Bush sintió el efecto del "síndrome de Irak"

El presidente de EEUU recibió una paliza en las elecciones legislativas del martes pasado y reconoció que la guerra fue el factor determinante en el traspié. Ahora promete cambios, mientras los demócratas avanzan y aspiran a ganar las presidenciales en 2008.

REUTER
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12 Noviembre 2006
La derrota supuso un verdadero trauma para Estados Unidos: 58.000 muertos, 300.000 heridos, centenares de miles de soldados con una severa adicción a las drogas y con serios problemas de adaptación a la vida civil, el orgullo de potencia lastimado. Lo que los historiadores denominaron "síndrome Vietnam" supuso -en el corto plazo- una gran renuencia a seguir interviniendo militarmente en el exterior por parte de la potencia norteamericana. Además, el propio presidente demócrata Lyndon Baines Johnson sufrió el efecto devastador de esa guerra en la que él había decidido intervenir luego de un incidente ocurrido en agosto de 1964, cuando dos destructores de EEUU que navegaban por el Golfo de Tonkín denunciaron haber sido atacados por vietnamitas. Ese mismo año, tras completar el mandato trunco de John Kennedy, había sido electo con el 61,1% de los votos. Pero la adhesión popular se diluyó menos de dos años después de comenzada la guerra.
A poco más de 30 años del fin de aquel conflicto bélico, otra guerra, con otros actores y aún inconclusa, golpeó el corazón de los Estados Unidos; más precisamente, a su presidente, George W. Bush. Las cifras (150.000 soldados combaten contra los insurgentes, y EEUU sufrió 2.800 bajas militares desde marzo de 2003) y el contexto son distintos, y todavía no se sabe quién ganará. Pero hay una variable que se repite: el conflicto precipitará cambios en el gobierno de la potencia mundial.
Las elecciones intermedias y legislativas del martes pasado dejaron eso en claro: Bush y el Partido Republicano perdieron el control de las dos cámaras del Congreso y la gobernación de varios Estados. Bush reconoció que la situación en Irak contribuyó significativamente a su derrota en las urnas. "Las elecciones traerán cambios a Washington", dijo ayer el presidente, en declaraciones que reprodujo la agencia de noticias Reuter. "Pero una cosa no ha cambiado: Estados Unidos se enfrenta a enemigos brutales que nos han atacado antes y quieren atacarnos otra vez", advirtió.

Contra el terrorismo
En su alocución radial semanal, el jefe de Estado reafirmó su determinación de luchar contra el terrorismo y dijo que Irak sigue siendo el frente central en esta guerra. Pero algo va cambiando en el discurso: esta vez dijo que está abierto a las ideas presentadas por los demócratas y por un grupo de expertos independientes que trabaja en nuevas propuestas para manejar el conflicto iraquí, gente con la que el presidente se reunirá mañana.
Bush también halagó a su ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld, que renunció un día después de las elecciones, consideradas un referéndum sobre la guerra en Irak -que el funcionario saliente planeó y ejecutó-, y describió a su reemplazante, el ex jefe de la CIA Robert Gates, como alguien que ha demostrado ser un agente de cambio. "Como secretario de Defensa proveerá una mirada fresca a nuestra estrategia en Irak y nos dirá lo que necesitamos hacer para vencer", añadió Bush.
El general Peter Pace, presidente del Estado Mayor Conjunto de EEUU, dijo que los mandos militares estadounidenses están haciendo su propia evaluación del curso en Irak, e hizo hincapié en los importantes cambios que han de advenir luego de la salida de Rumsfeld. Las cuestiones claves a las que se enfrenta el nuevo régimen en el Pentágono serán si se debe mandar más tropas al país árabe para reducir la violencia sectaria, y si se deben tomar acciones más agresivas contra las milicias chiítas, fuente de la mayoría de ataques.
Además del fracaso de Bush, esta elección produzco algunos hechos individualmente significativos: el categórico triunfo de Hillary Clinton en Nueva York, que la acerca a la próxima carrera presidencial; el regreso triunfal y reivindicatorio, curiosamente como candidato "independiente", del demócrata moderado Joe Liberman, en Connecticut, luego de haber sido derrotado allí en la interna de su propio partido; la llegada de una mujer, por primera vez en la historia, a la presidencia de la Cámara Baja norteamericana (otra notable "dama de hierro", la demócrata californiana Nancy Pelosi); la elección del primer gobernador negro del Estado de Massachussets, Deval Patrick; la reelección del republicano Arnold Schwarzenegger, en California, premiado por haber gobernado exitosamente, con un estilo contemporizador de gobierno diametralmente distinto del de Bush; y la llegada del primer legislador musulmán a una banca de la Cámara Baja, Keith Ellison. "Todo parece posible en una sociedad abierta y que demostró, otra vez, dispuesta a corregir el rumbo de su Nación cuando no está feliz con su gobierno", explica el experto y ex representante argentino ante la ONU Eduardo Cárdenas.
Sin embargo, los analistas advierten que no se vislumbran mayores cambios en la política exterior estadounidense respecto de América latina. Agregan que si Bush corrige el rumbo en los dos años que le quedan de mandato, los principales beneficiados serán los postulantes republicanos para las presidenciales de 2008, entre ellos, el senador y héroe de guerra John McCain. Del lado demócrata asoma el carisma de la senadora Clinton (reelecta con el 66% de los voto), quien aún se rehúsa a hablar de la posibilidad de presentarse a la presidencia.
"Las elecciones han terminado. Ha llegado el momento de un cambio", dijo el senador demócrata Harry Reid, de Nevada, que se convertirá en el líder de la mayoría en el Senado. "Ha llegado la hora del bipartidismo; ha llegado la hora de un gobierno abierto, de la transparencia, y ha llegado la hora de los resultados", agregó, como síntesis del impacto que tuvo el "síndrome Irak" en las elecciones estadounidenses.

La agenda exterior no prioriza a Latinoamérica

WASHINGTON.- El foco de la política exterior del nuevo Congreso demócrata en EEUU será en los próximos años la guerra en Irak, mientras que América Latina ocupará un espacio limitado en la agenda, dijeron analistas de EEUU. Aunque podrían aparecer cambios en el tono y en el estilo a la hora de manejar el trato con los vecinos, la postura general probablemente mantendrá la misma tendencia. "Irak debe absorber todo el oxígeno de la política exterior de EEUU.", dijo en un informe Michael Shifter, vicepresidente de política en el Diálogo Interamericano, un centro de investigación en Washington. El especialista agregó que sí podría haber cambio respecto de las firmas de tratados de libre comercio con países sudamericanos (como Perú o Colombia). "Los demócratas son más proteccionistas, y ahora ellos manejarán el Congreso", explicó. (Reuter)

El nuevo escenario político

51
bancas tienen los demócratas en el Senado, contra 49 de los republicanos.

229
escaños tienen los demócratas en Diputados, sobre un total de 435.

12
años pasaron para que el Partido Demócrata volviera a controlar el Congreso.




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