Los aplausos ocultaron otros problemas

Por Andreas Landwehr - Agencia DPA.

LISTO PARA ATACAR. El potente centro monterizo Conrado López Alonso es una de las cartas ofensivas que utilizará esta tarde el equipo “naranja”.(LA GACETA / JUAN PABLO SANCHEZ NOLI)
LISTO PARA ATACAR. El potente centro monterizo Conrado López Alonso es una de las cartas ofensivas que utilizará esta tarde el equipo “naranja”.(LA GACETA / JUAN PABLO SANCHEZ NOLI)
17 Marzo 2007
beijing.- Todo el mundo contuvo la respiración mientras los delegados apretaban los botones en el Gran Sala del Pueblo pero, cuando la gran pizarra luminosa mostró el resultado de la votación, estallaron los aplausos. Los reformistas habían obtenido una nueva victoria. La economía de mercado y el capitalismo pueden seguir de la mano en China.
Sin embargo, no todos los problemas están resueltos en la economía más pujante del mundo. El debate en torno de la norma que protege la propiedad de ciudadanos y empresas fue en realidad un batalla sobre la reforma económica. “Los izquierdistas (la vieja guardia del partido) creen que el precio de las reformas será muy alto y que los sectores débiles serán los perdedores”, dijo el politólogo Yan Yu.
Sin embargo, tras 12 días de sesión plenaria, que dio que hablar especialmente por las fotos de diputados dormidos, el fulgor de las reformas económicas dejó en un segundo plano temas al menos tan importantes como el que se votó: la protección del medio ambiente, el ahorro energético y el peligro global del cambio climático. De hecho, los límites del crecimiento en China no son sólo sociales, sino también medioambientales. El jefe de gobierno, Wen Jiabao, pareció haber olvidado que en su informe del estado de la nación, con el que abrió las sesiones, anunció objetivos ambiciosos para lograr una China “verde”. Las causas por las que tanto la justicia social como la protección del medio ambiente resultan siempre relegadas son las mismas: el nepotismo. Las relaciones entre empresas y funcionarios son muy estrechas, pues el asentamiento de grandes compañías e industrias deja dinero en las cajas de los gobiernos y sobornos en los bolsillos de los responsables. Sólo tres de cada 10 proyectos de inversión pasan por el tamiz medioambiental antes de su aprobación.