09 Octubre 2002 Seguir en 
Las posibilidades de que "Lula" se convierta en el futuro presidente de Brasil dispararon el debate sobre el futuro de las economías del Cono Sur y su inserción internacional. La experiencia histórica indica que los análisis apresurados pueden conducir a errores. "Lula" debe concretar su triunfo, respetar sus propuestas luego y lograr, finalmente, que los grupos opositores no logren torcer su rumbo. Si todo eso ocurre, es poco probable que sobrevenga el caos que algunos temen.
Los indicios apuntan que en torno del candidato del PT se está configurando una coalición cuyo norte es la producción. Cabría esperar que su eventual gobierno privilegie la lógica productiva por sobre la de los mercados financieros. Esto significaría una bocanada de aire fresco para la región, atrapada desde hace más de una década en una visión que sustenta el cortoplacismo y la especulación. Si "Lula" logra relanzar la cultura del trabajo, la producción y la inversión productiva, el tamaño y la dinámica de la economía brasileña convertirían a su gestión en un punto de referencia obligado para el subcontinente.
¿Y el Mercosur?
Esa óptica permitiría replantear la integración regional, ya que "Lula" manifestó su intención de profundizar el Mercosur. La integración sirvió en los 90 para estimular las exportaciones de sus participantes, en el marco de una apertura general al comercio exterior, pero el impulso se agotó hace varios años. Por eso, habría que discutir nuevos objetivos que apunten a construir estructuras económicas más sólidas y no simplemente a ampliar un espacio de comercio desigual; tal la propuesta del ALCA.
Pero ese camino necesita también el impulso del lado argentino, cuyo proceso electoral recién comienza. Tal vez "Lula" pueda generar un "efecto demostración" y convertirse en el primer paso para la concepción de un nuevo modelo de inserción internacional, diseñado a partir de las necesidades propias y no de los grandes centros económicos mundiales. El desafío, para "Lula" y para América Latina, consiste en articular un proyecto sustentable, en lo morfológico y en lo social. Es decir, generar las condiciones para la reconstrucción integral de las actividades productivas; redefinir el rol del Estado como sustento político del proceso y lograr reincorporar al sistema a quienes fueron marginados -productores y consumidores- por la reestructuración neoliberal. Resta saber si Lula podrá convertirse en el iniciador de tales cambios. (Exclusivo para LA GACETA)
Los indicios apuntan que en torno del candidato del PT se está configurando una coalición cuyo norte es la producción. Cabría esperar que su eventual gobierno privilegie la lógica productiva por sobre la de los mercados financieros. Esto significaría una bocanada de aire fresco para la región, atrapada desde hace más de una década en una visión que sustenta el cortoplacismo y la especulación. Si "Lula" logra relanzar la cultura del trabajo, la producción y la inversión productiva, el tamaño y la dinámica de la economía brasileña convertirían a su gestión en un punto de referencia obligado para el subcontinente.
¿Y el Mercosur?
Esa óptica permitiría replantear la integración regional, ya que "Lula" manifestó su intención de profundizar el Mercosur. La integración sirvió en los 90 para estimular las exportaciones de sus participantes, en el marco de una apertura general al comercio exterior, pero el impulso se agotó hace varios años. Por eso, habría que discutir nuevos objetivos que apunten a construir estructuras económicas más sólidas y no simplemente a ampliar un espacio de comercio desigual; tal la propuesta del ALCA.
Pero ese camino necesita también el impulso del lado argentino, cuyo proceso electoral recién comienza. Tal vez "Lula" pueda generar un "efecto demostración" y convertirse en el primer paso para la concepción de un nuevo modelo de inserción internacional, diseñado a partir de las necesidades propias y no de los grandes centros económicos mundiales. El desafío, para "Lula" y para América Latina, consiste en articular un proyecto sustentable, en lo morfológico y en lo social. Es decir, generar las condiciones para la reconstrucción integral de las actividades productivas; redefinir el rol del Estado como sustento político del proceso y lograr reincorporar al sistema a quienes fueron marginados -productores y consumidores- por la reestructuración neoliberal. Resta saber si Lula podrá convertirse en el iniciador de tales cambios. (Exclusivo para LA GACETA)







