20 Julio 2006 Seguir en 
WASHINGTON.- Al contrario de lo que hizo hace diez años, Estados Unidos no se está apresurando para tratar de calmar la desastrosa situación en Cercano Oriente con una iniciativa mediadora. Cuando en aquel entonces se registraron fuertes combates entre Hezbollah y las fuerzas israelíes, el presidente Bill Clinton envió de inmediato a su secretario de Estado, Warren Christopher. Ahora, Washington apuesta a soluciones a largo plazo en vez de a un rápido alto el fuego, giro que implica grandes riesgos.
El presidente, George W. Bush, había dicho que a veces se necesitan hechos trágicos para abrir los ojos de la comunidad internacional. “Quiero que el mundo ataque la raíz del problema, y la raíz es Hezbollah”, afirmó. De paso, acusó a Siria de estar intentando reocupar el sur del Líbano, que debió abandonar el año pasado bajo presión internacional. También acusa al gobierno de Damasco de pretender infiltrar combatientes extranjeros en Irak a través de su frontera. Pero las posibilidades de presionar tras bastidores son pocas. Al contrario de lo que hizo Christopher hace una década, su sucesora, Condoleezza Rice, no quiere ir a esa capital. “Hezbollah, Irán y Siria están aislados en el mundo -afirmó ayer el vocero de la Casa Blanca-. Preferimos trabajar con Egipto, Jordania y Arabia Saudita en una solución duradera en Cercano Oriente”.
Pero es probable que este aislamiento dure poco, ya que en muchos países crece la simpatía por los extremistas. “No existe una solución militar, a menos que se mate a todos los miembros de Hezbollah y de Hamas”, afirmó Joshua Landis, profesor de política de Oklahoma y experto en Siria. Esto significa que habrá que hablar con alguno de los “malos”. El problema es que, sea cual fuere el paso diplomático que se dé, no haría más que endurecer la disputa interna entre “halcones” y “palomas”.
El presidente, George W. Bush, había dicho que a veces se necesitan hechos trágicos para abrir los ojos de la comunidad internacional. “Quiero que el mundo ataque la raíz del problema, y la raíz es Hezbollah”, afirmó. De paso, acusó a Siria de estar intentando reocupar el sur del Líbano, que debió abandonar el año pasado bajo presión internacional. También acusa al gobierno de Damasco de pretender infiltrar combatientes extranjeros en Irak a través de su frontera. Pero las posibilidades de presionar tras bastidores son pocas. Al contrario de lo que hizo Christopher hace una década, su sucesora, Condoleezza Rice, no quiere ir a esa capital. “Hezbollah, Irán y Siria están aislados en el mundo -afirmó ayer el vocero de la Casa Blanca-. Preferimos trabajar con Egipto, Jordania y Arabia Saudita en una solución duradera en Cercano Oriente”.
Pero es probable que este aislamiento dure poco, ya que en muchos países crece la simpatía por los extremistas. “No existe una solución militar, a menos que se mate a todos los miembros de Hezbollah y de Hamas”, afirmó Joshua Landis, profesor de política de Oklahoma y experto en Siria. Esto significa que habrá que hablar con alguno de los “malos”. El problema es que, sea cual fuere el paso diplomático que se dé, no haría más que endurecer la disputa interna entre “halcones” y “palomas”.
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