09 Febrero 2007 Seguir en 
La investigación que se inició en las primeras horas del miércoles para intentar encontrar a Liliana del Valle Cruz, que desapareció el martes y fue hallada muerta ayer, fue un desafío para los pesquisas.
El primer escollo que encontraron fue la actitud de la familia de la contadora, quienes se negaron a aportar datos que eran considerados cruciales para el esclarecimiento del caso. Y, además, pocas personas del entorno de Cruz accedieron a hablar con los investigadores.
Por otro lado, de acuerdo con los primeros datos obtenidos, la contadora habría sido vista por última vez el martes en la Estación Central de ómnibus cuando, según los dichos de empleados de seguridad, Cruz habría dejado abandonado su auto en un lugar donde estaba prohibido estacionar. Pero los encargados de la seguridad de la terminal avisaron a la Policía sobre la extraña actitud de la mujer ocho horas después de haberla visto abandonar el vehículo, a la 0.30 del miércoles.
Además, ni en las plataformas ni en las ventanillas de las empresas ni en el supermercado de la Estación Terminal hay cámaras como para registrar imágenes de lo ocurrido.
Para colmo, los empleados de la Terminal habrían desplazado el auto hacia otra zona de la playa de estacionamiento en la que sí estaba permitido estacionar modificando, de esa manera, la escena de la investigación.
Orden de allanamiento
Otro punto que complicó el accionar de los pesquisas fue que ayer Verónica López Cisneros, la secretaria del fiscal Alejandro Noguera, que investiga el caso, concurrió al domicilio de la contadora, en Guatemala 18, para hacer una inspección ocular, y los familiares de Cruz le impidieron el ingreso.
A causa de esto, Noguera decidió solicitar una orden de allanamiento en la vivienda al juez Alfonso Zóttoli (secretaría de Diego López Avila). Pero el texto quedó inconcluso. Es que mientras lo redactaba, le avisaron que se había encontrado el cadáver descuartizado de la contadora en una farmacia de avenida Avellaneda y Honduras.
Llamadas
Los investigadores, encabezados por el comisario Manuel Herrera, el oficial Víctor Barraza, que fueron supervisados por los comisarios Julio López y Hugo Sánchez, también descubrieron que pedir un cruce de llamadas telefónicas era prácticamente inútil. Según pudieron determinar, la contadora prácticamente no sabía manejar el celular y lo usaba sólo para recibir llamadas.
Ambas fueron buscadas con desesperación. La diferencia es que a una la hallaron tres días después de su desaparición, con el peor resultado posible. La otra lleva ocho meses perdida, pero sus familiares no abandonan la esperanza de encontrarla con vida.
Tanto en el caso de Liliana del Valle Cruz como en el de Angela Beatriz Argañaraz, las acusadas son mujeres. En ambos casos, la pista más firme para llegar hasta ellas surgió tres días después de la desaparición. Un mensaje de texto puso a la Policía tras los pasos de Nélida Fernández y de Susana Acosta, las dos ex novicias que hoy están presas y acusadas de haber matado a Betty. Pero no se las detuvo hasta que una pericia médica mostró marcas en el cuerpo de las dos mujeres compatibles con signos de lucha. En el caso de Cruz, un hijo de la detenida María del Valle Dip, alertó acerca de que algo raro pasaba en la farmacia de su madre. En ambos casos, las acusadas habrían mentido acerca de las circunstancias en las que vieron a las víctimas por última vez, y habrían intentado desviar la investigación dando pistas falsas a la Policía. La diferencia está en que ni Acosta ni Fernández rompieron su pacto de silencio, y sostienen que son inocentes. El método del descuartizamiento, con el que, según la Policía, Dip trató de deshacerse del cuerpo de la contadora sería el mismo que, según la Justicia, usaron Acosta y Fernández en el crimen de Betty. La diferencia, salta a la vista, es que en el caso de Liliana Cruz a no hay dudas sobre cómo murió, aunque aún quede por confirmar quién fue el autor del horrible crimen.
En 2004 hubo otro caso de descuartizamiento. El 16 de enero de ese año desapareció Margarita del Valle Pereyra. Su cuerpo fue hallado, seccionado en 10 partes, en Lules. Por eso fue detenido el yerno, Mario "Lobo" Estequín, que trabajaba en la morgue de la Facultad de Medicina de la UNT. La habría atacado por considerarla culpable de que su pareja lo había dejado. Luego de pasar más de dos años en el penal de Villa Urquiza sin ser juzgado, le concedieron el cese de prisión. Julio, padre del "Lobo", pagó una fianza de $ 10.000. El acusado espera, en libertad, el juicio oral.
El método de dar pistas falsas para desviar la atención fue usado por el pintor Juan Alberto Scarone, quien mató a su suegra, Rosa Díaz de Alvarado, el 2 de mayo de 1991. El primer día se había hallado ropa, una cartera y zapatos de Doña Rosa en una calle de Yerba Buena. A partir de allí, Scarone fue deslizando pistas falsas a los policías, que la buscaron por doquier, hasta que desconfiaron del pintor. Dos semanas después, hallaron el cuerpo de Doña Rosa en el fondo de su casa de San Antonio del Bajo, de la Banda del Río Salí. Había dos cadáveres enterrados con ella.
