06 Octubre 2002 Seguir en 
BRASILIA.- Tras ganar la reelección presidencial en los comicios de 1998, Fernando Henrique Cardoso invitó a "Lula" -el gran vencido- a la residencia oficial de la Alvorada, en Brasilia. "Un día vas a vivir aquí", le dijo. Las palabras del saliente presidente parecen hoy a punto de convertirse en profecía.
Para llegar a esta instancia, "Lula" ha revertido muchas de sus posiciones radicales del pasado, pero sin renegar de sus orígenes humildes. De hecho, recorrió el mismo camino que miles de compatriotas pobres. De niño dejó su pueblo, en el miserable noreste del país, y se fue a la periferia de San Pablo, capital económica de Brasil, para tratar de conseguir un empleo en los grandes centros urbanos. "Lula" no terminó la escuela primaria. Se convirtió en tornero mecánico, luego en líder sindical y se zambulló, al fin, en la política. A los 56 años, luego de tres anteriores intentos fallidos, tiene más posibilidades que nunca de dirigir la mayor economía latinoamericana y ser el primer jefe de Estado en la región de origen obrero. La gran novedad es el respaldo que le han dado figuras de la tradicionalmente conservadora élite empresarial y política del país. Lo consideran el más capacitado para unificar a empresarios, obreros y clase media.
La carga del rival
José Serra, de 60 años, el rival más cercado de "Lula", enfrenta el mayor desafío para un aspirante a gobernar un país sediento de cambios: encarnar, a la vez, esa voluntad y soportar el peso de representar al partido en el poder desde 1995. Es economista y en 1998 convirtió el cargo de ministro de Salud que le confió Cardoso en plataforma electoral.
Consolidó su fama de guerrero -reconocida mundialmente- enfrentando a multinacionales farmacéuticas y del tabaco en su lucha contra el sida y el tabaquismo. (Reuter)
Para llegar a esta instancia, "Lula" ha revertido muchas de sus posiciones radicales del pasado, pero sin renegar de sus orígenes humildes. De hecho, recorrió el mismo camino que miles de compatriotas pobres. De niño dejó su pueblo, en el miserable noreste del país, y se fue a la periferia de San Pablo, capital económica de Brasil, para tratar de conseguir un empleo en los grandes centros urbanos. "Lula" no terminó la escuela primaria. Se convirtió en tornero mecánico, luego en líder sindical y se zambulló, al fin, en la política. A los 56 años, luego de tres anteriores intentos fallidos, tiene más posibilidades que nunca de dirigir la mayor economía latinoamericana y ser el primer jefe de Estado en la región de origen obrero. La gran novedad es el respaldo que le han dado figuras de la tradicionalmente conservadora élite empresarial y política del país. Lo consideran el más capacitado para unificar a empresarios, obreros y clase media.
La carga del rival
José Serra, de 60 años, el rival más cercado de "Lula", enfrenta el mayor desafío para un aspirante a gobernar un país sediento de cambios: encarnar, a la vez, esa voluntad y soportar el peso de representar al partido en el poder desde 1995. Es economista y en 1998 convirtió el cargo de ministro de Salud que le confió Cardoso en plataforma electoral.
Consolidó su fama de guerrero -reconocida mundialmente- enfrentando a multinacionales farmacéuticas y del tabaco en su lucha contra el sida y el tabaquismo. (Reuter)







