10 Julio 2006 Seguir en 
Ni una vez, ni una sola, hubo que pedirle a la gente que dejara de aplaudir o de cantar para que alguno de los oradores pudiera seguir con su discurso. Los bombos y los redoblantes sonaron, apenas, lo justo. El de ayer fue un acto frío; los espectadores nunca “entraron en calor”. No era para menos: no era un festejo popular; fue, simplemente, un acto para Néstor Kirchner.Entender así la conmemoración del 190º aniversario de la Declaración de la Independencia servirá para explicar, por ejemplo, por qué durante su mensaje, de 12 minutos, distribuido en una docena de párrafos, el gobernador, José Alperovich, dijo 12 veces “señor presidente”. Su alocución fue un largo tributo de lealtad y no un mensaje al pueblo. Tal vez por eso, sólo lo aplaudieron cuatro veces.
El cuadro se completó con peleas entre barras en la calle. Y con la interna palaciega en el palco. La intentona oficial de anular al vicegobernador, Fernando Juri, fue un tiro por la culata. El se fue con más protagonismo que el que buscaba. Y también con más aplausos.
Al menos, tuvieron la deferencia de terminar a las 13, para que nadie se perdiera la final del Mundial.











