10 Julio 2006 Seguir en 
La mañana de ayer fue decididamente fría. Al 9 de Julio le faltó calor patrio. Cientos de carteles con consignas políticas taparon las banderas argentinas, si es que las hubo. Y los tambores que retumban en los actos proselitistas -los mismos- se escucharon todo el tiempo en la ceremonia de la plaza Independencia.Lo único que hacía recordar que se trataba de una fecha patria eran los abanderados de las escuelas y los 3.000 alumnos que fueron llevados para formar un cordón de varias cuadras sobre la avenida Gobernador del Campo, por donde tenía que pasar el Presidente. Esas “palomitas blancas” ¡qué bien adornan los actos oficiales! No importan la hora ni la temperatura. Ellos desafían el frío, la soledad de un domingo a la madrugada, y el miedo de recorrer calles oscuras y solitarias a las 7 de la mañana. De cualquier forma, sea en colectivo, después de esperar 40 minutos, o en remise -aunque vivan en el interior-, llegan para cumplir con el acto patrio. Nadie lo duda.
El problema era cómo traer a los “no alumnos”, que debían oficiar de “ciudadanos con espíritu patriótico”, para completar la decoración de “una auténtica fiesta cívica”. Se resolvió un traslado en ómnibus (para envidia de alumnos y docentes) y el reparto de carteles con la leyenda “Kirchner - Alperovich”.
El esfuerzo valía la pena. Tucumán fue capital del país (por tres horas) y el gobernador tuvo su acto, con “palomitas blancas” y todo.











