Irán pone a Kirchner bajo la espada de Damocles

Los negocios con Chávez o la buena relación con Bush pueden cesar si estalla un conflicto Teherán-Washington. La dura retórica contra EE.UU.

VALE MAS QUE MIL PALABRAS. El graffiti en la capital de Irán parece sintetizar el sentir de millones de iraníes, que ven a EE.UU. como sinónimo del mal. AFP
VALE MAS QUE MIL PALABRAS. El graffiti en la capital de Irán parece sintetizar el sentir de millones de iraníes, que ven a EE.UU. como sinónimo del mal. AFP
04 Marzo 2007
Guerra o diálogo. A esas alternativas se enfrentan Irán y Estados Unidos, y este hecho mantiene en tensión al mundo entero.
A mediados de enero, el presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, encaró una gira por Sudamérica que incluyó Nicaragua, Ecuador y Venezuela. Mucho se especuló respecto de cuál era el motivo de la visita. La cuestión política se refería, principalmente a su búsqueda de aliados para enfrentar a EE.UU.; la cuestión económica, a lo relacionado con el petróleo.

Lazos político-económicos
Dada la oposición de EE.UU. y de muchos países de la Unión Europea (UE) contra su programa nuclear, el presidente de Irán salió a buscar socios. En Latinoamérica, su hombre es el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, a través de del cual el mandatario iraní pretende hacer contacto con los nuevos gobiernos izquierdistas de la región. Visitó también al flamante presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, con quien firmó distintos acuerdos de tenor económico. Pero, además, el iraní dijo que el encuentro entre ambos no era una simple visita protocolar: "es un encuentro de revoluciones hermanas y pueblos hermanos".
De todas formas, aunque el resultado de esta reunión aún no vio la luz, algunos politólogos internacionales descreen que Ortega defienda a Irán, ya que, afirman, asumió su nuevo gobierno sin la menor intención de enfrentarse con Washington.
En lo referido a lo económico, hay que destacar la presencia de Ahmadinejad durante la ceremonia de asunción de Rafael Correa como presidente de Ecuador. En 1972, Ecuador inició su explotación petrolera y se convirtió en el segundo productor en América del Sur. Un año después ingresó a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), donde permaneció hasta 1992. Ahora, a instancias de Chávez, quizá para equilibrar el poderío de Arabia Saudita dentro de esa organización, Ecuador no descarta regresar al organismo a partir del segundo trimestre de este año. La visita del presidente iraní a Ecuador bien podría encuadrarse en este marco. Con la incorporación de Ecuador a la OPEP podría formarse un bloque entre Venezuela, Irán y el propio Ecuador que ostentaría reservas suficientes para enfrentar el dominio de Arabia Saudita.

En nuestro país
La creciente aceptación del presidente iraní en nuestra región va a contramano con el reciente dictamen de la Corte Suprema de Justicia de la Argentina contra Irán y el Hezbollah.
El documento tiene que ver con pedidos de captura contra funcionarios del gobierno de Irán de 1994, cuando se llevó a cabo el atentado a la AMIA. Pese a que Teherán lo negó de inmediato, el juez federal Rodolfo Canicoba Corral determinó que los responsables del ataque eran miembros de Hezbollah que contaban con anuencia y amparo del gobierno iraní. Buenos Aires pidió a Interpol que capture a los iraníes acusados. Irán denunció el dictamen judicial y la decisión del Gobierno argentino como parte de una provocación sionista-estadounidense. Chávez salió a apoyar inmediatamente a su aliado asiático.
Por otra parte, el presidente, Néstor Kirchner, defendió en su discurso ante la Asamblea Legislativa su relación con Chávez. Y días antes, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, había señalado que las relaciones entre nuestro país y EE.UU. eran muy buenas. Así las cosas, Kirchner enfrenta una disyuntiva harto difícil, cuya repercusión, en un año electoral, inclinará indefectiblemente el fiel de la balanza: si apoya a EE.UU. puede poner en peligro los vínculos -y los negocios- entre la Argentina y Venezuela (socia de Irán); si le sube el pulgar a Irán, corre el riesgo de volver ríspidas las relaciones con EE.UU. Es una jugada difícil, de la que puede salir mal parado cualquiera sea el camino que tome.

Ahmadinejad viajó a Arabia Saudita

RIAD.- El presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, llegó ayer a Arabia Saudita, en su primer viaje oficial a este país aliado de Estados Unidos, para mantener conversaciones que, se espera, se referirán a las crisis en el Líbano y en Irak, y al programa nuclear de Teherán.
Ahmadinejad, cuyo país corre el riesgo de enfrentar más duras sanciones de la ONU por su negativa a suspender su programa nuclear, fue recibido en el aeropuerto por el rey Abdullah, informó la agencia de noticias estatal saudita.
"En la reunión con el rey Abdullah discutiremos aquellas cuestiones que deben ser llevadas a cabo conjuntamente en el mundo islámico y en la región", había dicho Ahmadinejad poco antes de dejar Teherán, según la agencia de noticias oficial "IRNA". La radio estatal iraní, por su parte, informó que el ministro de Relaciones Exteriores, Manouchehr Mottaki, y otros importantes funcionarios acompañan al presidente. Estados Unidos y sus aliados en la región, Israel y Arabia Saudita, sospechan que el programa de energía nuclear de Irán busca desarrollar armas, acusación que Teherán rechaza. Los gobiernos árabes aliados a Washington también temen que Irán esté ganando influencia en el Líbano, en los territorios palestinos y en Irak. Arabia Saudita, el bastión musulmán sunita, culpa a las milicias chiítas apoyadas por Irán de perpetrar matanzas sectarias.
Diplomáticos sostienen que Irán quería tratar estos temas antes de la cumbre de la Liga Arabe que se realizará en Arabia Saudita a fines de marzo. "Egipto, Jordania y Arabia Saudita han cumplido el rol de una alianza que habla en nombre del mundo árabe. Por eso Irán se está asegurando que sus opiniones y sus posturas respecto de las cuestiones árabes sean escuchadas en las cumbres", dijeron fuentes del gobierno saudita. (Reuter)










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