Karma Sudaca inauguró el escenario central, pero tocó para casi nadie

Las Pelotas coronó la noche ante 20.000 personas. Hubo mayoría heavy y algunas demoras en la programación, aunque no faltó el rock. Por Pablo Leites y Rodrigo Rojas, especial para LA GACETA.

En el recreo reggae Los Cafres volvieron a demostrar por qué son los máximos exponentes locales.  La Voz del Interior / Carla Barbero
En el recreo reggae Los Cafres volvieron a demostrar por qué son los máximos exponentes locales. La Voz del Interior / Carla Barbero
10 Febrero 2007
Cosquín, Córdoba.- Con una concurrencia total que rondó las 20.000 personas, Cosquín Rock ofreció en su día "D" lo que cada uno de los asistentes fue a buscar: rock.
También bastante barro, pero al menos en la jornada inicial quedó claro que a la hora de la verdad el público adoptó el evento como una cita de honor.

Es que por mucho que se haya hablado hasta ayer de bandas que se bajaban por desacuerdos con la organización, o desaveniencias con otras agrupaciones, nada parece haber cambiado en el espíritu del festival ni en la mística que tiene para los seguidores del rock nacional.

El apoteótico final de la primera jornada empezó a tejerse pasadas las 2.30 de la madrugada, cuando Las Pelotas inició un show que no por compacto resulta obvio, y que no por respeto a sus fans desdeña la inclusión de temas nuevos.

De hecho, los de Daffunchio y Sokol arrancaron con "Basta", canción con la que bautizaron a su próximo disco. Hubo un recuerdo para "Largo", el seguridad del festival y músico de La 66 fallecido hace poco (algo que también hicieron Karma Sudaca y La Mancha de Rolando), y para Jorge Julio López, a quien dedicaron "Desaparecido".

Después de eso, los radicados en Nono recorrieron otros clásicos como "Esperando el milagro", "Dale" y "Será", entre los que intercalaron "No mires atrás" (el corte de "Basta"), redondeando una presentación de más de dos horas que los fanáticos festejaron en forma de pogo, con picos altos en "Shine", "Hawai", "Uva", "Bombachitas rosas", "Tucán", "Capitán América", y la versión que hicieron de los clásicos de Sumo "Debedé" y "El ojo blindado", casi al cierre.

Lo certero de la actuación de Las Pelotas no es una sorpresa, tampoco la incondicionalidad de sus fans, pero no deja de impactar la visión de tanto "aguante" en tantos miles que esperaron hasta el final para presenciar su show. A esta altura, sacaron carnet de clásico inamovible del festival.

El puntapié inicial de la primera jornada había sido pasadas apenas las 17, cuando todavía eran muy pocos los que habían ingresado al predio.

Los tucumanos de Karma Sudaca inauguraron el escenario central para una audiencia prácticamente inexistente, pero que al finalizar su set se arrimaba a las cien personas (¿no sería mejor abrir las puertas antes de la hora prevista para el primer show?).

Respetando los horarios, los uruguayos de Hereford hicieron lo suyo con oficio y contaron con Manuel Quieto, de La Mancha de Rolando, como invitado para "Lo más simple de las cosas".
El de Avellaneda fue uno de los primeros en llegar al backstage y uno de los últimos en irse, una vez finalizado su número cerca de las once noche.

Exactamente a las 18, cuando ya el ingreso de gente se tornaba incesante, y el peregrinar entre los distintos espacios iba dando forma a la fiesta, Carajo marcaría el quiebre entre las bandas que buscan hacerse conocidas y las que cuentan con algo más de predicamento.

La banda de nü descerrajó "Hacerse cargo", "El error" y "Sacate la mierda", entre otros de un potentísimo combo que incluyó "Triste" (con dedicación especial a Gabriel Ruiz Díaz de Catepecu Machu) y una versión de "Smells like teen spirit" de Nirvana. Con tres homenajes en menos de dos horas, no caben dudas de que el rock no se olvida de sus caídos.

Los brasileños de Natiruts, faltando un cuarto de hora para las 19, iniciaron el recreo reggae que se intercaló en el tablado central a modo de aperitivo de lo que sucederá hoy en el temático, y corroborando que el invento que popularizó Bob Marley goza cada vez de mejor salud.

"Muchos argentinos van a Florianópolis y Santa Catarina, y nos encanta tocar para ellos", dijo el vocalista, en portugués, antes de encarar un segmento que incluiría citas directas y rockeras a Jimmy Hendrix y una versión de "Jamming", de Marley, que hizo marcar el pasito a todos en un atardecer muy relajado.

Hasta aquí, todo sobre ruedas. Pero entre el último tema de Natiruts a las 19.15, y el primero de Andrew Tosh, hubo más de una hora y 10 minutos de silencio en el escenario principal y entre la impaciencia del público se anunció que un accidente en la ruta había dificultado el tránsito para que el jamaiquino se hiciera presente.

Tras cartón, el hijo de Tosh apareció en escena de rigurosas rastas, para abordar un segmento de reggae y ska de muy buena factura con clásicos versionados por su padre como "Johnny B. Goode", que calmaron los ánimos.

Más tarde, cerca de las 21.30, Los Cafres aprobaron con muy buena nota el examen de su primer año en el escenario principal, animándose a la inclusión de arreglos sutilmente electrónicos o vientos con sordina en "Mostrame cómo sos" o "Aire". Para entonces, ya eran casi 15 mil las almas que poblaban el predio y el ingreso seguía a paso firme.

Y todavía faltaban cuatro de los shows más importantes, uno de los cuales sería el de los cada vez más épicos Rata Blanca.
Los pelilargos propusieron temas de "La llave de la puerta secreta", su último trabajo, pero lograron levantar de verdad al público con "Ángel", "Ayúdame" "Mujer amante" y "La leyenda del hada y el mago", con Walter Giardino inspiradísimo (tocó, golpeó, pateó, frotó y lanzó su guitarra para hacerla sonar) y la voz de Adrián Barilari intacta como hace 20 años.

Antes de ellos, La Mancha de Rolando ya había encendido la mecha roncarolera, a caballo de sus mega hits "Calavera" y "Arde la cuidad", refrendando que el ascenso de su popularidad bien vale un lugar expectante en las noches del San Roque (el año pasado era de día cuando tocaron).

Y La 25, una de las bandas más festivaleras y con asistencia perfecta a las cuatro últimas ediciones de Cosquín Rock, consiguió mantenerla con vida gracias a la receta que mejor aplican: "rocanrol" directo, aun cuando se permitan reemplazar el bajo por un contrabajo y tener una muy buena sección de vientos.

Ellos alisaron el terreno para Las Pelotas.
En definitiva, la fiesta comenzó de una vez en San Roque y, a pesar de lo que algunos presagiaban, parece no tener fin.




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