Rito institucional por un lado y realidad política por el otro

Por Juan Manuel Asis - Redacción LA GACETA.

02 Marzo 2007
La verdadera batalla entre alperovichistas y juristas comenzará cuando hoy se conozca la integración de las listas con que competirán en la interna del justicialismo.

Ambos se salieron con la suya. Es lo que se puede decir después de analizar la jornada de ayer, más allá de las formalidades institucionales. Por un lado, el gobernador José Alperovich mostró su poder para obligar a intendentes y a comisionados rurales a movilizarse para garantizar una plaza en su favor (no es dable pensar que la gente haya abandonado espontáneamente su casa en el interior para salir a festejar detrás de las vallas de seguridad que el mandatario fuera a rendir cuentas de sus actos en la Legislatura). Por el otro, el vicegobernador Fernando Juri cuidó que su tropa no saliera a la calle a enfrentar a los contrincantes de la interna peronista para no quedar expuesto como el agresor de la democracia. Hasta podemos hablar de paradójicas actitudes extremistas por parte de los ex socios políticos: uno por disfrazar su tranquilidad tras una exagerado operativo de seguridad y el otro, por evitar que al jurismo le cayera el mote de patotero con una decisión que bien puede interpretarse como un signo de debilidad. Lo cierto es que, gestos más o gestos menos, abrazos más o abrazos menos, el rito institucional no fue opacado por lo que se temía: que la interna justicialista estallara en la plaza Independencia. Pero la sangre del PJ no llegó al río... todavía. Cada uno cumplió su rol con la mejor cara que pudo poner, pero hubo procesión por dentro.
No dejaron que brotara el enfrentamiento entre los grupos pero, dada la frialdad de sus actitudes, Alperovich y Juri no pudieron mantener en un nivel subterráneo su distanciamiento. Los legisladores alperovichistas recibieron y aplaudieron al mandatario, mientras que los juristas metieron sus manos en los bolsillos; sólo hubo tibios aplausos de parte Juri. Los síntomas de la pelea se ocultaron, pero van a salir con toda su fuerza desde hoy, cuando los dos sectores definan la integración de sus listas en el PJ y comience la verdadera batalla por los espacios de poder.
Ayer, por lo bajo, los alperovichistas renegaron porque el vicegobernador les redujo el plantel de empleados en la Cámara -uno de ellos amenazó con recurrir a la Justicia para que le restituyan los 70 colaboradores que tenía-. Desde la otra vereda se replicó esta medida denunciando que Juri disminuyó el plantel de sus adversarios aduciendo ahorros pero que hizo nombramientos en igual medida.
Los golpes han empezado a producirse detrás de las paredes de las instituciones y repercuten políticamente. Siempre ocurrió así, especialmente cuando el peronismo convierte a las instituciones del Estado en su campo de batalla. El riesgo es la afectación de la calidad institucional, la misma que se cuidaron de proteger ayer respetando las formas para inaugurar las sesiones ordinarias de 2007 y para atender el discurso del titular del Poder Ejecutivo. Fue una suerte de tregua política para tratar de mostrar que el justicialismo no subordina el orden institucional a sus peleas fratricidas. Pero es sólo eso, una tregua, un impasse calculado para no dar letra a la oposición, la interna y la externa.

Posible desmadre
El peligro de que todo se desmadre siempre estará latente y, si eso ocurre, lo que se complicará será la gobernabilidad de la provincia, por más que los protagonistas digan lo contrario. Es que la lucha interna del PJ potencia todo, más si se tiene en cuenta que ese proceso coincide con el último año de gestión y con el de los tiempos electorales, época en que todo se exacerba: peleas, críticas, reclamos y necesidades sociales.
El rito institucional se cumplió, se salvaron las apariencias, pero la realidad va por otro camino en esta historia de divorcios políticos, donde la sociedad será la espectadora de lujo de una batalla cuyas esquirlas alcanzarán a muchas instituciones: las republicanas, los partidos, los gremios, la Iglesia y hasta la Justicia. Y todo porque en el peronismo hay dos sectores -dos proyectos o dos hombres, según se mire- que han resuelto pelear por el poder. En ese camino primero está el round de abril en el PJ.
Alperovich siempre dice que a los tucumanos no les interesan las peleas de los dirigentes, pero ellos son siempre los que las están dando. En política eso es inevitable, como que unos ganen y que otros pierdan, y no acompañen.