Recuerdos fotográficos: 1936. El triste final de Lola Mora y la despedida de LA GACETA

En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.

Recuerdos fotográficos: 1936. El triste final de Lola Mora y la despedida de LA GACETA
Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 26 Junio 2026

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El 7 de junio de 1936 falleció Lola Mora, la tucumana que desde fines del siglo XIX había dado esplendor universal a la escultura argentina. LA GACETA desplegó la parte superior de su primera página del 8 de junio y las páginas 2 y 3 completas, tapizadas de fotos que el periodista Carlos Peláez de Justo había recogido desde los días previos.

En la biografía de Carlos Páez de la Torre (h) y Celia Terán se da cuenta del último tiempo de la artista, que en su juventud, como escultora mimada del mundo político y social argentino e italiano, había sido una luchadora de “años suntuosos y rugientes”.

Después de dejar la escultura en los años 20, se dedicó a la búsqueda de petróleo en Salta, que para 1931, a sus 65 años, la había dejado sin dinero. Peláez de Justo dice que las sobrinas de la escultora relataron que en 1932 la llevaron a Buenos Aires, y que ella “había tenido un amague de ataque a la cabeza”. Según el periodista, “caminaba con dificultad, perdía la memoria y con frecuencia divagaba expresando ideas inconexas”. Repuesta del ataque, solía salir “a pasear” sola; y en una ocasión el periodista de Noticias Gráficas José Armando Cosentino la encontró bajo la lluvia en el balneario municipal, donde está la Fuente de las Nereidas. “¿Qué pasa, abuelita?”, le preguntó el periodista. “Es que vine a secar a mis hijitas”, le respondió, con un pañuelo mojado en la mano, mirando las nereidas que ella había esculpido. El 17 de agosto de 1935 sufrió otro ataque cerebral.

Poco antes, en 1933, el fundador de LA GACETA, Alberto García Hamilton, que vivía en Buenos Aires, se enteró de la situación de la escultora y el diario informó que la prensa nacional hacía un llamado a la solidaridad por ella. Se organizó una exposición de obras de arte a beneficio, que se abrió en la Sociedad Sarmiento. En 1935 el diputado nacional por Tucumán, Enrique Santillán, presentó un proyecto para que se le diese una pensión mensual. Ella fallecería antes de recibirla.

Hilda Pina Shaw, periodista de La Novela Semanal, publicó la última imagen de la escultora en la cama. Los biógrafos observan que en esa foto “todavía bulle un resto de la prestancia y la coquetería de aquella triunfal signorina de Via Dogali: una expresión de ‘aquí estoy yo’, a pesar de todo”.

El 24 de mayo entró en crisis. Una semana después recibió la visita de su ex marido, Luis Hernández Otero, de quien estaba separada desde 1917. Las sobrinas dijeron que él había sido “su único amor”.

El domingo 7 de junio, a las 13.33, falleció, según contó Peláez de Justo. Había estado tres días en coma. “Murió sin sufrimiento, rodeada por sus tres sobrinas”, dijo el periodista,

LA GACETA la despidió con un título que la definía: “Se apagó el sol del Jardín de la República: Lola Mora”.

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