La triple alianza federal

En la Cámara de Apelaciones se advierten las diferencias entre el sector que integran Mender, Fernández Vecino y Wayar, y los otros dos vocales. Capítulos de una disputa. Por Federico Abel - Redacción LA GACETA.

20 Diciembre 2006
Los zarandeos que experimentaron (y aún experimentan) el destituido juez federal Felipe Terán y el magistrado Jorge Parache, cuya situación institucional por momentos parece ser más precaria que la de Irak, silencian la fractura que agrieta a la Cámara Federal de Apelaciones. Hay vocales que ni se saludan protocolarmente cuando se encuentran en el estacionamiento en el subsuelo del palacio de Las Piedras al 400. ¡Y ni qué hablar de que vayan a preguntarse la hora siquiera! El disparador es el escándalo -sin precedentes- desatado por supuestas irregularidades en causas vinculadas a títulos de la deuda pública, que ya expulsó del cargo a Terán y que acecha a Parache. Se trata de un problema que, cual enredadera, enmaraña todo el edificio, desde la planta baja hasta el quinto piso.
Aunque no en el sentido peyorativo que tuvo durante la época de la Corte Suprema de Justicia de la Nación de los 90, dócil al menemismo, en la Cámara funciona una mayoría automática -o troika- compuesta por Raúl David Mender (presidente), Graciela Fernández Vecino y Ernesto Wayar, que ve como una bendición el proceso de depuración en marcha, que se aceleró con la caída de Terán. La fecha del bautismo (público) de esta triple alianza puede cifrarse el 12 de mayo, cuando el cuerpo respondió el informe que había solicitado la comisión de Acusación del Consejo de la Magistratura. Fueron dos filosas carillas que, en ese momento, empujaron al abismo a Terán.
Terán sostenía la tesis -luego retomada por Parache- de que la Cámara Federal, al haber declarado desiertos los recursos de apelación planteados por los abogados del Estado nacional, había convalidado las medidas cautelares dispuestas en primera instancia en unos ocho expedientes, que ordenaban al fisco que se abstuviera de pesificar los bonos. Pero en ese informe, la troika advirtió con determinación que, antes de dictar la resolución precautoria, correspondía verificar si los títulos habían sido adquiridos con anterioridad a la declaración de default (cesación de pagos), de diciembre de 2001. Y hasta con audacia, los tres –con sus nombres y apellidos bien escritos- anticipaban que en dos causas en trámite (“Montejano” y “Scaravilli López”) ya habían votado en ese sentido. Precisamente, en esto se basarán principalmente los defensores de algunos de los imputados en la causa “Borquez” para recusar al trío federal por supuesto prejuzgamiento, teniendo en cuenta que la Cámara tendrá que resolver si confirma o revoca los seis procesamientos ordenados por el juez subrogante Mario Racedo (reemplaza a Terán). Pero en ese momento, el trío les estaba enviando el siguiente interrogante a los otros dos vocales (Ricardo Sanjuán y Marina Cossio): “nosotros ya juzgamos, ¿ustedes cómo lo harán?”.

Tres resoluciones, tres
Como lo había anticipado, el 24 de agosto, el terceto logró que fueran revocadas tres cautelares establecidas en primera instancia: dos correspondían a Terán (“Floreal Fernández” y “Labranoa S.A.”) y una a Parache (“Scaravilli López”). En las resoluciones, hay dos datos curiosos. El primero es que Mender estampó su firma, pese a que, hasta entonces, en los expedientes vinculados a títulos públicos se había excusado (también había intervenido en “Montejano”, el 15 de junio, y en “Díaz”, el 20 de julio). Era su forma de decir dónde estaba parado. La segunda es que, frente a aquella pregunta del párrafo anterior, los vocales de la minoría contestaron tácitamente que no apoyaban a sus pares, pero que tampoco estaban dispuestos a enfrentarlos -salvo con el silencio, claro- elaborando un meduloso voto en disidencia. La prueba es que al final de las sentencias puede leerse esta curiosa inscripción del secretario de la Cámara, Agustín Repetto: “se deja constancia de que los señores jueces Sanjuán y Cossio de Mercau no suscriben la presente por no encontrarse en sus despachos”. ¿Y dónde estaban? ¿En otro piso del edificio? ¿En el ascensor?

Un choquecito más
El martes 5 hubo otra batalla soterrada, que no trascendió. Ese día debían elegirse las autoridades de la Cámara para 2007. Teniendo en cuenta que, según una tradición no escrita, la presidencia era rotativa y como ya todos los vocales lo habían sido, correspondía que empezara a girar nuevamente la rueda con Sanjuán a la cabeza, pero Fernández Vecino (con una frialdad siberiana, ironizaría Mender) propició la reelección de Mender. Sin el apoyo de Cossio de Mercau (obligada a reiteradas licencias), Sanjuán quedó abandonado a su soledad, algo inédito en el cuerpo en el que supo reinar; sólo tuvo fuerzas para abstenerse frente al compacto número tres de la mayoría automática. Al otro día, cada vocal también seleccionó cuidadosamente a sus conjueces sabiendo que habrá una cadena de recusaciones en las causas clave.
El mismo 5, el trío le había dado otro choquecito a Parache, que a estas alturas se mantiene, pero como lo hacen los tentempiés. Pocos advirtieron que la Cámara (léase la troika) aprobó la lista de diez nombres elevada por Racedo para conjueces del despacho número dos. Pero, en un hecho inédito, tachó dos de la nómina de Parache: a Miguel Mibelli (figuraba este año) y a María del Valle Aguirrebengoa, esposa de Repetto. Otra vez, Sanjuán habría quedado soliloquiando.



















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