10 Febrero 2007 Seguir en 
“Es una mujer muy seria; parecía normal”, señaló el empleado de un video club ubicado en la esquina de Balcarce y San Juan, al frente de la casa en donde María del Valle Dip vivía con sus dos hijos, Exequiel Naigeboren, de 27 años, y Gerardo Naigeboren, de 23, en Balcarce 399. “Posee un lindo físico; no aparenta la edad que tenía”, señaló el empleado, que prefirió no dar a conocer su nombre.
“Ella y sus hijos siempre alquilaban películas, por lo menos dos veces a la semana”, aseguró el empleado, que prefirió reservar su identidad. “Gerardo, el hijo menor, siempre venía solo, nunca con amigos”, añadió. “El mayor, Exequiel, que preparaba alumnos, venía a veces con la novia”, dijo el empleado.
“Es gente muy introvertida; la casa siempre estaba cerrada”, comentó Santiago.
“Hace más de 20 años que vivo en esta casa y esa mujer jamás tuvo trato alguno con ningún vecino”, dijo Rosa, que vive por calle San Juan, al lado de la casa de María Dip. “Su esposo era mucho más sociable, pero murió hace como 15 años”, agregó la mujer.
Vanesa Robles, de 20 años, es la moza de un bar ubicado en frente de la farmacia. Todas las tardes, le llevaba un café. “Siempre fue muy amable conmigo. Me recetaba pastillas y remedios, siempre me aconsejaba”, dijo la joven.
“Es una persona preparada, de muy buena familia y con buen trato”, señaló una mujer que prefirió reservar su identidad. “Conozco a su hermano, una excelente persona que presta ayuda en la iglesia San Roque”, agregó la señora.
Negocio que decayó
A tres cuadras de allí, un docente universitario, que vive en las adyacencias de la farmacia San José (ubicada en avenida Avellaneda y Honduras), aún no se recuperó de lo que sucedió. “La mujer es muy parca y reservada. Apenas si nos saludaba”, explicó. El hombre fue amigo de la infancia de Hugo Naigeboren, el esposo de la médica.
El vecino aclaró que el comercio tiene más de 40 años y pertenecía al esposo de la acusada. “Desde que Hugo murió, la farmacia fue decayendo. Ahora se la ve sombría. Parece que ella tenía poco interés en hacer florecer el negocio”, aseguró el profesor.
“De ninguna manera creo que el crimen se debió a motivos económicos. Creo que fue por otro tema, pero no me animo a opinar de lo que no conozco, más allá de lo que pueda pensar”, agregó.
“De mirada triste”
Una mujer, ex compañera de la sospechosa en la secundaria y que vive a una cuadra del lugar donde se cometió el crimen, fue tajante: “no me entra en la cabeza que haya cometido un crimen tan horrendo. Es una chica brillante”.
“Hace 17 años que vivo aquí; desde entonces soy clienta de ella. Todas las semanas me mandaba los remedios que necesito por mi enfermedad; es muy generosa”, aseguró la señora, que describió a la médica como una mujer muy seria y recta.
“Es impecable y de muy pocas palabras. Su mirada es triste y tiene ojeras muy pronunciadas”, dijo la señora.
“De su vida personal nunca me decía nada; sólo de sus hijos”, añadió la mujer. “Nunca la vi con hombres. Siempre me hablaba de una amiga, pero no sé quién era, y ahora me doy cuenta de que era la contadora”, concluyó.
1- María del Valle Dip: La principal sospechosa del crimen tiene 53 años y es médica. Todavía no declaró en la causa.
2- Liliana del Valle Cruz: La víctima tenía 52 años y trabajaba en el Colegio de Farmacéuticos. Era el sostén de su familia.
3- Exequiel Naigeboren: Psicólogo, de 26 años. El alertó a la Policía de lo que había ocurrido en la farmacia.
4- Gerardo Naigeboren: Estudiante universitario de 23 años. Según los investigadores, él descubrió el crimen.
“Ella y sus hijos siempre alquilaban películas, por lo menos dos veces a la semana”, aseguró el empleado, que prefirió reservar su identidad. “Gerardo, el hijo menor, siempre venía solo, nunca con amigos”, añadió. “El mayor, Exequiel, que preparaba alumnos, venía a veces con la novia”, dijo el empleado.
“Es gente muy introvertida; la casa siempre estaba cerrada”, comentó Santiago.
“Hace más de 20 años que vivo en esta casa y esa mujer jamás tuvo trato alguno con ningún vecino”, dijo Rosa, que vive por calle San Juan, al lado de la casa de María Dip. “Su esposo era mucho más sociable, pero murió hace como 15 años”, agregó la mujer.
Vanesa Robles, de 20 años, es la moza de un bar ubicado en frente de la farmacia. Todas las tardes, le llevaba un café. “Siempre fue muy amable conmigo. Me recetaba pastillas y remedios, siempre me aconsejaba”, dijo la joven.
“Es una persona preparada, de muy buena familia y con buen trato”, señaló una mujer que prefirió reservar su identidad. “Conozco a su hermano, una excelente persona que presta ayuda en la iglesia San Roque”, agregó la señora.
Negocio que decayó
A tres cuadras de allí, un docente universitario, que vive en las adyacencias de la farmacia San José (ubicada en avenida Avellaneda y Honduras), aún no se recuperó de lo que sucedió. “La mujer es muy parca y reservada. Apenas si nos saludaba”, explicó. El hombre fue amigo de la infancia de Hugo Naigeboren, el esposo de la médica.
El vecino aclaró que el comercio tiene más de 40 años y pertenecía al esposo de la acusada. “Desde que Hugo murió, la farmacia fue decayendo. Ahora se la ve sombría. Parece que ella tenía poco interés en hacer florecer el negocio”, aseguró el profesor.
“De ninguna manera creo que el crimen se debió a motivos económicos. Creo que fue por otro tema, pero no me animo a opinar de lo que no conozco, más allá de lo que pueda pensar”, agregó.
“De mirada triste”
Una mujer, ex compañera de la sospechosa en la secundaria y que vive a una cuadra del lugar donde se cometió el crimen, fue tajante: “no me entra en la cabeza que haya cometido un crimen tan horrendo. Es una chica brillante”.
“Hace 17 años que vivo aquí; desde entonces soy clienta de ella. Todas las semanas me mandaba los remedios que necesito por mi enfermedad; es muy generosa”, aseguró la señora, que describió a la médica como una mujer muy seria y recta.
“Es impecable y de muy pocas palabras. Su mirada es triste y tiene ojeras muy pronunciadas”, dijo la señora.
“De su vida personal nunca me decía nada; sólo de sus hijos”, añadió la mujer. “Nunca la vi con hombres. Siempre me hablaba de una amiga, pero no sé quién era, y ahora me doy cuenta de que era la contadora”, concluyó.
Los protagonistas de la historia
1- María del Valle Dip: La principal sospechosa del crimen tiene 53 años y es médica. Todavía no declaró en la causa.
2- Liliana del Valle Cruz: La víctima tenía 52 años y trabajaba en el Colegio de Farmacéuticos. Era el sostén de su familia.
3- Exequiel Naigeboren: Psicólogo, de 26 años. El alertó a la Policía de lo que había ocurrido en la farmacia.
4- Gerardo Naigeboren: Estudiante universitario de 23 años. Según los investigadores, él descubrió el crimen.












