Necesidad de aire fresco en la Rosada

Por Miguel Angel Rouco de la agencia DYN. Los más de tres años transcurridos de la administración Kirchner dejan un resabio de angustia de saber que se dejó pasar otra chance de insertar al país en la modernidad.

30 Julio 2006
BUENOS AIRES.- El receso invernal invita a hacer algo más que un descanso y, en todo caso, sirve también para ensayar un balance de lo actuado y lo que vendrá.
Con tantos conflictos a la vista y los que rodean a la Argentina cabe pensar si no es necesario un cambio de orientación en el económico y geopolítico regente. Los más de tres años transcurridos de la administración Kirchner dejan un resabio, cuanto menos, de insatisfacción y cuanto más, de angustia, de saber que se dejó pasar otra oportunidad histórica para insertar al país en la modernidad.
Julio se marcha con un elevado nivel de conflictos para el país y con la mirada atónita de sus ciudadanos ante tanta impotencia y desidia oficial. La sociedad azotada por un brote del crimen como pocas veces se recuerde, el gobierno llevando al país a conflictos y foros internacionales no deseados y los agentes económicos enfrentando a las autoridades en franca rebelión a la política económica. Esta vez no sólo fueron los productores rurales los más quejosos sino que han llevado adelante el primer lock-out en contra de la política económica.
Ni la cumbre del Mercosur ni el Plan Ganadero han servido para traer aires frescos a la Casa Rosada. El foro realizado en Córdoba ratificó una vez más que la unión aduanera continúa en estado de coma y ni los nuevos socios y muchos menos los asociados e invitados han llegado con mejoras. En medio de desplantes diplomáticos y de enfrentamientos velados, la cumbre ratificó la carencia total de política exterior de la administración Kirchner y el fracaso por intentar ideologizar las relaciones exteriores.
Lo que podría haber sido una buena oportunidad para cambiar el estrepitoso fracaso que dejó la Cumbre de las Américas, se convirtió en un empeoramiento de las relaciones con vecinos continentales. El visible mal humor de los brasileños por el excesivo protagonismo del mandatario venezolano, la falta de cortesía sufrida por el canciller mexicano a la hora de pronunciar su discurso, el llamado a la realidad de la presidente chilena y la habilidad del uruguayo para darle multilateralidad a un conflicto bilateral son algunos de los tragos amargos que se bebieron en la Casa Rosada. En la retaguardia del progreso y cada vez más aislada, la Argentina va camino al ostracismo geopolítico, un síntoma del atraso de su dirigencia que cree que la Argentina es el ombligo del mundo.
Con el Plan Ganadero pasó otro tanto. Se quiso mitigar los efectos del lock-out rural con medidas que resultan insuficientes, que llegan fuera de tiempo y que no responden a las demandas de los productores ganaderos. Un dólar artificialmente alto fue presentado por la ministra de Economía como un logro de política económica. Palabras más, palabras menos, Felisa Miceli dijo que si no fuera por las compras de dólares que realiza el Banco Central, hoy el tipo de cambio efectivo para los exportadores -deducidas las retenciones-, sería igual al 1 a 1. Sin embargo, Miceli no hizo más que poner al desnudo los puntos oscuros del modelo: dólar alto, salarios bajos, gasto público alto, impuestos distorsivos e inflación. En otras palabras, los gérmenes de un nuevo ajuste. En términos más llanos, la ministra ha dicho que se ha tirado por la borda todo el esfuerzo y todos los padecimientos de la sociedad desde la caída de la Convertibilidad y que hoy estamos en el mismo punto. Y eso que todavía la economía está en crecimiento.
El dólar alto es una olla a presión que sirve para contener las fallas del modelo. Es también garante del superávit fiscal provocando una transferencia del sector privado al Estado. Sin embargo, genera todavía rentabilidad a los agentes económicos y eso hace callar la protesta por ahora.

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