11 Junio 2006 Seguir en 
La psicología laboral suele utilizar la metáfora del iceberg para explicar que en toda empresa existe una pequeña parte visible sobre la superficie, mientras que el segmento mayor permanece debajo del agua, invisible a los ojos del observador común.
Esta metáfora tan sencilla señala la enorme importancia que tienen los aspectos informales, no establecidos, en los resultados de una empresa.
El psicólogo chileno Rodrigo Pérez Pincheira, reconocido especialista en la materia, explica un fenómeno complejo que forma parte de la parte oculta del iceberg. Dice que en las empresas suele haber "camarillas" que tienen poder para influir en las decisiones relevantes.
"La empresa, como metáfora del poder, es un lugar en donde las decisiones importantes no sólo se toman con base en un plan estratégico, objetivos, prioridades, sino también por efecto de las fuerzas que ejercen personas, grupos, bandos, facciones, en donde hay vencedores y vencidos, héroes, heridos y muertos", afirma el experto.
Entiende como "poder" la capacidad para hacer, para influir sobre la conducta de los demás en la dirección deseada, a diferencia de "autoridad", que es la capacidad que tienen las personas para influir sobre los demás como consecuencia de estar investidas de un cargo formal (un jefe, un gerente general, un obispo). Así, una persona puede tener autoridad pero no poder.Es decir, la autoridad tiene la fuerza para lograr que las personas hagan lo que tienen que hacer, fuerza que proviene de su investidura, no de él mismo. En tanto, alguien puede tener poder aunque no tenga no autoridad. Es decir, ejerce su influencia sobre las personas sin estar investida de un cargo particular.
Se puede sostener que las "camarillas" tienen poder pero no autoridad. Su fuente de poder son las mismas personas, que mediante sus gestos, conductas y actitudes entregan poder al líder para que los guíe por un camino que lleva a satisfacer las necesidades del grupo. Quien sea capaz de satisfacer esas necesidades, recibe poder para liderar al grupo.
"En la empresa, que es el foco de este análisis, las necesidades de las personas son diversas: mejorar ingresos, de producción, de status, de reconocimiento, de afecto, seguridad, de realización, de pertenencia, etc. Lo interesante es que estas necesidades co-existen con las necesidades de la empresa: crecer, fidelizar clientes, ampliar cartera, conquistar nuevos mercados, cumplir las metas y planes establecidos, etc -explica Pérez Pincheira-. Así es que el líder natural, el gerente general, el administrador de la organización, debe ser capaz de gobernar equilibrando la satisfacción de las necesidades de la empresa y de las personas, y esta es una desafiante y compleja tarea, siendo la ausencia de este equilibrio de consecuencias a menudo adversas para todos".
La autoridad que tiene una figura como un gerente es potenciada con el liderazgo, cuando es capaz de satisfacer en forma equilibrada ambos intereses: los de la empresa y los de las personas.
Así, las llamadas "camarillas" vienen a sustituir las debilidades que puede tener una autoridad en satisfacer los requerimientos de las personas, ejerciendo su influencia e intermediación para conseguir regalías, beneficios, mejores condiciones para algunos (ellos mismos), no para todos, generando resentimientos y desconcierto en el resto del grupo. Con este rol adquieren un poder que debilita a quien debiera poseerlo, el gerente, y es síntoma claro de que la organización se está tornando inestable, caótica, con un funcionamiento por debajo del nivel esperado.
"El gerente, para potenciar su liderazgo y lograr que el grupo lo siga, debe ser capaz de interpretar las necesidades del grupo y no descuidarlas, ofreciendo soluciones justas y para todos, consciente de que existe una ?tensión social? que es necesario manejar con madurez, firmeza y visión de largo alcance -concluye el especialista-. La búsqueda de esta armonía personas-empresa es un camino por recorrer, es un proceso que se desarrolla a través del tiempo y es fruto del esfuerzo sistemático, de planificar e implantar cambios relevantes logrando la participación de todos los actores involucrados. Los resultados son lograr las metas de la empresa por medio del compromiso de las personas, por medio del alineamiento de objetivos personales con los objetivos laborales".
