Una estrategia familiar

Por Santiago Antognolli (consultor de empresas). Planificar siempre es bueno para que un emprendimiento crezca.

06 Agosto 2006
"Si no sabes adonde vas, cualquier camino es bueno". Cuando se inicia un negocio y a veces, cuando se percibe que la muy pequeña empresa creada con tanto esfuerzo tiene posibilidades de crecer, es imprescindible comenzar a pensar estratégicamente. Pero ¿Qué significa pensar estratégicamente? Hay una pequeña historia en los libros de management que refleja esa sutil diferencia entre la tarea de todos los días y el trabajar sabiendo cual es el fin: "Un hombre pasaba por una obra en construcción y percibió que había tres operarios haciendo, aparentemente la misma tarea. Pero llamó su atención que mientras el primero parecía agobiado por el trabajo, el segundo estaba aparentemente más contento y el tercero lucía más que entusiasmado y hasta cantaba mientras trabajaba. Curioso, se acercó al primer hombre y le preguntó qué estaba haciendo. Este, hosco, le contestó: -¿No lo ve usted? ¡Estoy poniendo ladrillos! Cuando le hizo la misma pregunta al segundo, contestó muy cordial: -Estoy levantando una pared. Se acercó al tercero, interrumpió su canto y le preguntó: -¿Y usted, que está haciendo? La respuesta fue: -La tarea más importante de mi vida, levantando la catedral de mi pueblo".
Ese es el primer paso de cualquier negocio: saber cuál es nuestra Catedral. Esa es la misión por la cual tiene sentido todo lo que hacemos, es el sueño que hace que todo sacrificio parezca poco, es el motor de empuje. ¿Cómo encontramos la misión? Muchas empresas son el resultado del sueño del fundador que, muchas veces inconscientemente, es el que tiene perfecta idea de adonde quiere ir y en qué quiere transformar su creación. Otras veces las empresas crecen como conocedores de cómo ofrecer un producto o servicio, o copiando un modelo de negocio exitoso y basan su crecimiento en la optimización de ese elemento. Este tipo de empresas son las que viven agobiadas por el día a día, continuamente solucionando problemas, y esperando el próximo. No tienen una idea cabal y definida de para dónde están yendo.La misión de una organización define exactamente cuál es el camino, cuáles son las decisiones del día a día, la meta inamovible, el faro que nos guía por la ruta elegida. En el libro "Los siete hábitos de la gente altamente efectiva", S. Covey sugiere un ejercicio para definir las metas personales que es muy claro y movilizador, que creo que puede ayudarnos en el tema que estamos tratando y es más o menos así:"Cierre los ojos e imagine que se está dirigiendo a un funeral, imagine que para despedir el cuerpo, un grupo de personas van a decir unas palabras definiendo la personalidad del difunto. Al acercarse ve que quien está en el ataúd es usted mismo. Superada la primera impresión, imagine cada uno de los discursos. Qué le gustaría que dijeran de usted, cuando ya no está, cada una de esas personas, sus hijos, su esposa, sus vecinos, su jefe, sus empleados, sus padres".
En cada uno de esos discursos tiene usted definidas sus metas, su misión, sus acciones de cada día. Un mecanismo similar puede usarse para encontrar y definir la misión de una organización. Debemos definir: ¿Cómo queremos que nos vean nuestros proveedores? ¿Cómo queremos que nos perciban nuestros clientes? ¿Cómo queremos que se sientan nuestros empleados? ¿Cómo queremos que nos vean nuestros competidores? ¿Dónde queremos estar dentro de cinco años? ¿Cómo seremos dentro de diez años? ¿ Cómo separamos empresa y familia? Como cada organización es un ente único, cada una debe plantearse sus propios enunciados a definir.Esta discusión debe llevarse a cabo entre los directivos de la empresa. Del desarrollo de estos enunciados van a surgir qué valores van a regir, qué cultura se debe implantar, qué estructura se necesitará, qué sistema de organización implementar. Todos estos procesos llevan a la definición la misión de la organización.

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