28 Mayo 2006 Seguir en 
El estruendo punk y jocoso del grupo cordobés "Pequeño Bambi" estalló todas las noches desde el viernes 19 hasta el miércoles pasado en los pabellones Rojo y Amarillo de la Rural de Palermo. Todos los días, a las 13, abría sus puertas y, exactamente a las 21.30, durante las cinco jornadas que duró la 15 edición de Arte Ba, este colectivo artístico de la ciudad mediterránea le puso energía y euforia a los miles de visitantes que pagaban $ 12 la entrada a esta feria.
Si bien el arte está tradicionalmente unido a una actitud contemplativa y a la reflexión meditada, en las actuales manifestaciones se pueden desprender los botones de la chaqueta y hacer unas desfachatadas versiones punk de "Como una loba" de Valeria Lynch, o de "Explota mi corazón", de Raffaella Carrá.
Si sumamos este ejemplo una obra del porteño Gastón Pérsico, en la que se escucha por auriculares a cuatro bandas de heavy metal hacer canciones (SIC) con textos de filósofos como Foucault, Delleuze o Zizek, se puede pensar que el arte es un acto de liberación que escapa de toda ambición académica o mercantil. Pero no es exactamente así.
Estas dos obras estaban en la entrada de la megaferia, junto al grupo de artistas seleccionados y premiados por la empresa Petrobras. Y aquí se veían los números, pues la obra de Pérsico recibió el segundo premio de $10.000 y la rosarina Eugenia Calvo obtuvo los $30.000 del primero, con una instalación de videos que literalmente hizo estallar la decoración de su casa.
Sólo unos metros más adelante de ellos estaban las galerías y espacios que exponen a pesos pesados del arte argentino moderno y contemporáneo. Aquí hubo obras que valen hasta 100.000 dólares. Alrededor de ellos había de todo: las galerías se codeaban con las editoriales y Alan Faena con Ruth Infarinato. Se juntaban los artistas con los coleccionistas y los teóricos con los directores de museo. La gente habla ba de arte y de ventas. Los artistas hablaban de ventas y de fiestas. Porque todos los días la euforia de "Pequeño Bambi" anunciaba el cierre de la feria y eso significaba que el público se iba a su casa y los artistas, mecenas y teóricos se iban a seguir hablando a otro lado, siempre de arte.
Se hablaba y se comía, pues cada una de las cinco noches del evento, el Malba o cualquier otro coleccionista rico de Buenos Aires hacía un ágape más o menos exclusivo para honrar el encuentro. ¿Ahí también se hablaba de precios y de porcentajes? Seguro. En Arte Ba se habla de precios pagados y de precios por pagar. Claro que no de pinturas a crédito, sino de inversión en artistas que en un futuro próximo van a estar cotizando en alza.
Y hasta para eso estuvo organizada la muestra que tenía un gran espacio central para las galerías y otros laterales donde se ubican las propuestas experimentales y emergentes cuya producción está siendo valorada y mirada por aquel sector central. Si se calificara de "Primera A" al sector de galerías, Petrobras y Barrio Joven serían la "Primera B". Por eso no era raro ver a Orly Benzacar, la dueña de una de las galerías más refinadas de Buenos Aires, paseando todas las tardes entre los chicos de Appetite, mirando los murales que día a día se dibujan en el espacio del Club del dibujo o sentándose cómodamente a ver los videos de La Baulera de Tucumán.
Tucumán tuvo presencia a cuentagotas, pero estuvo en el sector de galerías y en Barrio Joven. La Baulera presentó un pack de videos en formato DVD que representan a 19 artistas agrupados en el centro cultural próximo al ex Abasto. Este grupo fue seleccionado por segundo año consecutivo para integrar el Barrio Joven. Y por segundo año tuvo relevancia su propuesta. De los cinco packs, vendió uno, y dos más fueron reservados.
Todo puede ser, pues los contactos que se hacen son fructíferos tanto en dinero como en el apoyo a nuevos proyectos. Y con el tiempo los chicos juegan en primera. Ya hay varios que pasaron a la trastienda de galerías grandes (algo así como el banco de suplentes) y otros que directamente venden muy bien. Tal es el caso de Guillermo Rodríguez, o de Sandro Pereira, que vende sus trabajos en dólares y participa del proyecto "baulero" por algunas monedas.
Jorge Gutiérrez, director de La Baulera, decía a poco de cerrar la muestra que esta edición fue un verdadero éxito.
Luego de 15 años, esta reunión anual de artistas, galeristas y mecenas (que ahora se llaman coleccionistas) pasó sucesivamente de ser un panorama del patrimonio artístico argentino a convertirse en paradigma del arte contemporáneo sudamericano. Gutiérrez dice que la feria se fue "bienalizando", o sea que las propuestas se hicieron cada vez más concisas y arriesgadas, y con ese término alude a la bienales de San Pablo (Brasil) y Venecia (Italia), donde se mueve el mercado y las tendencias del arte.
También se puede decir que Arte Ba genera ideas de un mercado, pero para que ese mercado sea coherente y rentable, el alto riesgo de las propuestas artísticas debe estar contenido por una formación muy rigurosa y una constante cohesión de intereses. Por algo todos los días el salón Auditorio se llenaba de raros peinados de artistas y spray perfumado de señoras que querían escuchar conferencias sobre "Cómo entender el arte contemporáneo".
Se necesita ayuda y muchas relaciones para producir e invertir. Las ferias y las fiestas tienen más de un sentido. Para que "Pequeño Bambi" sea algo más que un grupo de chicas punk y para que el artista Pablo Siquier sea mucho más que una serie de líneas negras sobre fondo blanco hace falta espíritu. Hacen falta ganas y viene muy bien una feria.
