La lección de los electores

Punto de vista II. Por Emilio J. Cárdenas - Analista y ex embajador argentino ante las Naciones Unidas.

12 Noviembre 2006
La dura derrota del Partido Republicano, al que pertenece el presidente George W. Bush, en las recientes elecciones intermedias norteamericanas no por esperada ha sido menos contundente. Como le ocurrió en 1994 a Bill Clinton, la administración republicana deberá gobernar -durante los próximos dos años- con el Congreso en manos de la oposición.
De una posición de monopolio en materia de decisiones George W. Bush pasará a la necesidad de vivir en estado de permanente negociación con la oposición: tendrá ahora límites, controles y contrapesos -lo que es, ciertamente, republicano- y deberá rendir cuentas de su andar.
La causa principal, pero no exclusiva, del amplio triunfo demócrata está en la disconformidad con el manejo de la invasión y de la posterior ocupación de Irak. De allí la inmediata renuncia del desprestigiado Donald Rumsfeld -como correspondía- al cargo de secretario de Defensa.

Otros factores
Pero hay ciertamente otros factores que contribuyeron también a la catástrofe republicana, como la notoria impericia en la reacción a la devastación sembrada por el huracán Katrina; o la corrupción de algunos líderes, como Tom DeLay, que debió abandonar precipitadamente su cargo de "líder" de la mayoría de la Cámara Baja; o las consecuencias de los abusos en Guantánamo; o el notorio exceso de gasto público; o la imagen de una Legislatura trasformada en casi un mero "sello de goma" del Poder Ejecutivo, con algunas pocas excepciones. La concentración de poder en torno del presidente trajo como consecuencia una imagen de arrogancia y una pérdida generalizada de confianza que había sido, desde hace rato, anticipada por las encuestas de opinión y, como no podía ser de otra manera, contribuyó al fracaso electoral.
Para Bush se cierra así una etapa y se abre otra, bien distinta y mucho más corta, en la que particularmente la visión de sus "halcones" en materia de política exterior deberá ser compatibilizada con la de un Congreso que, siendo seguramente moderado, será también particularmente celoso de sus atribuciones, lo que muy probablemente se hará sentir dado que la elección presidencial de 2008 se acerca raudamente.
Una vez más, pareciera que los ciudadanos del país del norte saben cómo corregir -desde las urnas- los rumbos cuando, de pronto, comienzan a preocuparles. Y es bueno que así sea. Como ocurrió también en nuestra provincia de Misiones, en su reciente manifestación en contra de la prepotencia, las cifras no dejaron margen alguno para las dudas.
Las correcciones y las decisiones necesarias deberán ser tomadas a través del diálogo abierto, del que ahora participarán todas las visiones del espectro político norteamericano. Como debiera ser siempre en una democracia, donde el eje es el del andar conjunto y donde las mayorías no deben nunca ignorar a las minorías. (Especial para LA GACETA)





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