26 Noviembre 2006 Seguir en 
Ecuador se ha convertido en un escenario de definiciones latinoamericanas. Una semana antes de las elecciones venezolanas que, de acuerdo con todos los pronósticos, proclamarán nuevamente a Chávez, dos modelos antagónicos de inserción internacional se enfrentarán hoy en el más inestable de los países andinos: el nacionalista Rafael Correa promete tomar distancia de Washington y cambiar el modelo económico, mientras que el conservador popular Alvaro Noboa va hacia la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con EEUU.
Como si se tratara de fútbol, hay quienes ven los comicios ecuatorianos como la definición por penales de un partido ideológico regional en el año electoral más intenso de la década. Además de las elecciones de Michelle Bachelet (Chile) y Oscar Arias (Costa Rica) en enero y febrero respectivamente; la reelección de Alvaro Uribe (Colombia), en mayo; las victorias de Alan García (Perú) y Felipe Calderón (México) en julio parecieran mostrar un giro moderado, particularmente en los dos países donde los candidatos “neopopulistas” -Humala y López Obrador- eran derrotados a pesar de las expectativas. Por el contrario, el triunfo del sandinista Ortega en Nicaragua, y los eventuales de Correa y Chávez en los próximos días, equipararían este retroceso de la ola neopopulista regional. Continuando con este enfoque, el caso de Brasil, aunque más difícil de encasillar, también parecería mas cerca del giro moderado que del populismo antinorteamericano.
Este análisis es un poco simplista, pero inevitable. Hasta aquí, deja la sensación de que al nacionalismo de inspiración chavista, en auge en el primer lustro del siglo, se le está pasando el cuarto de hora: el crecimiento económico y los cambios de gobierno moderaron las demandas populistas en la sociedad. Aunque, si gana Correa y Chávez arrasa el 3 de diciembre, esta imagen pierde algo de contundencia, haciendo lugar a una de mayor equilibrio.
Pero es en el plano de las relaciones económicas internacionales donde estas especulaciones algo vagas acerca de “ideologías” se vuelven más significativas. Si gana Noboa en Ecuador, el incipiente bloque del Pacífico Latinoamericano, conformado por el conjunto de países que ya han firmado TLC con EEUU, habrá completado un mapa geopolítico. Y la Comunidad Andina de Naciones (CAN) quedaría subsumida por este proyecto más ambicioso de comercio regional. Por el contrario, Correa promete resistirse al TLC, al proyecto del Pacífico y a lo que él denomina “el asesinato de la CAN” a manos de Perú y Colombia. Noboa quiere seguir los pasos de Chile, Colombia y Perú, países que ya están formando, junto con México, una virtual área de libre comercio subregional, a partir de una red de tratados bilaterales. Además de la buena relación con Washington, el objetivo político de esta red es la negociación conjunta de acuerdos con Europa (UE) y Asia-Pacífico (ASEAN), utilizando el modelo de convenios “interbloque”.
De ganar Correa, en cambio, se abrirá paso como un desafiante de la red del Pacífico, que de seguro no integrará. Correa y Morales, por un lado, y Uribe y García por el otro, con los asociados Bachelet y Chávez en las respectivas márgenes, configurarían una CAN simétricamente indefinida entre los dos modelos, que expresaría la realidad de una América Latina compleja y crecientemente heterogénea.
