Asistimos a una renovación del pensamiento económico

Los últimos galardonados con el Nobel tienen visiones diferentes a las de sus colegas que impusieron modelos en la segunda mitad del siglo XX.

13 Octubre 2002
Si analizamos la obra de al menos tres de los últimos cuatro ganadores del premio Nobel de Economía, puede decirse que estamos asistiendo a una verdadera renovación del pensamiento económico dominante durante la segunda mitad del siglo XX.
En el caso de los flamantes galardonados Daniel Kahneman y Vernon Smith, sus novedosas líneas de investigación fueron aplicadas en diversos campos, tales como las consecuencias económicas de las decisiones tomadas en condiciones de incertidumbre, la importancia de la percepción de justicia en las relaciones de intercambio, la revisión de la noción tradicional de utilidad económica, etc.
En términos generales, estos trabajos se inscriben en gran medida en el marco de lo que podría llamarse "racionalidad limitada" de los sujetos económicos. En lugar de apostar a modelos que se asientan en un homo economicus dotado de una capacidad infinita de conocimiento y de previsión, los trabajos de Kahmeran resaltan condiciones sicológicas y cognitivas más realistas del sujeto económico individual, condiciones que los trabajos de economía experimental de Smith sirvieron para poner a prueba.

Otro modelo
En el caso de los ganadores del año pasado, lo que los trabajos de Stiglitz, Akerlof y Spence nos invitaban a revisar es el supuesto de la información completa y perfecta de los sujetos económicos, proponiendo una renovación de los modelos tendiente a integrar explícitamente los problemas reales que aparecen cuando tratamos a la información disponible de manera más realista, asumiendo que es muchas veces asimétrica, imperfecta o incompleta.
Si sumamos a este panorama los trabajos de Amatya Sen, premio Nobel de 1999, lo que aparece es la necesidad de sumar a la responsabilidad individual tradicionalmente integrada al pensamiento económico moderno, la responsabilidad social que le cabe al individuo económico frente a problemas como el desempleo y, sobre todo, la pobreza.
En conjunto, todos estos premios Nobel parecen alentar la participación profesional en nuevas líneas de investigación en economía, donde se tenga explícitamente en cuenta las relaciones de esta disciplina con la filosofía, la sicología, la sociología, las neurociencias.
El camino se torna más complejo, pero es el precio a pagar si se pretende avanzar más allá de los modelos económicos tradicionales, aquellos que exageran la presencia continua de mercados de competencia pura y perfecta.(Por Hugo Ferullo)

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