10 Febrero 2007 Seguir en 
“Mirá, Liliana se cortó el cuello”. Esa fueron las palabras que María del Valle Dip le habría dicho a su hijo Gerardo Naigeboren cuando le mostró el cuerpo de la contadora. Desde ese preciso momento, los integrantes de la familia -de clase media- comenzaron a vivir una pesadilla.
Gerardo, de 23 años, y su hermano Exequiel Naigeboren, según relataron los investigadores, lloraron durante horas después de haber descubierto lo que había ocurrido. El cuadro fue tan desgarrador que, por pedido de sus familiares, fueron medicados con sedantes el jueves por la noche.
La principal sospechosa, en cambio, no habría dormido en toda la noche. “Lo único que hacía era pensar en sus hijos. Después les contó a las mujeres y a los hombres que la custodiaban los detalles del crimen que había cometido”, indicó un pesquisa.
Sin contactos
A los aprehendidos, por disposición del fiscal Alejandro Noguera, se les impidió tener contacto hasta que prestaran declaración. Pasaron la noche en calabozos diferentes. Lo mismo ocurrió cuando fueron trasladados hasta Tribunales.
Un guardia de la Alcaidía reconoció que los tres se mostraron muy nerviosos cuando se acercaba el momento de declarar ante el fiscal. “La mujer era la que peor estaba. Incluso, cuando iba a entrar a la oficina, tuvo una baja de presión y casi se desmaya. Por suerte, las guardias se dieron cuenta y la sostuvieron”, explicaron.
Por mandato de Noguera, el psicólogo que está designado en su fiscalía se puso a disposición de los detenidos para brindar apoyo psicológico.
“Ninguno lo requirió; por eso, el profesional no actuó”, explicó un vocero de Tribunales.
Muestras de apoyo
Desde muy temprano, amigos y familiares de los dos jóvenes aprehendidos se concentraron en los pasillos del ex Comando para apoyarlos. “¡Fuerza, Tío!”. “¡Tus amigos están con vos, no te vamos a abandonar!” fueron algunos de los gritos que dieron cuando Gerardo y Exequiel ingresaban a la fiscalía.
“No vamos a hacer declaraciones del caso porque no sabemos qué fue lo que realmente ocurrió. Sólo podemos decir que ambos son excelentes chicos que se están comiendo un garrón”, expresó uno de los jóvenes que estuvo en Tribunales y que prefirió no identificarse.
Los hermanos Naigeboren continuarán detenidos en los calabozos de la Dirección General de Investigaciones, mientras que la acusada será alojada en la Comisaría de la Mujer.
Gerardo, de 23 años, y su hermano Exequiel Naigeboren, según relataron los investigadores, lloraron durante horas después de haber descubierto lo que había ocurrido. El cuadro fue tan desgarrador que, por pedido de sus familiares, fueron medicados con sedantes el jueves por la noche.
La principal sospechosa, en cambio, no habría dormido en toda la noche. “Lo único que hacía era pensar en sus hijos. Después les contó a las mujeres y a los hombres que la custodiaban los detalles del crimen que había cometido”, indicó un pesquisa.
Sin contactos
A los aprehendidos, por disposición del fiscal Alejandro Noguera, se les impidió tener contacto hasta que prestaran declaración. Pasaron la noche en calabozos diferentes. Lo mismo ocurrió cuando fueron trasladados hasta Tribunales.
Un guardia de la Alcaidía reconoció que los tres se mostraron muy nerviosos cuando se acercaba el momento de declarar ante el fiscal. “La mujer era la que peor estaba. Incluso, cuando iba a entrar a la oficina, tuvo una baja de presión y casi se desmaya. Por suerte, las guardias se dieron cuenta y la sostuvieron”, explicaron.
Por mandato de Noguera, el psicólogo que está designado en su fiscalía se puso a disposición de los detenidos para brindar apoyo psicológico.
“Ninguno lo requirió; por eso, el profesional no actuó”, explicó un vocero de Tribunales.
Muestras de apoyo
Desde muy temprano, amigos y familiares de los dos jóvenes aprehendidos se concentraron en los pasillos del ex Comando para apoyarlos. “¡Fuerza, Tío!”. “¡Tus amigos están con vos, no te vamos a abandonar!” fueron algunos de los gritos que dieron cuando Gerardo y Exequiel ingresaban a la fiscalía.
“No vamos a hacer declaraciones del caso porque no sabemos qué fue lo que realmente ocurrió. Sólo podemos decir que ambos son excelentes chicos que se están comiendo un garrón”, expresó uno de los jóvenes que estuvo en Tribunales y que prefirió no identificarse.
Los hermanos Naigeboren continuarán detenidos en los calabozos de la Dirección General de Investigaciones, mientras que la acusada será alojada en la Comisaría de la Mujer.











