que su reposo fue relativo. Las intensas entrevistas y reuniones políticas no disminuyeron mucho. Igualmente, algunos días de reposo bastaron para mejorar su temperamento", comenta el especialista.
Con valor sobrellevó sus males
"En el cruce de los Andes, para la liberación de los países, por momentos debieron trasladarlo en parihuelas (camillas) por su gran dolencia articular. Lo transportaban hasta los estanques de aguas termales, tratamiento alternativo que aliviaba al general. Fue acompañado por el médico Juan Isidoro Zapata, el de cabecera, y por Diego Parossien, médico inglés prácticamente al mando de la sanidad", dice Enrique Feijoo.
En el cruce fue víctima de la fiebre amarilla, y otros de los males que soportó con seguridad fue el cólera, que adquirió con su hija en 1832 en Francia. Gracias a la ayuda incondicional de Mariano Balcarce tuvo un buen fin.
Para los trastornos gástricos y respiratorios usaba el opio y sus derivados como el laudano. Sus allegados miraban con recelo que Zapata lo intoxicara con opio. Pero, "los dolores eran insoportables y las empresas que iniciaba requerían de vitalidad y fuerza". El prometió, fundamentalmente a Guido, que abandonaría el opio, pero no pudo.