Si bien el arte está tradicionalmente unido a una actitud contemplativa y a la reflexión meditada, en las actuales manifestaciones se pueden desprender los botones de la chaqueta y hacer unas desfachatadas versiones punk de "Como una loba" de Valeria Lynch, o de "Explota mi corazón", de Raffaella Carrá.
Si sumamos este ejemplo una obra del porteño Gastón Pérsico, en la que se escucha por auriculares a cuatro bandas de heavy metal hacer canciones (SIC) con textos de filósofos como Foucault, Delleuze o Zizek, se puede pensar que el arte es un acto de liberación que escapa de toda ambición académica o mercantil. Pero no es exactamente así.
Estas dos obras estaban en la entrada de la megaferia, junto al grupo de artistas seleccionados y premiados por la empresa Petrobras. Y aquí se veían los números, pues la obra de Pérsico recibió el segundo premio de $10.000 y la rosarina Eugenia Calvo obtuvo los $30.000 del primero, con una instalación de videos que literalmente hizo estallar la decoración de su casa.
Sólo unos metros más adelante de ellos estaban las galerías y espacios que exponen a pesos pesados del arte argentino moderno y contemporáneo. Aquí hubo obras que valen hasta 100.000 dólares. Alrededor de ellos había de todo: las galerías se codeaban con las editoriales y Alan Faena con Ruth Infarinato. Se juntaban los artistas con los coleccionistas y los teóricos con los directores de museo. La gente habla ba de arte y de ventas. Los artistas hablaban de ventas y de fiestas. Porque todos los días la euforia de "Pequeño Bambi" anunciaba el cierre de la feria y eso significaba que el público se iba a su casa y los artistas, mecenas y teóricos se iban a seguir hablando a otro lado, siempre de arte.
Se hablaba y se comía, pues cada una de las cinco noches del evento, el Malba o cualquier otro coleccionista rico de Buenos Aires hacía un ágape más o menos exclusivo para honrar el encuentro. ¿Ahí también se hablaba de precios y de porcentajes? Seguro. En Arte Ba se habla de precios pagados y de precios por pagar. Claro que no de pinturas a crédito, sino de inversión en artistas que en un futuro próximo van a estar cotizando en alza.
Y hasta para eso estuvo organizada la muestra que tenía un gran espacio central para las galerías y otros laterales donde se ubican las propuestas experimentales y emergentes cuya producción está siendo valorada y mirada por aquel sector central. Si se calificara de "Primera A" al sector de galerías, Petrobras y Barrio Joven serían la "Primera B". Por eso no era raro ver a Orly Benzacar, la dueña de una de las galerías más refinadas de Buenos Aires, paseando todas las tardes entre los chicos de Appetite, mirando los murales que día a día se dibujan en el espacio del Club del dibujo o sentándose cómodamente a ver los videos de La Baulera de Tucumán.
Tucumán tuvo presencia a cuentagotas, pero estuvo en el sector de galerías y en Barrio Joven. La Baulera presentó un pack de videos en formato DVD que representan a 19 artistas agrupados en el centro cultural próximo al ex Abasto. Este grupo fue seleccionado por segundo año consecutivo para integrar el Barrio Joven. Y por segundo año tuvo relevancia su propuesta. De los cinco packs, vendió uno, y dos más fueron reservados.
Todo puede ser, pues los contactos que se hacen son fructíferos tanto en dinero como en el apoyo a nuevos proyectos. Y con el tiempo los chicos juegan en primera. Ya hay varios que pasaron a la trastienda de galerías grandes (algo así como el banco de suplentes) y otros que directamente venden muy bien. Tal es el caso de Guillermo Rodríguez, o de Sandro Pereira, que vende sus trabajos en dólares y participa del proyecto "baulero" por algunas monedas.
Jorge Gutiérrez, director de La Baulera, decía a poco de cerrar la muestra que esta edición fue un verdadero éxito.
Luego de 15 años, esta reunión anual de artistas, galeristas y mecenas (que ahora se llaman coleccionistas) pasó sucesivamente de ser un panorama del patrimonio artístico argentino a convertirse en paradigma del arte contemporáneo sudamericano. Gutiérrez dice que la feria se fue "bienalizando", o sea que las propuestas se hicieron cada vez más concisas y arriesgadas, y con ese término alude a la bienales de San Pablo (Brasil) y Venecia (Italia), donde se mueve el mercado y las tendencias del arte.
También se puede decir que Arte Ba genera ideas de un mercado, pero para que ese mercado sea coherente y rentable, el alto riesgo de las propuestas artísticas debe estar contenido por una formación muy rigurosa y una constante cohesión de intereses. Por algo todos los días el salón Auditorio se llenaba de raros peinados de artistas y spray perfumado de señoras que querían escuchar conferencias sobre "Cómo entender el arte contemporáneo".
Se necesita ayuda y muchas relaciones para producir e invertir. Las ferias y las fiestas tienen más de un sentido. Para que "Pequeño Bambi" sea algo más que un grupo de chicas punk y para que el artista Pablo Siquier sea mucho más que una serie de líneas negras sobre fondo blanco hace falta espíritu. Hacen falta ganas y viene muy bien una feria.
Propuestas sobresalientes
En el espacio principal sobresalió la propuesta más bien conservadora de la galería Maman, las más sofisticadas de Ruth Benzacar, Dabbah Torrejon yBraga Menendez. Y Dabbah Torreján es la mas exquisita muestra de arte actual. Estuvieron presentes galerías de Brasil, como Leme o Thomas Cohn, La colombiana Al Cuadrado, y la española Luis Adelantado.







