Tucumanos cuentan cómo sobreviven a la guerra

LA GACETA On Line presenta cinco reportajes a compatriotas radicados en Israel. "Me da miedo morir", confiesa Marcos. "Las explosiones no paran", relata Diego. "Queremos a nuestro soldado vivo", exclama Natalia. "Se están viviendo momentos difíciles", dice Noemí. "Lo principal es proteger nuestras vidas", explica Rodolfo.

Los habitantes de las ciudades del norte de Israel, cercanas a la frontera con El Líbano, pasan sus días en los refugios.
Los habitantes de las ciudades del norte de Israel, cercanas a la frontera con El Líbano, pasan sus días en los refugios.
19 Julio 2006
Marcos siente pánico. Noemí siente pánico. Rodolfo siente pánico. Natalia siente pánico. Diego siente pánico. Todos sienten pánico, porque viven amenazados por la muerte.

Marcos se despereza, cada amanecer, en Northem. A Noemí le gusta caminar por Ashkelon. Rodolfo huyó de Naharya al centro del país. Natalia es de la vieja Jerusalén. Diego recorre las minadas calles de Katzerin. Y sienten pánico; pasan sus días en pueblos que tiemblan cuando suenan las sirenas.

Anoche durmieron asustados y hoy se levantaron desorientados. Los cinco tucumanos radicados en Medio Oriente se acostumbraron a los lamentos, cada día más tumultosos, que suben hasta el cielo. Y se estremecen cuando una asesina lluvia de misiles (que cala hasta los huesos) los empuja a refugios oscuros. Saben que la guerra ya es total.

Corazón de hierro
"Me da miedo morir en esta puta guerra". Ayer, cuando pasaban veinte minutos de de las 12 hora de Argentina, Marcos Fernández Bloj sepultaba esas líneas. Casi inmediatamente después de terminar la frase, el chico de 20 años partía hacia una base militar israelí.

"Nos llevan a la frontera con el Líbano a poner el pecho, pero no puedo negarme a ir porque eso sería dejar la seguridad de mi familia en manos de otros. No quiero morir sin poder volver a Tucumán a ver al Santo querido de la Ciudadela", escribió cuando todavía se encontraba cobijado en la seguridad de su casa y rodeado de sus diez hermanos y cuatro sobrinas.

Escapando del fuego
"En este momento, el panorama no es el mejor. En el caso mío y de mi familia, por ser ciudadanos relativamente nuevos, tomamos todas las precauciones necesarias para proteger nuestras vidas. La mayoría de los latinos nos trasladamos al centro del país", narra Rodolfo Javier Garbero, un tucumano de 43 años que tuvo que abandonar su hogar, ubicado a 12 kilómetros de la frontera con el Líbano, para salvar su vida.

Junto a su pareja, con quién vive, Garbero está ayudando a conseguir alojamiento a los argentinos de la ciudad de Naharya. "En los lugares donde no hay alerta, se lleva una vida relativamente normal, dentro de la situación. Es que los israelíes ya están acostumbrados y, aunque los proyectiles caen, el país y la vida sigue adelante", grafica.

Visiblemente conmovido, el comprovinciano explica que aproximadamente un tercio de la población de Israel está bajo fuego. "Hablamos de 2 millones de personas que tienen que vivir en los cuartos de seguridad de sus viviendas o en los refugios comunes que se encuentran distribuídos en lugares estratégicos".

Al igual que el fanático del club de fútbol San Martín, uno de los hijos de la mujer de Garbero está cumpliendo con el servicio militar obligatorio. "Compartimos el dolor con otras familias argentinas que atraviesan una situación igual, con sus chicos en el ejército. Sólo podemos darles fuerzas a nuestros jóvenes y expresarles que estamos orgullosos de ellos, por el valor que tienen al marchar al combate y servir a un país en el cual son nuevos", indica.

Ayer, antes de finalizar su relato, el tucumano cerró sus ojos y pensó: "mañana será otro día, y cada vez faltará menos para que esto termine".

Queremos a nuestro soldado en casa
"¿Hasta cuándo seguirá el mundo siendo tan permisivo? Dijeron que no iban a apoyar ni entregar dinero a los gobiernos terroristas, pero borran con el codo lo que escriben con la mano", cuestiona Natalia Díaz Romero de Graff.

"No tenemos con quién negociar paz, aunque ese es el único objetivo de este Estado diminuto, única democracia en Medio Oriente. Cada día, trabajamos para el progreso, pero la humanidad entera se esmera en darnos permanentemente la espalda", se lamenta la mujer, que cuestiona el odio y la destrucción, dueños absolutos de la región.

"Queremos a nuestro soldado vivo en casa. Queremos aquí a Gilad Shalit. Tiene 19 años y cumple, como la mayoría de los hijos de nuestro país, con su servicio militar. Luchemos juntos por Israel y por la paz del mundo", finaliza Romero de Graff.

Una familia convive con el peligro
Que la vida tiene mil vueltas, nadie puede discutirlo. Menos aún para una familia de 20 tucumanos que emigró hace un tiempo a Israel y se diseminó por todo el norte de Galilea y Golán. No quedó ninguno de ellos sin oir el silbido de katiushas o conocer la experiencia de correr al encuentro de un refugio con el escalofriante ulular de las sirenas de fondo.

"Lo peor es dormir amontonados a la noche debajo de una escalera, el lugar más seguro de la casa, y tener que explicarles a los chicos que no pasa nada", dice Diego Cabral.

"Jorge (mi cuñado) y Ethel (mi esposa) trabajan en Rosh Pina, una ciudad donde la lluvia de misiles no se detiene. El primer día de la guerra, Ethel, al escuchar los ruidos de las explosiones cada vez más cerca, le insistía a Jorge que debían marcharse. ?Esto suena feo?, le decía ella. Pero él, tucumano hasta el coto, no creía. Hasta que salió al patio de la planta de alta tecnología donde trabajan en el preciso momento en que caía un misil, no demasiado lejos del lugar", relata el tucumano expatriado.

"Si hubiese sido el único misil, la cosa habría resultado un tremendo susto. Pero fueron varios. Ahora, no tenemos susto, sino pánico. Todos nos movemos casi pausadamente entre sirena y sirena, entre chaparrón y chaparrón de cohetes", cuenta.

"Las explosiones no paran por la noche, y cuando su intensidad hace temblar las aberturas, es el momento de esperar atentos la sirena y acudir al miklat (refugio)", concluye.

La otra cara de la noticia
"Hoy abrí las páginas de varios diarios argentinos y, para mi sorpresa, la información que llega allí de la situación que se vive aquí es absolutamente parcial. Sólo hablan de los ataques israelíes como represalia de dos soldados secuestrados", opina Noemí Ruth Bellos Bullor.

"Quiero que sepan que aquí se están viviendo momentos muy difíciles. En Naharia, en Jaifa y en Tzfat caen permanentemente cohetes y ya hay muchos muertos y centenares de heridos. Ellos los tiran de los territorios que fueron devueltos el año pasado. Se meten entre la población civil para lanzarlos", explica.

"En algunas ciudades la gente tuvo que pasar las últimas noches en refugios de los edificios"...