02 Julio 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES. - Las relaciones económicas y laborales de los años `90 estuvieron marcadas por una novedosa realidad, como lo fue la paradoja de un crecimiento económico sin el acompañamiento de un aumento del nivel de empleo en la misma proporción. Las razones de ese desfase merecieron explicaciones de diferente clase, todas atendibles pero que poco le importaban a la creciente masa de desempleados que observaban cómo crecía la economía en general sin que ello le reportara un beneficio palpable a sus economías personales.Nunca como en los últimos días coincidieron tantas informaciones como para marcar el inicio de una nueva paradoja para los años que vienen: para estos tiempos, la baja del desempleo no viene acompañada de una mejora en la calidad de vida de los que se incorporaron al mercado laboral. Entusiasmado por encabezar el primer gobierno de los últimos años que consiguió reducir de manera notoria los niveles de desempleo, el presidente Néstor Kirchner adelantó el miércoles que "habrá noticias que asombrarán". Al día siguiente, él mismo se encargo de difundirlas: la desocupación descendió al 9,8%, el nivel más bajo de los últimos 12 años y la mitad del récord del primer trimestre de 2002.
Desde diferentes posiciones, el director de la Sociedad de Estudios Laborales (SEL), Ernesto Kritz, y el diputado y economista de la CTA Claudio Lozano relativizaron las mejoras en el mercado laboral presentadas por el Gobierno. Al hablar en un congreso organizado por el Consejo Profesional de Ciencias Económicas, Kritz alertó que tener un empleo "no garantiza una buena situación social" y que el deterioro en ese aspecto se pone en evidencia al comprobar que con un desempleo similar al de 1994, "la situación de bienestar, inclusión y equidad sigue bastante peor que cuando comenzó este ciclo".
Una confirmación de un viejo principio al que la sociedad argentina se acostumbró a fuerza de golpes: de cada crisis se sale en peores condiciones que en la crisis anterior. Los reacomodamientos de los últimos 12 años desembocaron en una precarización de la calidad del empleo y del nivel real de las remuneraciones. Gran parte de la explicación de ese deterioro puede encontrarse en la investigación que realizaron Lozano y la economista Ana Rameri, en la que se pone de manifiesto lo relativo de algunas decisiones oficiales que no cuajan en la realidad cotidiana: más de la mitad de los trabajadores del país perciben ingresos inferiores al salario mínimo. "De más está decir que esto no implica invalidar el uso de la política de salario mínimo", acotaron Lozano y Rameri, para quienes esa realidad "obliga a acotar su significado y a ratificar que, en el contexto de la Argentina actual, la fijación del mínimo es solo uno de los instrumentos a considerar a la hora de definir una efectiva política de ingresos". Advirtieron que en el segundo semestre de 2005 el 54% de los ocupados urbanos gana menos de los $ 630 definidos como salario mínimo para dicho período, porcentaje que se ubica en 51,4% si sólo se toman a los asalariados y sube al 54,5% en el caso de los asalariados del sector privado. "¿Esto no relativiza el alcance de la política de salario mínimo?", se preguntaron Lozano y Rameri, el mismo día en que se cumplieron cuarenta años del derrocamiento de Arturo Illia, el presidente que promulgó la ley que lo implementó.
Entre las razones que llevaron a ese gobierno a implementar por ley el salario mínimo, vital y móvil, se destacaban las de "evitar la explotación de los trabajadores en aquellos sectores en los cuales puede existir un exceso de mano de obra", "asegurar un ingreso mínimo adecuado" y "mejorar los salarios de los trabajadores más pobres". Como la comitiva del frustrado homenaje al ex presidente, esos principios tampoco pudieron ingresar aún a la Casa Rosada.







