01 Marzo 2007 Seguir en 
Parache ha logrado sortear los avatares vinculados al sumario que le siguen por supuestas irregularidades con títulos de la deuda pública. Las diferencias con Terán. Aunque a un gran costo, el juez federal Jorge Parache ha desarrollado una estrategia eficiente en el afán de conseguir tiempo. La jubilación pareciera ser el necesario -y tal vez único- atajo para huir de la pesadilla que lo atosiga desde diciembre de 2005, cuando a él y al ya destituido Felipe Terán el Consejo de la Magistratura decidió someterlos a sendos sumarios por presuntas irregularidades en causas vinculadas a títulos públicos.
Claro que las tácticas fueron variando. Primero aprovechó la exposición de Terán y, quietito, se guareció detrás de la situación de este. En efecto, pese a que los dos sumarios habían comenzado en la misma fecha, el 26 de abril del año pasado el pleno del Consejo de la Magistratura ya debatía por primera vez si correspondía someter a Terán a un proceso de remoción. Sólo entonces la comisión de Acusación citó a Parache para que hiciera su descargo el 16 de mayo.
Ese día tuvo otro acierto. Jugó a diferenciarse de Terán, que, un poco arrebatado y otro poco llevado por los apuros del instructor (el diputado Carlos Kunkel), contestaba por escrito. Amén de lo que declaró, Parache puso la cara. Es más: esa misma mañana pidió que le permitieran que ampliara su descargo. Y el trámite se demoró exactamente cinco meses y tres días, más inclusive que el lapso que duró el proceso contra Terán (se extendió entre el 8 de junio, cuando quedó suspendido, y el 18 de octubre, en que fue destituido). Obvio que esto no hubiese sido posible sin la actividad (¿o inactividad?) del instructor, el senador Nicolás Fernández, que pidió tantos informes que el sumario terminó anestesiado.
El 18 de octubre, otra vez cambió Parache. Ese día, mientras se demoraba el inicio de la audiencia en la que iba a conocerse el fallo contra Terán en la sala de la Corte Suprema de la Nación en Capital Federal, desde el edificio próximo del Consejo de la Magistratura se filtró una sintomática noticia.
Parache, que había sido citado para el otro día para que finalmente ampliara el dilatado descargo, había desistido de presentarse personalmente y, en cambio, había enviado un informe por escrito, en el que, salvo disparar contra la Cámara Federal, repetía lo que en mayo. Otra vez acertó. Intuyó que era altamente riesgoso ir a poner el rostro nuevamente, más si Terán quedaba destituido, como finalmente sucedió. Corría el peligro de que la ola se lo llevara. ¡Total, sólo un mes más tarde iba a haber renovación de autoridades en el Consejo de la Magistratura y nada indicaba que al cansino y patagónico Fernández pudiera darle un ataque de vértigo, a lo Kunkel!
En el Consejo, ahora, las cosas seguirán dormidas durante este mes, porque los nuevos consejeros todavía no pueden poner en marcha al órgano después de los profundos cambios introducidos por la Ley 26.080, como la fusión de las comisiones de Acusación y Disciplina, que todavía no cuenta con un reglamento. Aún están negociando cuánto poder tendrá el vicepresidente (léase Kunkel) y qué pasará con la Secretaría General. El azar, otra vez, mima a Parache.
Un nuevo resquicio
Bajo relativo control de la situación en el Consejo, lo único que Parache debía conjurar eran las causas penales, teniendo en cuenta que el fiscal federal Carlos Brito le insistía a Mario Racedo (reemplaza a Terán) desde el último trimestre de 2006 que lo citara a declarar como imputado en dos causas (también por los títulos públicos).
A fines del año pasado, Racedo prefirió esperar y postergó la decisión para cuando se restableciera la actividad judicial después de la feria de enero, esperando quizás que las cosas ya estuvieran resueltas en el Consejo. Parache volvió a aprovechar el nuevo resquicio -y van...- y se anticipó a Racedo cuestionando la constitucionalidad de la Ley Carrió (25.320), que, nacida al calor del "que se vayan todos", permite que los jueces -entre otros funcionarios con prerrogativas constitucionales- puedan comparecer a una indagatoria sin necesidad de que previamente sean destituidos.
Esta maniobra procesal insumirá su tiempo, porque, apelaciones mediante, terminará en la Cámara Federal, con algunos de sus vocales recusados, probablemente.
Luego, quizás Parache embista contra la actuación preliminar en la que se basó Brito para requerir que lo citen. En efecto, él mismo, en son de magistrado -no de imputado-, ya declaró la inconstitucionalidad de dos actuaciones llevadas por el fiscal general Gustavo Gómez. ¡Todo sea por ganar tiempo, tener un feliz cumpleaños Nº 59 en mayo y seguir apurando al almanaque para que la jubilación llegue pronto!







