15 Agosto 2006 Seguir en 
Reuniones en días laborables en la casa de El Cadillal y la presencia de un Fiat Uno blanco se percibían con frecuencia en la vivienda que las sospechosas tienen en la villa turística. Vecinos y lugareños que trabajan en la zona no le daban importancia a estos datos hasta que desapareció la docente Angela Beatriz Argañaraz y quedaron detenidas, por el caso, Nélida Fernández y Susana Acosta.
Ahora el centro de la investigación es la vida que llevaban las dos imputadas en El Cadillal y se intensificó el rastrillaje en el sector, con la ayuda de los lugareños. Los pesquisas creen que, pese a que durante los allanamientos no se encontró nada en la vivienda, algo muy extraño se esconde alrededor de esa casa.
Carlos, un hombre que suele podar árboles y juntar ramas caídas en el barrio de Villa del Parque, dijo que casi a diario pasa frente a la vivienda de las detenidas. “A ellas siempre las veía. Me saludaban amablemente. Les gustaba arreglar su jardín. No sólo venían los fines de semana, también lo hacían en medio de la semana. A veces, se veía a una que otra mujer que las acompañaba y una vez vi a un hombre, pero no recuerdo cómo era. Parece que hacían reuniones. Vi otros autos en la casa. Uno puede haber sido blanco, aunque no me acuerdo qué modelo”, afirmó.
Varios vecinos de la zona revelaron el domingo a LA GACETA que vieron en la casa de El Cadillal a la docente desaparecida y que incluso la llevaba un hombre “alto y gordito” en un Fiat Uno blanco. Esta información es fundamental en el caso, ya que Argañaraz fue vista por última vez cuando subía a un rodado de las mismas características.
Un albañil que vive en la zona de La Mesada, pero que realiza trabajos en Villa del Parque, también afirmó haber visto un auto blanco en la puerta de la vivienda un día de semana, hace dos o tres meses. “Había un grupo dentro de la casa. Estaban conversando y se reían mucho. No me acuerdo si había un hombre”, contó. También añadió que hizo un trabajo en la vivienda; que Fernández lo trató muy bien y le pagó en tiempo y forma. Otro vecino dijo que no percibió nada anormal en la casa. “Las reuniones en estas casas son comunes. Puedo haber visto un auto blanco, pero no vi los detalles”, contó.
En la villa turística todos están conmocionados con el caso. En bares y almacenes, a los que solían concurrir las acusadas, nadie lo puede creer, pese a que algunos comerciantes sostienen que siempre les pareció una relación muy extraña la que mantienen Acosta y Fernández.
Chistes picantes
Las sospechosas iban casi todos los fines de semana a El Cadillal, cuentan los comerciantes. Y parece que su comida preferida para los domingos eran las empanadas, detallaron. “Venían siempre a comer empanadas los domingos, con una nena que era hija de la rubia (Fernández). Estaban de buen humor y bromeaban todo el tiempo. Pedían que las atendieran mujeres, no hombres. Solían hacer chistes picantes”, relató Nélida, de un almacén cercano a la rotonda de la villa. “Nunca notamos nada extraño. Algunas veces nos pidieron prestada una escalera”, relató.
A otro negocio, llamado “Los tres cardones”, Fernández y Acosta también solían ir a comer los fines de semana. “Siempre parecieron normales y muy amables, aunque ahora uno se queda pensando en algunas cosas. Recuerdo que la rubia a veces se venía sola en el auto, compraba un cigarrillo suelto y lo fumaba aquí, en la puerta del negocio, y después se iba”, comentó Marcelo Díaz, que atiende en el local. Añadió que nunca vio a las sospechosas acompañadas por hombres ni por otras mujeres.
En otro negocio, el encargado, quien prefirió no dar su nombre, explicó que las mujeres siempre fueron muy respetuosas, ordenadas y que pagaban todas las cuentas al día. “Cuando construyeron la casa, que es de madera, hace unos dos o tres años, contrataron a mucha gente de aquí. Sé que les pagaron muy bien y que nadie tuvo problemas con ellas”, explicó.
Ahora el centro de la investigación es la vida que llevaban las dos imputadas en El Cadillal y se intensificó el rastrillaje en el sector, con la ayuda de los lugareños. Los pesquisas creen que, pese a que durante los allanamientos no se encontró nada en la vivienda, algo muy extraño se esconde alrededor de esa casa.
Carlos, un hombre que suele podar árboles y juntar ramas caídas en el barrio de Villa del Parque, dijo que casi a diario pasa frente a la vivienda de las detenidas. “A ellas siempre las veía. Me saludaban amablemente. Les gustaba arreglar su jardín. No sólo venían los fines de semana, también lo hacían en medio de la semana. A veces, se veía a una que otra mujer que las acompañaba y una vez vi a un hombre, pero no recuerdo cómo era. Parece que hacían reuniones. Vi otros autos en la casa. Uno puede haber sido blanco, aunque no me acuerdo qué modelo”, afirmó.
Varios vecinos de la zona revelaron el domingo a LA GACETA que vieron en la casa de El Cadillal a la docente desaparecida y que incluso la llevaba un hombre “alto y gordito” en un Fiat Uno blanco. Esta información es fundamental en el caso, ya que Argañaraz fue vista por última vez cuando subía a un rodado de las mismas características.
Un albañil que vive en la zona de La Mesada, pero que realiza trabajos en Villa del Parque, también afirmó haber visto un auto blanco en la puerta de la vivienda un día de semana, hace dos o tres meses. “Había un grupo dentro de la casa. Estaban conversando y se reían mucho. No me acuerdo si había un hombre”, contó. También añadió que hizo un trabajo en la vivienda; que Fernández lo trató muy bien y le pagó en tiempo y forma. Otro vecino dijo que no percibió nada anormal en la casa. “Las reuniones en estas casas son comunes. Puedo haber visto un auto blanco, pero no vi los detalles”, contó.
En la villa turística todos están conmocionados con el caso. En bares y almacenes, a los que solían concurrir las acusadas, nadie lo puede creer, pese a que algunos comerciantes sostienen que siempre les pareció una relación muy extraña la que mantienen Acosta y Fernández.
Chistes picantes
Las sospechosas iban casi todos los fines de semana a El Cadillal, cuentan los comerciantes. Y parece que su comida preferida para los domingos eran las empanadas, detallaron. “Venían siempre a comer empanadas los domingos, con una nena que era hija de la rubia (Fernández). Estaban de buen humor y bromeaban todo el tiempo. Pedían que las atendieran mujeres, no hombres. Solían hacer chistes picantes”, relató Nélida, de un almacén cercano a la rotonda de la villa. “Nunca notamos nada extraño. Algunas veces nos pidieron prestada una escalera”, relató.
A otro negocio, llamado “Los tres cardones”, Fernández y Acosta también solían ir a comer los fines de semana. “Siempre parecieron normales y muy amables, aunque ahora uno se queda pensando en algunas cosas. Recuerdo que la rubia a veces se venía sola en el auto, compraba un cigarrillo suelto y lo fumaba aquí, en la puerta del negocio, y después se iba”, comentó Marcelo Díaz, que atiende en el local. Añadió que nunca vio a las sospechosas acompañadas por hombres ni por otras mujeres.
En otro negocio, el encargado, quien prefirió no dar su nombre, explicó que las mujeres siempre fueron muy respetuosas, ordenadas y que pagaban todas las cuentas al día. “Cuando construyeron la casa, que es de madera, hace unos dos o tres años, contrataron a mucha gente de aquí. Sé que les pagaron muy bien y que nadie tuvo problemas con ellas”, explicó.