Es difícil predecir qué sucederá, a falta de encuestas contundentes. La polarización entre Noboa y Correa, que, en alguna medida, es un reflejo de la tensión del contexto internacional que se cierne sobre ellos, no es un buen antecedente en uno de los países más ingobernables de América del Sur. Sus antecesores no pudieron armar coaliciones de poder y fueron presa de los poderes fácticos: Abdalá Bucaram fue depuesto por los partidos políticos, Jamil Mahuad por los indigenistas y Lucio Gutiérrez por los quiteños. El dolarizador Noboa salió vencedor en primera vuelta y hoy cuenta con el apoyo de los principales -y debilitados- partidos políticos; ventajas que el devaluacionista Correa no tiene. Sin embargo, no ha mostrado aún cuál es su fórmula para lograr la gobernabilidad. (Especial para LA GACETA)
Como si se tratara de fútbol, hay quienes ven los comicios ecuatorianos como la definición por penales de un partido ideológico regional en el año electoral más intenso de la década. Además de las elecciones de Michelle Bachelet (Chile) y Oscar Arias (Costa Rica) en enero y febrero respectivamente; la reelección de Alvaro Uribe (Colombia), en mayo; las victorias de Alan García (Perú) y Felipe Calderón (México) en julio parecieran mostrar un giro moderado, particularmente en los dos países donde los candidatos “neopopulistas” -Humala y López Obrador- eran derrotados a pesar de las expectativas. Por el contrario, el triunfo del sandinista Ortega en Nicaragua, y los eventuales de Correa y Chávez en los próximos días, equipararían este retroceso de la ola neopopulista regional. Continuando con este enfoque, el caso de Brasil, aunque más difícil de encasillar, también parecería mas cerca del giro moderado que del populismo antinorteamericano.
Este análisis es un poco simplista, pero inevitable. Hasta aquí, deja la sensación de que al nacionalismo de inspiración chavista, en auge en el primer lustro del siglo, se le está pasando el cuarto de hora: el crecimiento económico y los cambios de gobierno moderaron las demandas populistas en la sociedad. Aunque, si gana Correa y Chávez arrasa el 3 de diciembre, esta imagen pierde algo de contundencia, haciendo lugar a una de mayor equilibrio.
Pero es en el plano de las relaciones económicas internacionales donde estas especulaciones algo vagas acerca de “ideologías” se vuelven más significativas. Si gana Noboa en Ecuador, el incipiente bloque del Pacífico Latinoamericano, conformado por el conjunto de países que ya han firmado TLC con EEUU, habrá completado un mapa geopolítico. Y la Comunidad Andina de Naciones (CAN) quedaría subsumida por este proyecto más ambicioso de comercio regional. Por el contrario, Correa promete resistirse al TLC, al proyecto del Pacífico y a lo que él denomina “el asesinato de la CAN” a manos de Perú y Colombia. Noboa quiere seguir los pasos de Chile, Colombia y Perú, países que ya están formando, junto con México, una virtual área de libre comercio subregional, a partir de una red de tratados bilaterales. Además de la buena relación con Washington, el objetivo político de esta red es la negociación conjunta de acuerdos con Europa (UE) y Asia-Pacífico (ASEAN), utilizando el modelo de convenios “interbloque”.
De ganar Correa, en cambio, se abrirá paso como un desafiante de la red del Pacífico, que de seguro no integrará. Correa y Morales, por un lado, y Uribe y García por el otro, con los asociados Bachelet y Chávez en las respectivas márgenes, configurarían una CAN simétricamente indefinida entre los dos modelos, que expresaría la realidad de una América Latina compleja y crecientemente heterogénea.
Es difícil predecir qué sucederá, a falta de encuestas contundentes. La polarización entre Noboa y Correa, que, en alguna medida, es un reflejo de la tensión del contexto internacional que se cierne sobre ellos, no es un buen antecedente en uno de los países más ingobernables de América del Sur. Sus antecesores no pudieron armar coaliciones de poder y fueron presa de los poderes fácticos: Abdalá Bucaram fue depuesto por los partidos políticos, Jamil Mahuad por los indigenistas y Lucio Gutiérrez por los quiteños. El dolarizador Noboa salió vencedor en primera vuelta y hoy cuenta con el apoyo de los principales -y debilitados- partidos políticos; ventajas que el devaluacionista Correa no tiene. Sin embargo, no ha mostrado aún cuál es su fórmula para lograr la gobernabilidad. (Especial para LA GACETA)








