02 Julio 2006 Seguir en 
"Conócete a tí mismo"... Esta es una fase célebre utilizada por el filósofo griego Sócrates en el siglo V a.C. y bien puede servir a tantos buscadores de empleo (o desempleados) para saber que deberán atravesar instancias difíciles durante esta etapa de reinserción laboral. Es muy importante estar preparado psíquicamente para "el trabajo de buscar trabajo"...
La pérdida del empleo "obnubila" el pensamiento creativo del trabajador, bloqueando el nivel de iniciativa y de acción superadora de la situación de crisis.
El verdadero síndrome se presenta como un ataque a las relaciones personales y profesionales, pone en discusión los valores tradicionales ligados al trabajo y la seguridad que el mismo brinda. De un momento para el otro, el trabajador es despojado de su lugar de trabajo, de las relaciones personales que se habían constituído por la función que desempeñaba en la empresa y del reconocimiento social que dicho empleo le confería.
Todo ello resquebraja la identidad del sujeto. Estudiosos de Psicología han relacionado la pérdida del empleo con el proceso de duelo. El duelo es la muerte de una identificación anterior. Por esto, la capacidad de enfrentar una situación de pérdida del empleo está ligada a la capacidad de desligarse de anteriores "ataduras". Este proceso de duelo será tanto más largo y penoso según el grado de ataduras que haya tenido para con la empresa, el grado de compromiso que personalmente tenía asumido con ella, grado de identificación y lo que en definitiva significaban el trabajo y la empresa en su vida.A lo expresado en el punto anterior se suma en la persona, un sentimiento de vergüenza o un sentimiento de derrota personal. De hecho, la vergüenza sentida por quien ha perdido su empleo es engendrada por una vergüenza colectiva que es, sin duda, la suma de nuestros miedos individuales y angustias sobre el "ser desocupado". Por esto, cómo trata la empresa a quien debe abandonarla tiene un fuerte mensaje a aquellos que continúan en la ella.
Muy a menudo la pérdida del empleo y la degradación de la pareja forman un espiral, un sistema de elementos en interacción. Muchos sujetos han sumado a su condición de desocupados la de divorciados o separados de su pareja.
Quienes sufren la pérdida del trabajo tienden a descargar su agresividad contra los seres más próximos y conocidos. Esto trae serias consecuencias relacionales en el seno familiar y/o grupos de pertenencia. Pensemos que el hogar es nuestro grupo social primario, es el refugio compensador y, de repente, se convierte en un lugar de desahogo libre. La pareja, los hijos, nuestros afectos más próximos, se convierten en el "chivo emisario" de todas las agresividades sufridas por el desocupado. Y todo lo que él no puede ejercer sobre el verdadero objeto de su resentimiento, se vuelve contra él mismo y contra sus seres más queridos en lo que se denomina un "proceso de búsqueda de destinatario".?
La pérdida del empleo "obnubila" el pensamiento creativo del trabajador, bloqueando el nivel de iniciativa y de acción superadora de la situación de crisis.
El verdadero síndrome se presenta como un ataque a las relaciones personales y profesionales, pone en discusión los valores tradicionales ligados al trabajo y la seguridad que el mismo brinda. De un momento para el otro, el trabajador es despojado de su lugar de trabajo, de las relaciones personales que se habían constituído por la función que desempeñaba en la empresa y del reconocimiento social que dicho empleo le confería.
Todo ello resquebraja la identidad del sujeto. Estudiosos de Psicología han relacionado la pérdida del empleo con el proceso de duelo. El duelo es la muerte de una identificación anterior. Por esto, la capacidad de enfrentar una situación de pérdida del empleo está ligada a la capacidad de desligarse de anteriores "ataduras". Este proceso de duelo será tanto más largo y penoso según el grado de ataduras que haya tenido para con la empresa, el grado de compromiso que personalmente tenía asumido con ella, grado de identificación y lo que en definitiva significaban el trabajo y la empresa en su vida.A lo expresado en el punto anterior se suma en la persona, un sentimiento de vergüenza o un sentimiento de derrota personal. De hecho, la vergüenza sentida por quien ha perdido su empleo es engendrada por una vergüenza colectiva que es, sin duda, la suma de nuestros miedos individuales y angustias sobre el "ser desocupado". Por esto, cómo trata la empresa a quien debe abandonarla tiene un fuerte mensaje a aquellos que continúan en la ella.
Muy a menudo la pérdida del empleo y la degradación de la pareja forman un espiral, un sistema de elementos en interacción. Muchos sujetos han sumado a su condición de desocupados la de divorciados o separados de su pareja.
Quienes sufren la pérdida del trabajo tienden a descargar su agresividad contra los seres más próximos y conocidos. Esto trae serias consecuencias relacionales en el seno familiar y/o grupos de pertenencia. Pensemos que el hogar es nuestro grupo social primario, es el refugio compensador y, de repente, se convierte en un lugar de desahogo libre. La pareja, los hijos, nuestros afectos más próximos, se convierten en el "chivo emisario" de todas las agresividades sufridas por el desocupado. Y todo lo que él no puede ejercer sobre el verdadero objeto de su resentimiento, se vuelve contra él mismo y contra sus seres más queridos en lo que se denomina un "proceso de búsqueda de destinatario".?







