Con los bonos, el mirandismo apostó y perdió. Estaba persuadido de que era inminente un salvataje mundial para erradicar las cuasimonedas ($ 168 millones agobian a Tucumán), pero las Lecop que debían reemplazarlas todavía no llegaron.
No se sabe si el acuerdo de transición con el FMI contemplará fondos destinados a absorber los bonos provinciales.
El gobierno cayó en su propia trampa. Los funcionarios no quisieron reducir sus presupuestos y gastan a manos llenas, lo que los obligó a seguir imprimiendo papeles que día a día empobrecen un 15% a los consumidores.
Sin medir el daño que producía el bonicidio, el mirandismo transfirió al sector privado y a los tucumanos el costo de los Bocade. También los sacudió con nuevos impuestos y con el peso brutal de la ineficiencia del Estado. No hay lugar para ingenuidades: las subas tributarias las paga siempre la gente.
Se sabe que en economía se puede hacer cualquier cosa, menos eludir las consecuencias de los errores. Para las exhaustas finanzas, será complicado devolver los $ 70 millones que las empresas depositaron en la Operatoria FET, que cayó en default, y les fueron incautados.
Como las empresas quedaron acorraladas, se quebró la confianza y se multiplicaron las presiones, tanto de los estafados como de los prestadores de salud, para conseguir el pedazo de torta más grande, porque suponen que cada vez será más trabajoso cobrarle al Estado.
"Llegan menos fondos nacionales que los que prometen", reconocen en el gobierno. El problema más grave es con los prestadores médicos, por el volumen de la deuda. Está claro que no se puede salir de golpe de semejante corral.
Tucumán vive situaciones irracionales. Pensando que hace un negocio brillante, la gente cambia su efectivo por Bocade en las cuevas, donde le pagan el 15% de interés, y después compra comida, que le cuesta un 15% más cara, a causa de los bonos. Varios súper descuentan un suculento 10% al que paga con efectivo o tarjeta.
Lo que está buscando ahora el ministro Jaldo es salir del encierro con la mayor elegancia posible. Hay un daño importante para las empresas que se ven obligadas a aceptar bonos. Deben apelar a extrañas maniobras para cambiar los papeles pintados o caer en las cuevas, que se llevan la parte del león.
Este proceso de descomposición financiera encuentra al gobierno en su momento de mayor debilidad, con un gabinete diezmado. Sólo Economía trata de poner orden. Otros funcionarios están en campaña, e impulsan gastos y nombramientos, sin entender que la crisis no deja lugar para gastar sin freno.
Las presiones de la recesión y de la pobreza ponen en juego la gobernabilidad. Los operadores políticos tratan de armar una salida ordenada, sobre todo para los que pueden sufrir citaciones judiciales.
La economía tocó fondo y se recupera con lentitud, aunque el desempleo y la marginación de miles de tucumanos siguen marcando una tendencia desfavorable. La canasta familiar subió 55% desde enero y trepó a 716 pesos por mes para una familia tipo, que es un ingreso que no está al alcance de todos.A la caída de los salarios y las subas de precios se suman el desagio y la sobrefacturación que se aplica a los tenedores de Bocade. No era verdad que la emisión de bonos estaba bajo control. Es una mezcla desesperanzadora que se atenuará cuando la sociedad pueda manejar dinero de verdad y nadie sienta al hacer sus compras que el gobierno lo engañó.
13 Octubre 2002 Seguir en 
Por Luis Alberto Peña, Jefe de Redacción LA GACETA