Esta metáfora tan sencilla señala la enorme importancia que tienen los aspectos informales, no establecidos, en los resultados de una empresa.
El psicólogo chileno Rodrigo Pérez Pincheira, reconocido especialista en la materia, explica un fenómeno complejo que forma parte de la parte oculta del iceberg. Dice que en las empresas suele haber "camarillas" que tienen poder para influir en las decisiones relevantes.
"La empresa, como metáfora del poder, es un lugar en donde las decisiones importantes no sólo se toman con base en un plan estratégico, objetivos, prioridades, sino también por efecto de las fuerzas que ejercen personas, grupos, bandos, facciones, en donde hay vencedores y vencidos, héroes, heridos y muertos", afirma el experto.
Entiende como "poder" la capacidad para hacer, para influir sobre la conducta de los demás en la dirección deseada, a diferencia de "autoridad", que es la capacidad que tienen las personas para influir sobre los demás como consecuencia de estar investidas de un cargo formal (un jefe, un gerente general, un obispo). Así, una persona puede tener autoridad pero no poder.Es decir, la autoridad tiene la fuerza para lograr que las personas hagan lo que tienen que hacer, fuerza que proviene de su investidura, no de él mismo. En tanto, alguien puede tener poder aunque no tenga no autoridad. Es decir, ejerce su influencia sobre las personas sin estar investida de un cargo particular.
Se puede sostener que las "camarillas" tienen poder pero no autoridad. Su fuente de poder son las mismas personas, que mediante sus gestos, conductas y actitudes entregan poder al líder para que los guíe por un camino que lleva a satisfacer las necesidades del grupo. Quien sea capaz de satisfacer esas necesidades, recibe poder para liderar al grupo.
"En la empresa, que es el foco de este análisis, las necesidades de las personas son diversas: mejorar ingresos, de producción, de status, de reconocimiento, de afecto, seguridad, de realización, de pertenencia, etc. Lo interesante es que estas necesidades co-existen con las necesidades de la empresa: crecer, fidelizar clientes, ampliar cartera, conquistar nuevos mercados, cumplir las metas y planes establecidos, etc -explica Pérez Pincheira-. Así es que el líder natural, el gerente general, el administrador de la organización, debe ser capaz de gobernar equilibrando la satisfacción de las necesidades de la empresa y de las personas, y esta es una desafiante y compleja tarea, siendo la ausencia de este equilibrio de consecuencias a menudo adversas para todos".
La autoridad que tiene una figura como un gerente es potenciada con el liderazgo, cuando es capaz de satisfacer en forma equilibrada ambos intereses: los de la empresa y los de las personas.
Así, las llamadas "camarillas" vienen a sustituir las debilidades que puede tener una autoridad en satisfacer los requerimientos de las personas, ejerciendo su influencia e intermediación para conseguir regalías, beneficios, mejores condiciones para algunos (ellos mismos), no para todos, generando resentimientos y desconcierto en el resto del grupo. Con este rol adquieren un poder que debilita a quien debiera poseerlo, el gerente, y es síntoma claro de que la organización se está tornando inestable, caótica, con un funcionamiento por debajo del nivel esperado.
"El gerente, para potenciar su liderazgo y lograr que el grupo lo siga, debe ser capaz de interpretar las necesidades del grupo y no descuidarlas, ofreciendo soluciones justas y para todos, consciente de que existe una ?tensión social? que es necesario manejar con madurez, firmeza y visión de largo alcance -concluye el especialista-. La búsqueda de esta armonía personas-empresa es un camino por recorrer, es un proceso que se desarrolla a través del tiempo y es fruto del esfuerzo sistemático, de planificar e implantar cambios relevantes logrando la participación de todos los actores involucrados. Los resultados son lograr las metas de la empresa por medio del compromiso de las personas, por medio del alineamiento de objetivos personales con los objetivos laborales".







