03 Octubre 2002 Seguir en 
Parece descontarse el triunfo de Lula en Brasil, y ello ha generado simultáneamente entusiasmo en algunos sectores y desconfianza, escepticismo y no pocas dudas, en otros. Como todo proceso político que pueda implicar cambios en América Latina, hay algo de exageración en los análisis y en la ponderación de los efectos, positivos y negativos, que el ascenso de Lula al poder pueda provocar en Brasil y en el Mercosur, en su conjunto. Se señala que Lula no es el mismo de antes, que su pensamiento ha evolucionado y que el campo de sus interrelaciones políticas se ha ampliado. Ello es cierto y comprobable.
Pero no sólo Lula ha cambiado; también lo ha hecho el PT que ha alcanzado una sólida experiencia en la administración pública merced al ejercicio del gobierno de no pocos estados y municipios de Brasil. Hoy, el PT ya es parte de la estructura gubernamental de Brasil; el ejercicio del poder no le es extraño. Lula puede ser atacado por sus rivales por sus ideas pero nadie duda de su honestidad y genuina vocación política. Ello, en América Latina, es un elemento altamente positivo.
Muchas ideas políticas en Lula pueden generar inquietud en sectores conservadores pero, paradójicamente, no tanta en los grandes sectores empresarios de Brasil. Ellos saben que tienen un poder propio y una capacidad de interacción con los gobiernos que no puede ser ignorada a la hora de tomar decisiones en el campo económico. Esta relación con el sector empresarial (en especial de San Pablo, que bien conoce Lula) es una fuente de moderación a las ideas más exóticas que se le puedan ocurrir al nuevo gobierno.
Pero el sector empresarial no es el único contrapeso que tendrá el nuevo presidente. El Congreso y los Estados son interlocutores que tampoco podrán ser ignorados. El gran desafío de Lula es la necesidad de estabilizar la economía, que registra problemas estructurales serios, y generar una razonable credibilidad en los mercados, más que el cumplimiento de sus promesas electorales.
Con Lula se mantendrán las políticas pro Mercosur y las relaciones con Argentina seguirán en el nivel de una sólida alianza estratégica, más allá de algunos chisporroteos ocasionales. Pero el fortalecimiento del Mercosur dependerá de la consolidación de la economía de Brasil y de la superación de los aspectos más negativos de la crisis argentina.
Tucumán recibirá los efectos de este proceso tal como ellos resulten, sin ninguna participación local. Tucumán carece de una política propia para el Mercosur y Brasil, y así nos va. Por Jorge José Torres, Magister en Relaciones Internacionales- Titular del IDELA (UNT). Exclusivo para LA GACETA.
Pero no sólo Lula ha cambiado; también lo ha hecho el PT que ha alcanzado una sólida experiencia en la administración pública merced al ejercicio del gobierno de no pocos estados y municipios de Brasil. Hoy, el PT ya es parte de la estructura gubernamental de Brasil; el ejercicio del poder no le es extraño. Lula puede ser atacado por sus rivales por sus ideas pero nadie duda de su honestidad y genuina vocación política. Ello, en América Latina, es un elemento altamente positivo.
Muchas ideas políticas en Lula pueden generar inquietud en sectores conservadores pero, paradójicamente, no tanta en los grandes sectores empresarios de Brasil. Ellos saben que tienen un poder propio y una capacidad de interacción con los gobiernos que no puede ser ignorada a la hora de tomar decisiones en el campo económico. Esta relación con el sector empresarial (en especial de San Pablo, que bien conoce Lula) es una fuente de moderación a las ideas más exóticas que se le puedan ocurrir al nuevo gobierno.
Pero el sector empresarial no es el único contrapeso que tendrá el nuevo presidente. El Congreso y los Estados son interlocutores que tampoco podrán ser ignorados. El gran desafío de Lula es la necesidad de estabilizar la economía, que registra problemas estructurales serios, y generar una razonable credibilidad en los mercados, más que el cumplimiento de sus promesas electorales.
Con Lula se mantendrán las políticas pro Mercosur y las relaciones con Argentina seguirán en el nivel de una sólida alianza estratégica, más allá de algunos chisporroteos ocasionales. Pero el fortalecimiento del Mercosur dependerá de la consolidación de la economía de Brasil y de la superación de los aspectos más negativos de la crisis argentina.
Tucumán recibirá los efectos de este proceso tal como ellos resulten, sin ninguna participación local. Tucumán carece de una política propia para el Mercosur y Brasil, y así nos va. Por Jorge José Torres, Magister en Relaciones Internacionales- Titular del IDELA (UNT). Exclusivo para LA GACETA.







