La Copa no se gana el sábado, pero…se puede perder. La frase que ayer dejé antes de los puntos suspensivos tenía el final abierto. Y tuve que cerrarla de la forma menos deseada. La derrota en el dobles era una posibilidad. Pero perderlo así, 6-2, 6-3 y 6-4, fue una sorpresa importante e incómoda. Está escrito que ni Rusia ni Argentina podían caer en este partido. Está escrito, también, que ningún argentino cuerdo imagina derrotado a Safin en el quinto punto. Así las cosas, si no se rompe la lógica, Rusia será el campeón (su único título lo ganó en 2002) y habrá conseguido buena parte de la Copa en este sábado extraño. Muy extraño.
Nalbandian estuvo lejos del nivel del mágico viernes contra Safin. No sintió la pelota, no leyó los servicios rivales, no encontró devoluciones y falló voleas sencillas. Calleri, algo mejor pero lejos del tipo arrollador de otras veces, fue testigo cercano del día falso del líder argentino. Nunca antes David tuvo un partido de Davis tan vacío como ayer. Los que estuvieron llenos fueron Safin y Tursunov: llenos de aces, de saques ganadores, de voleas de trámite ante pelotas vendidas, de caudal anímico y convicción ganadora para no entregar ni la mínima oportunidad a los nuestros. Viendo la determinación con que jugaron cuesta creer que, como dijo la estrella rusa, hayan entrado sabiendo que perdían. No fue así.
Ayer Safin fue el líder que Rusia puso en la cancha y no necesitó en el desarrollo. Tursunov aprobó un examen con profesores poco exigentes: su nota fue bastante más allá de un 7, en su primera alegría en un doble copero. Tan contundente fue el triunfo que algunos creen que la onda expansiva barrerá con Davydenko para que sea Tursunov el rival de Nalbandian en el primer turno de hoy. David tendrá que mejorar mucho. Con bastante menos que su nivel del viernes le alcanzará para empatar a dos. Ningún ruso que no sea Safín representa exigencia máxima si él juega lo que puede. Esa victoria es imprescindible. Si se da, además de morirnos de nervios, Acasuso es el hombre de Mancini para el quinto punto. ¿Puede ser Chela? No. ¿Calleri? Algo fuerte tiene que pasar para que “Luli” cambie cordobés por misionero. Si se da la lógica, quien casi se muere de tristeza por quedarse fuera de los partidos de viernes y sábado, puede enfrentar el juego más importante de su carrera. Es difícil, claro, pero no sería la primera película con principio triste y final feliz.