21 Septiembre 2006 Seguir en 
Una soga, dos buzos, una remera y dos toallas, todo con manchas pardorrojizas, además de tres proyectiles calibre 38, fueron secuestrados ayer de la casa de Luis Fernández, el hombre que permanece prófugo a pesar de que sobre él pesa una orden de detención por la desaparición de la docente Angela Beatriz Argañaraz. Fernández es hermano de Nélida, una de las detenidas por el caso; la otra es Susana Acosta.
Luego de que la Policía Científica comprobó que en la casa de una de las hermanas de Acosta había sangre humana, se decidió avanzar en la investigación y allanar nuevamente la vivienda de Luis Fernández, ubicada en la manzana S casa 40 del barrio San Martín. Hacia allí, ayer por la tarde, se dirigió la fiscal Adriana Giannoni, la bioquímica Sonia Latifi, el comisario Miguel Gómez y los abogados Leonardo Coria y Carlos Picón, representantes de la familia Argañaraz, y Gustavo Morales y Luis Romero Abadie, defensores de las imputadas.
Los domicilios
La casa de Fernández está deshabitada ya que su familia vive en una propiedad contigua y él reside, con su actual pareja, en calle Melián de Leguizamo al 548, en Villa Angelina. Los peritos descubrieron, según se informó, manchas rojas en dos puertas, una perteneciente a la habitación de Fernández y en otra ubicada frente al baño. Los investigadores también secuestraron dos tarjetas de débito pertenecientes a las imputadas.
La medida judicial continuará hoy a la tarde en la casa, donde se utilizará el reactivo luminol para determinar si en los ambientes hay manchas de sangre. Todo lo que se secuestró ayer será peritado por personal de la Policía Científica.
Ayer Morales afirmó que la Justicia le está armando la causa, al enterarse de que, el martes, una mujer, Verónica Wiernes, le dijo a la fiscal que ella, mientras trabajaba en la casa de Fernández el 1 de agosto (un día después de la desaparición de Betty), lavó una remera del hombre que estaba manchada con sangre. Dijo que se dio cuenta de esto por el olor y el color que salía de la prenda, luego de que fuera el mismo Fernández quien la puso en agua, dentro de un balde. “Hay una deslealtad procesal que no tiene antecedentes”, dijo Morales. El abogado intentó infructuosamente que Miryam Báez, la pareja del remisero, declarara para desmentir la versión de Wiernes. “Son perras mentiras. Estoy segura de que esta chica fue presionada para decir esa barbaridad”, explicó Báez.
A pesar de lo que había anunciado Morales, Fernández no se presentó a declarar ante la Justicia. “Y no lo hará hasta que no tengamos las garantías correspondientes”, indicó.
La fiscal Giannoni y el secretario Ernesto Baaclini están tratando de encontrar la mayor cantidad de pruebas posibles para determinar si Fernández, al igual que su hermana y Acosta, está vinculado con la desaparición de Betty. A pesar de estar prófugo, el hombre fue a la casa del barrio San Martín el lunes y ayer a la madrugada, según dijeron los vecinos.
Con la confirmación de que la sangre hallada en la casa de calle Universo es humana, los investigadores van armando el posible recorrido de las imputadas. Advierten que luego de haber atacado a Betty en el departamento de calle Catamarca 30 (donde había sangre de Betty), la llevaron hasta el barrio Marti Coll. Las dudas están centradas en lo que sucedió después, ya que aún no se sabe dónde está la docente. Y ya pasaron 53 días.
Luego de que la Policía Científica comprobó que en la casa de una de las hermanas de Acosta había sangre humana, se decidió avanzar en la investigación y allanar nuevamente la vivienda de Luis Fernández, ubicada en la manzana S casa 40 del barrio San Martín. Hacia allí, ayer por la tarde, se dirigió la fiscal Adriana Giannoni, la bioquímica Sonia Latifi, el comisario Miguel Gómez y los abogados Leonardo Coria y Carlos Picón, representantes de la familia Argañaraz, y Gustavo Morales y Luis Romero Abadie, defensores de las imputadas.
Los domicilios
La casa de Fernández está deshabitada ya que su familia vive en una propiedad contigua y él reside, con su actual pareja, en calle Melián de Leguizamo al 548, en Villa Angelina. Los peritos descubrieron, según se informó, manchas rojas en dos puertas, una perteneciente a la habitación de Fernández y en otra ubicada frente al baño. Los investigadores también secuestraron dos tarjetas de débito pertenecientes a las imputadas.
La medida judicial continuará hoy a la tarde en la casa, donde se utilizará el reactivo luminol para determinar si en los ambientes hay manchas de sangre. Todo lo que se secuestró ayer será peritado por personal de la Policía Científica.
Ayer Morales afirmó que la Justicia le está armando la causa, al enterarse de que, el martes, una mujer, Verónica Wiernes, le dijo a la fiscal que ella, mientras trabajaba en la casa de Fernández el 1 de agosto (un día después de la desaparición de Betty), lavó una remera del hombre que estaba manchada con sangre. Dijo que se dio cuenta de esto por el olor y el color que salía de la prenda, luego de que fuera el mismo Fernández quien la puso en agua, dentro de un balde. “Hay una deslealtad procesal que no tiene antecedentes”, dijo Morales. El abogado intentó infructuosamente que Miryam Báez, la pareja del remisero, declarara para desmentir la versión de Wiernes. “Son perras mentiras. Estoy segura de que esta chica fue presionada para decir esa barbaridad”, explicó Báez.
A pesar de lo que había anunciado Morales, Fernández no se presentó a declarar ante la Justicia. “Y no lo hará hasta que no tengamos las garantías correspondientes”, indicó.
La fiscal Giannoni y el secretario Ernesto Baaclini están tratando de encontrar la mayor cantidad de pruebas posibles para determinar si Fernández, al igual que su hermana y Acosta, está vinculado con la desaparición de Betty. A pesar de estar prófugo, el hombre fue a la casa del barrio San Martín el lunes y ayer a la madrugada, según dijeron los vecinos.
Con la confirmación de que la sangre hallada en la casa de calle Universo es humana, los investigadores van armando el posible recorrido de las imputadas. Advierten que luego de haber atacado a Betty en el departamento de calle Catamarca 30 (donde había sangre de Betty), la llevaron hasta el barrio Marti Coll. Las dudas están centradas en lo que sucedió después, ya que aún no se sabe dónde está la docente. Y ya pasaron 53 días.
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