04 Octubre 2002 Seguir en 
En Brasil, el domingo, un partido de oposición tiene todo para ganar. Y ese hecho para la salud de la democracia brasileña es importante, porque se completa la transición en la medida que haya alternancia en el poder. Pero aunque "Lula" gane en primera vuelta, va a tener un Congreso en gran medida en minoría, porque sumaría alrededor de 150 diputados sobre un total de 500, lo que lo obligará a hacer pactos. Estos serán de diferente naturaleza y conformarán una coalición heterogénea, lo que le dificultará a "Lula" tener el consenso imprescindible como para llevar adelante una agenda radical.Aun cuando a esta altura "Lula" es un candidato de centroizquierda, en contraposición a los postulados casi trotskistas de sus comienzos, la realidad política y económica de Brasil lo obligará a ser un presidente muy moderado. En lo económico, hay tres elementos para tener en cuenta: 1) el perfil de deuda con vencimientos de más de U$S 800 millones por mes, de aquí hasta mediados de 2003, constituye una herencia muy pesada. 2) El desequilibrio fiscal es grande, lo que obligará también a la moderación en lo monetario y en lo fiscal. En lo que tendrá que ser agresivo "Lula" es en la compra de dólares, para cumplir con las obligaciones. Tendría que refinanciar sus vencimientos (sería lo recomendable pero para nada fácil porque está en su mayoría en manos domésticas). 3) Hay muchas expectativas de los sectores de clase media y baja de que el gobierno de Da Silva signifique una posibilidad de mejora en la distribución del ingreso. Esto es casi imposible, por lo que no podrá cumplir con una de sus principales promesas. En general, la situación política y económica es complicada.
Una oportunidad
En cuanto a las consecuencias para Latinoamérica, el seguro acceso de "Lula" al poder significará una oportunidad y un riesgo. La oportunidad radica en que un gobierno de izquierda moderada logre hacer frente a las dificultades y cree una situación que sirva para eliminar el cuco de que la izquierda no puede gobernar en Latinoamérica. Eso sería positivo, porque podría ganar también la izquierda en Uruguay.
El riesgo está en que el próximo gobierno pueda sufrir algunos traspiés, con pérdida de popularidad, como lo que le ocurrió a Alejandro Toledo en Perú. Ojalá se parezca a Chile, pero a diferencia de lo que ocurrió con la concertación en este país, "Lula" llegará con una coalición de partidos que propugna una política más redistributiva y por ende más exigente. Como Brasil es muy importante en términos económicos y políticos, si Lula no actúa bien le agregará una dosis más de incertidumbre a toda la región que, salvo el caso de Chile, está en problemas bastante serios.
Tener alternancias en estos países es bueno, porque si falla uno puede reemplazarlo otro de una tendencia diferente. Hasta debería haber partidos de centroderecha que puedan alternar.
Una oportunidad
En cuanto a las consecuencias para Latinoamérica, el seguro acceso de "Lula" al poder significará una oportunidad y un riesgo. La oportunidad radica en que un gobierno de izquierda moderada logre hacer frente a las dificultades y cree una situación que sirva para eliminar el cuco de que la izquierda no puede gobernar en Latinoamérica. Eso sería positivo, porque podría ganar también la izquierda en Uruguay.
El riesgo está en que el próximo gobierno pueda sufrir algunos traspiés, con pérdida de popularidad, como lo que le ocurrió a Alejandro Toledo en Perú. Ojalá se parezca a Chile, pero a diferencia de lo que ocurrió con la concertación en este país, "Lula" llegará con una coalición de partidos que propugna una política más redistributiva y por ende más exigente. Como Brasil es muy importante en términos económicos y políticos, si Lula no actúa bien le agregará una dosis más de incertidumbre a toda la región que, salvo el caso de Chile, está en problemas bastante serios.
Tener alternancias en estos países es bueno, porque si falla uno puede reemplazarlo otro de una tendencia diferente. Hasta debería haber partidos de centroderecha que puedan alternar.







