12 Noviembre 2006 Seguir en 
Dentro de los procesos electorales bianuales de los EEUU es posible detectar esporádicamente momentos que marcan un giro marcado con respecto a la situación preexistente. El martes se produjo uno de esos quiebres en los que la discontinuidad queda claramente marcada y perfila un cambio que se va a extender durante los próximos años. Desde 2000 las paridades entre las "dos Américas" (una conservadora y otra de tendencias más liberales, en el sentido sajón del término) eran sustanciales.
¿Qué votó EEUU el martes? Seguramente muchos temas locales, económicos, morales entre otros, cumplieron un importante rol en el proceso de la selección de diputados, senadores y gobernadores. Pero en las encuestas quedó en evidencia que la guerra, por primera vez desde Vietnam y tal como sucedió en 1968, jugó un rol protagónico: dos tercios de los estadounidenses (lo que incluye también una parte sustancial de los republicanos) asumen desde hace casi un año que la guerra de Irak -por otro lado, una "guerra evitable"- está siendo mal conducida. No casualmente la primera baja del gabinete de Bush luego del martes negro fue su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. En términos del teniente coronel Nagl, estrella ascendente de la estrategia militar estadounidense, la guerra de Irak se fue transformando en una guerra asimétrica y de guerrillas, y como todo conflicto bélico de este tipo se transforma en "tomar la sopa con un cuchillo, o sea algo difícil y sucio". No es casual que, desde hace meses, la academia Realista y aun sectores liberals (o centroizquierda) y conservadores de EE.UU. estén advirtiendo sobre la marca que está produciendo y que podría generar el "síndrome Irak" en la política exterior de Washington en el futuro previsible: básicamente, hará falta una mayor cautela en el protagonismo internacional y en el afán de hacer frente unilateralmente a crisis y turbulencias regionales.
Esto permite esperar que se den cambios radicales en el gobierno. No tal vez respecto al centrista, realista y minimalista Bush, que hizo campaña electoral en 2000 y que gobernó hasta la mañana del 11-9-2001. A partir de ese momento, lo hacen los sectores neoconservadores (o "idealistas con botas" o "gladiadores en pantuflas", como gustan llamar algunos sectores militares en EE.UU. a estos activistas ideológicos y políticos), que tenían una presencia en posiciones de poder aun mayor que la que ostentaron durante el primer mandato de Ronald Reagan. Si el 11/S fue el comienzo del ascenso irrefrenable de estos sectores, los últimos dos años (y en especial el último) de la guerra de Irak marcan su ocaso. El panorama político de EEUU parece buscar figuras prudentes, realistas y centristas. Precisamente por eso las figuras que más pesan con vistas a 2008 son precandidatos demócratas y republicanos que han cultivado, desde siempre o desde hace pocos años, este perfil. La figura de ese tono que logre ganar las elecciones internas o primarias estará en óptimas condiciones de ser el nuevo "presidente imperial". (Especial para LA GACETA)
¿Qué votó EEUU el martes? Seguramente muchos temas locales, económicos, morales entre otros, cumplieron un importante rol en el proceso de la selección de diputados, senadores y gobernadores. Pero en las encuestas quedó en evidencia que la guerra, por primera vez desde Vietnam y tal como sucedió en 1968, jugó un rol protagónico: dos tercios de los estadounidenses (lo que incluye también una parte sustancial de los republicanos) asumen desde hace casi un año que la guerra de Irak -por otro lado, una "guerra evitable"- está siendo mal conducida. No casualmente la primera baja del gabinete de Bush luego del martes negro fue su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. En términos del teniente coronel Nagl, estrella ascendente de la estrategia militar estadounidense, la guerra de Irak se fue transformando en una guerra asimétrica y de guerrillas, y como todo conflicto bélico de este tipo se transforma en "tomar la sopa con un cuchillo, o sea algo difícil y sucio". No es casual que, desde hace meses, la academia Realista y aun sectores liberals (o centroizquierda) y conservadores de EE.UU. estén advirtiendo sobre la marca que está produciendo y que podría generar el "síndrome Irak" en la política exterior de Washington en el futuro previsible: básicamente, hará falta una mayor cautela en el protagonismo internacional y en el afán de hacer frente unilateralmente a crisis y turbulencias regionales.
Esto permite esperar que se den cambios radicales en el gobierno. No tal vez respecto al centrista, realista y minimalista Bush, que hizo campaña electoral en 2000 y que gobernó hasta la mañana del 11-9-2001. A partir de ese momento, lo hacen los sectores neoconservadores (o "idealistas con botas" o "gladiadores en pantuflas", como gustan llamar algunos sectores militares en EE.UU. a estos activistas ideológicos y políticos), que tenían una presencia en posiciones de poder aun mayor que la que ostentaron durante el primer mandato de Ronald Reagan. Si el 11/S fue el comienzo del ascenso irrefrenable de estos sectores, los últimos dos años (y en especial el último) de la guerra de Irak marcan su ocaso. El panorama político de EEUU parece buscar figuras prudentes, realistas y centristas. Precisamente por eso las figuras que más pesan con vistas a 2008 son precandidatos demócratas y republicanos que han cultivado, desde siempre o desde hace pocos años, este perfil. La figura de ese tono que logre ganar las elecciones internas o primarias estará en óptimas condiciones de ser el nuevo "presidente imperial". (Especial para LA GACETA)








