27 Julio 2006 Seguir en 
WASHINGTON. - Andrea Yates, una estadounidense depresiva y psicopática, condenada en primera instancia a cadena perpetua en 2002 por haber ahogado a sus cinco hijos, fue juzgada penalmente inimputable el miércoles después de un nuevo proceso en Texas.
De ahora en más, Yates, de 42 años, deberá pasar el resto de su vida en un hospital psiquiátrico.
Yates ahogó en junio de 2001 uno tras otro a sus cinco hijos, de seis meses y dos, tres, cinco y siete años de edad, en la bañera llena de agua fría de su residencia de Clear Lake, cerca de Houston.
De inmediato telefoneó a su marido, un ingeniero de la NASA, y a la policía, que constató la muerte de los niños.
El primer juicio fue anulado por el Tribunal de Apelaciones de Texas, queconsideró que el jurado pudo haber sido inducido a error por el testimoniode un experto que ponía en duda la enfermedad mental de Yates.
Este primer juicio provocó un debate nacional en Estados Unidos sobre eltratamiento de las enfermedades mentales. La opinión pública se dividióentre el horror de su crimen y el compasión hacia esta mujer sumida en lalocura por el nacimiento de sus hijos.
Yates, aquejada de una fuerte depresión post-parto, había comenzado a sufriralucinaciones después del nacimiento de su primer hijo. La enfermedad se fueinstalando poco a poco, hasta tener dos intentos de suicidio después delnacimiento de su cuarto hijo, en 1999. Entonces le fue recetado untratamiento con neurolépticos contra las alucinaciones, que pareciófuncionar, y tuvo así a su quinto hijo.
No obstante, la enfermedad no había desaparecido. La mañana del drama hacíasolamente un mes que Yates había regresado del hospital psiquiátrico y quesu médico había suspendido el tratamiento. (AFP).
De ahora en más, Yates, de 42 años, deberá pasar el resto de su vida en un hospital psiquiátrico.
Yates ahogó en junio de 2001 uno tras otro a sus cinco hijos, de seis meses y dos, tres, cinco y siete años de edad, en la bañera llena de agua fría de su residencia de Clear Lake, cerca de Houston.
De inmediato telefoneó a su marido, un ingeniero de la NASA, y a la policía, que constató la muerte de los niños.
El primer juicio fue anulado por el Tribunal de Apelaciones de Texas, queconsideró que el jurado pudo haber sido inducido a error por el testimoniode un experto que ponía en duda la enfermedad mental de Yates.
Este primer juicio provocó un debate nacional en Estados Unidos sobre eltratamiento de las enfermedades mentales. La opinión pública se dividióentre el horror de su crimen y el compasión hacia esta mujer sumida en lalocura por el nacimiento de sus hijos.
Yates, aquejada de una fuerte depresión post-parto, había comenzado a sufriralucinaciones después del nacimiento de su primer hijo. La enfermedad se fueinstalando poco a poco, hasta tener dos intentos de suicidio después delnacimiento de su cuarto hijo, en 1999. Entonces le fue recetado untratamiento con neurolépticos contra las alucinaciones, que pareciófuncionar, y tuvo así a su quinto hijo.
No obstante, la enfermedad no había desaparecido. La mañana del drama hacíasolamente un mes que Yates había regresado del hospital psiquiátrico y quesu médico había suspendido el tratamiento. (AFP).







