24 Julio 2006 Seguir en 
Beirut.- Kamal Yabir fuma un cigarro tras otro. Lleva toda la mañana sentado en el establecimiento de comida rápida de su amigo, en el centro de Beirut.
"Queríamos permanecer en nuestro pueblo, pero cuando nos quedamos sin corriente, sin agua y sin leche para mi nieta, nos vinimos a Beirut", dice este electricista de 43 años con la dentadura en mal estado, las ropas rasgadas y los nervios a flor de piel.
La casa que Yabir logró construir tras décadas de duro trabajo se encuentra en Mayfadun, en la región de Nabatiye, que desde hace días sufre el bombardeo de las tropas israelíes. Al igual que otros 50.000 refugiados procedentes del sur, espera en la capital a que la situación se calme.
Sin embargo, no tiene muchas esperanzas.
"Primero los israelíes lanzaron octavillas desde sus aviones sobremi aldea, en las que pedían que huyéramos. Pero cuando intentamos escapar ya habían bombardeado la carretera", declaró con un tono de desesperación en la voz.
"Al menos deberían habernos dejado huir y después que vinieran y lucharan de hombre a hombre contra Hezbollah, pero en lugar de eso nos torturan a nosotros, los civiles", lamenta.
Cuando Yabir decidió finalmente partir hacia Beirut con sus cincohijos, su nieta y la madre, tuvo que pagar 1.000 dólares al conductor por el peligroso viaje hacia la capital, que normalmente puede hacerse en una hora pero debido a que las carreteras están destrozadas dura seis veces más.
Aunque tenía coche, en Mayfadun no había gasolina, así que la tomó del depósito de un jeque que había abandonado la aldea días antes dejando su vehículo ante la puerta de casa.
Yabir calcula que ahora sólo viven en su pueblo en torno al 20 % de los habitantes. En Beirut, su familia está repartida en tres viviendas de parientes. Para el gobierno libanés y su comité de gestión de crisis, tanto a Yabir como al dueño del establecimiento de comida, Hassan Safar, que pagan por convicción una contribución mensual de 100 dólares a Hezbollah, sólo les queda la burla.
De pronto interviene en la conversación uno de los clientes del local, que hasta entonces había permanecido en silencio mientras comía su pasta de garbanzos.
"Aunque tengo ya 60 años, también he venido del sur y si me llaman defenderé mi país con el arma en mano", dijo exaltado, porque nosotros creemos en el ejemplo del imán Hussein (nieto del profeta Mahoma, venerado por los chiitas tras morir como mártir en una batalla).
En su opinión, los ataques aéreos israelíes en Líbano no formanparte de un conflicto en el que la milicia proiraní Hezbollah y los palestinos sunitas de Hamas luchen simultáneamente contra Israel.
"Lo que estamos viviendo es una guerra de los israelíes, los estadounidenses y los países árabes sunitas contra los chiitas" opina.
Sin embargo, en su comparación no tiene en cuenta que los chiitas, que hoy en día ejercen por primera vez la jefatura del gobierno en Irak y desempeñan puestos clave, también deban su ascenso en parte a Washington. (DPA).
"Queríamos permanecer en nuestro pueblo, pero cuando nos quedamos sin corriente, sin agua y sin leche para mi nieta, nos vinimos a Beirut", dice este electricista de 43 años con la dentadura en mal estado, las ropas rasgadas y los nervios a flor de piel.
La casa que Yabir logró construir tras décadas de duro trabajo se encuentra en Mayfadun, en la región de Nabatiye, que desde hace días sufre el bombardeo de las tropas israelíes. Al igual que otros 50.000 refugiados procedentes del sur, espera en la capital a que la situación se calme.
Sin embargo, no tiene muchas esperanzas.
"Primero los israelíes lanzaron octavillas desde sus aviones sobremi aldea, en las que pedían que huyéramos. Pero cuando intentamos escapar ya habían bombardeado la carretera", declaró con un tono de desesperación en la voz.
"Al menos deberían habernos dejado huir y después que vinieran y lucharan de hombre a hombre contra Hezbollah, pero en lugar de eso nos torturan a nosotros, los civiles", lamenta.
Cuando Yabir decidió finalmente partir hacia Beirut con sus cincohijos, su nieta y la madre, tuvo que pagar 1.000 dólares al conductor por el peligroso viaje hacia la capital, que normalmente puede hacerse en una hora pero debido a que las carreteras están destrozadas dura seis veces más.
Aunque tenía coche, en Mayfadun no había gasolina, así que la tomó del depósito de un jeque que había abandonado la aldea días antes dejando su vehículo ante la puerta de casa.
Yabir calcula que ahora sólo viven en su pueblo en torno al 20 % de los habitantes. En Beirut, su familia está repartida en tres viviendas de parientes. Para el gobierno libanés y su comité de gestión de crisis, tanto a Yabir como al dueño del establecimiento de comida, Hassan Safar, que pagan por convicción una contribución mensual de 100 dólares a Hezbollah, sólo les queda la burla.
De pronto interviene en la conversación uno de los clientes del local, que hasta entonces había permanecido en silencio mientras comía su pasta de garbanzos.
"Aunque tengo ya 60 años, también he venido del sur y si me llaman defenderé mi país con el arma en mano", dijo exaltado, porque nosotros creemos en el ejemplo del imán Hussein (nieto del profeta Mahoma, venerado por los chiitas tras morir como mártir en una batalla).
En su opinión, los ataques aéreos israelíes en Líbano no formanparte de un conflicto en el que la milicia proiraní Hezbollah y los palestinos sunitas de Hamas luchen simultáneamente contra Israel.
"Lo que estamos viviendo es una guerra de los israelíes, los estadounidenses y los países árabes sunitas contra los chiitas" opina.
Sin embargo, en su comparación no tiene en cuenta que los chiitas, que hoy en día ejercen por primera vez la jefatura del gobierno en Irak y desempeñan puestos clave, también deban su ascenso en parte a Washington. (DPA).
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