Balance a mitad de año

Enrique J. Martínez - Analista Bursátil.

01 Julio 2006
Cuando llegamos a mediados de año los mercados se enderezaron afuera y en lo doméstico. La suba de la tasa de interés -muy anunciada- en los Estados Unidos es la de corto plazo, que, al 5,25% anual, muestra que ese país capta fondos casi al doble de lo que le cuesta a una empresa citrícola local prefinanciar sus exportaciones al 3%, en un año que no es de los mejores. El dato de la realidad es que el dólar vale menos, y las reservas argentinas y el valor de la exportación en esa divisa se redujeron. El único beneficio es que se abaratan las importaciones, cuando tenemos una buena balanza comercial.
Antes, cuando subían las tasas mundiales de referencia, la receta para los países emergentes era subir los intereses domésticos para que no colapse el tipo de cambio, pero se estrangulaba la economía. Esto hacía subir el costo del crédito para las empresas, lo que terminaba golpeando a los bancos.
La semana pasada, Larry Summers -ex secretario del Tesoro de los EE.UU.- recomendó no comprar tantos bonos de ese país, porque, descontada la inflación y el costo cambiario, el rendimiento de esos títulos “será cero”, vaticinaba.
Entonces, es la oportunidad -ahora- para los bonos de países emergentes como la Argentina, que tiene doble superávit fiscal y comercial, y puede recuperar la salida masiva (de capitales) que soportó desde mayo en sus acciones.
Así queda planteado el mundo financiero para el resto de 2006: se desacelera levemente el ritmo de la economía argentina -pero no tanto-; se entusiasman la construcción y los sectores automotriz y metalmecánico; hay bastante liquidez para consumo y poca inversión para dar valor agregado a los productos básicos. Mientras sigue pendiente el ajuste de los combustibles y de las tarifas; continúan los subsidios discrecionales y la Bolsa sigue con una base de optimismo.



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