El primer escollo que encontraron fue la actitud de la familia de la contadora, quienes se negaron a aportar datos que eran considerados cruciales para el esclarecimiento del caso. Y, además, pocas personas del entorno de Cruz accedieron a hablar con los investigadores.
Por otro lado, de acuerdo con los primeros datos obtenidos, la contadora habría sido vista por última vez el martes en la Estación Central de ómnibus cuando, según los dichos de empleados de seguridad, Cruz habría dejado abandonado su auto en un lugar donde estaba prohibido estacionar. Pero los encargados de la seguridad de la terminal avisaron a la Policía sobre la extraña actitud de la mujer ocho horas después de haberla visto abandonar el vehículo, a la 0.30 del miércoles.
Además, ni en las plataformas ni en las ventanillas de las empresas ni en el supermercado de la Estación Terminal hay cámaras como para registrar imágenes de lo ocurrido.
Para colmo, los empleados de la Terminal habrían desplazado el auto hacia otra zona de la playa de estacionamiento en la que sí estaba permitido estacionar modificando, de esa manera, la escena de la investigación.
Orden de allanamiento
Otro punto que complicó el accionar de los pesquisas fue que ayer Verónica López Cisneros, la secretaria del fiscal Alejandro Noguera, que investiga el caso, concurrió al domicilio de la contadora, en Guatemala 18, para hacer una inspección ocular, y los familiares de Cruz le impidieron el ingreso.
A causa de esto, Noguera decidió solicitar una orden de allanamiento en la vivienda al juez Alfonso Zóttoli (secretaría de Diego López Avila). Pero el texto quedó inconcluso. Es que mientras lo redactaba, le avisaron que se había encontrado el cadáver descuartizado de la contadora en una farmacia de avenida Avellaneda y Honduras.
Llamadas
Los investigadores, encabezados por el comisario Manuel Herrera, el oficial Víctor Barraza, que fueron supervisados por los comisarios Julio López y Hugo Sánchez, también descubrieron que pedir un cruce de llamadas telefónicas era prácticamente inútil. Según pudieron determinar, la contadora prácticamente no sabía manejar el celular y lo usaba sólo para recibir llamadas.
Similitudes y diferencias con el caso Betty
Ambas fueron buscadas con desesperación. La diferencia es que a una la hallaron tres días después de su desaparición, con el peor resultado posible. La otra lleva ocho meses perdida, pero sus familiares no abandonan la esperanza de encontrarla con vida.
Tanto en el caso de Liliana del Valle Cruz como en el de Angela Beatriz Argañaraz, las acusadas son mujeres. En ambos casos, la pista más firme para llegar hasta ellas surgió tres días después de la desaparición. Un mensaje de texto puso a la Policía tras los pasos de Nélida Fernández y de Susana Acosta, las dos ex novicias que hoy están presas y acusadas de haber matado a Betty. Pero no se las detuvo hasta que una pericia médica mostró marcas en el cuerpo de las dos mujeres compatibles con signos de lucha. En el caso de Cruz, un hijo de la detenida María del Valle Dip, alertó acerca de que algo raro pasaba en la farmacia de su madre. En ambos casos, las acusadas habrían mentido acerca de las circunstancias en las que vieron a las víctimas por última vez, y habrían intentado desviar la investigación dando pistas falsas a la Policía. La diferencia está en que ni Acosta ni Fernández rompieron su pacto de silencio, y sostienen que son inocentes. El método del descuartizamiento, con el que, según la Policía, Dip trató de deshacerse del cuerpo de la contadora sería el mismo que, según la Justicia, usaron Acosta y Fernández en el crimen de Betty. La diferencia, salta a la vista, es que en el caso de Liliana Cruz a no hay dudas sobre cómo murió, aunque aún quede por confirmar quién fue el autor del horrible crimen.
Acusado de matar a su suegra
En 2004 hubo otro caso de descuartizamiento. El 16 de enero de ese año desapareció Margarita del Valle Pereyra. Su cuerpo fue hallado, seccionado en 10 partes, en Lules. Por eso fue detenido el yerno, Mario "Lobo" Estequín, que trabajaba en la morgue de la Facultad de Medicina de la UNT. La habría atacado por considerarla culpable de que su pareja lo había dejado. Luego de pasar más de dos años en el penal de Villa Urquiza sin ser juzgado, le concedieron el cese de prisión. Julio, padre del "Lobo", pagó una fianza de $ 10.000. El acusado espera, en libertad, el juicio oral.
Scarone, el artista asesino
El método de dar pistas falsas para desviar la atención fue usado por el pintor Juan Alberto Scarone, quien mató a su suegra, Rosa Díaz de Alvarado, el 2 de mayo de 1991. El primer día se había hallado ropa, una cartera y zapatos de Doña Rosa en una calle de Yerba Buena. A partir de allí, Scarone fue deslizando pistas falsas a los policías, que la buscaron por doquier, hasta que desconfiaron del pintor. Dos semanas después, hallaron el cuerpo de Doña Rosa en el fondo de su casa de San Antonio del Bajo, de la Banda del Río Salí. Había dos cadáveres enterrados con ella.










