"Doña Rosita la soltera" generó polémica, con elogios y críticas

Hubo opiniones divididas con respecto a la versión de Oscar Barney Finn, principalmente sobre la presencia de García Lorca en la obra.

GARCIA LORCA Y DOÑA ROSITA. El personaje central (Gloria Berbuc) le reprocha a su creador (Daniel Cabot) que su vida siempre estuvo en sus manos.(LA GACETA/Héctor Peralta)
GARCIA LORCA Y DOÑA ROSITA. El personaje central (Gloria Berbuc) le reprocha a su creador (Daniel Cabot) que su vida siempre estuvo en sus manos.(LA GACETA/Héctor Peralta)
26 Mayo 2006
La puesta de "Doña Rosita la soltera", que se estrenó antenoche en el teatro San Martín, generó polémicas. Cosechó elogios, por un lado y críticas por otro. La verdad es que muy pocos permanecieron indiferentes, lo que ya es todo un logro en una propuesta artística. La versión de Oscar Barney Finn plantea como innovación la introducción del autor Federico García Lorca, en la propia obra, desarrollada en un solo acto. "A mí me encantó; creo que la presencia de García Lorca enriquece mucho a "Doña Rosita la soltera", pero además, visualmente toda la puesta fue bellísima", le dijo a LA GACETA la actriz Thelma Biral, que fue aplaudida largamente por el público cuando se anunció su presencia en el palco. Precisamente, la función de estreno fue dedicada a ella, quien interpretó Doña Rosita hace más de 20 años en Buenos Aires.La escenografía (de Alberto Negrín) fue uno de los aspectos más comentados por los espectadores. Las acciones se realizaron sobre una rampa inclinada (en su punto más alto tenía más de dos metros de altura) que se extendía hasta la platea, lo que ofrecía un aspecto diferente del espacio escénico.Los diálogos entre Doña Rosita y García Lorca fueron, por momentos, conmovedores, como cuando ella le reprocha por su destino, el de quedarse sola: "mi vida siempre estuvo en tus manos", le espeta, a lo que el poeta le responde: "No comprendes que tu tienes mucho de mi", en una clara alusión a la identidad de García Lorca.Otra de las escenas más emocionantes fue cuando Doña Rosita se lamenta, sobre su vestido de novia, por haber vivido de los recuerdos y por el tiempo que todo lo destruye.Uno de los puntos del debate fue el de las actuaciones.Los actores trabajaron sobre esa rampa inclinada, en una situación de evidente inestabilidad. Pero hace 10 días pudo ser instalada, por lo que los ensayos sobre esa superficie no fueron muchos. Es claro, como dijo Alejandro Samek, que no se puede juzgar por la noche de estreno. "Se notó que los chicos estaban muy nerviosos", señaló el director.Hubo tres o cuatro equivocaciones de entradas (cuando algunos empezaban su texto y otros no habían terminado el suyo, por ejemplo), pero también es cierto que en sus roles protagónicos, Gloria Berbuc y Daniel Cabot deben fortalecer su presencia y, sobre todo, sus voces. En el escenario, la solidez actoral de Alicia López Vera y Norah Castaldo (el ama y la tía, respectivamente) se destacó en el elenco.Una de las plateístas, Leticia Canosa, dijo que se quedaba con la versión original. "No me gustó esto de incorporar a García Lorca. A los clásicos hay que respetarlos como tales", se quejó. Para Sergio Saksonoff la obra "está descontextualizada. Hay que revisar las temáticas de lo que se pone".Dentro y fuera de la salaSONIDOS MOLESTOS.- La puesta, que se extendió durante una hora y media, tuvo un molesto coro de toses en la sala, y de voces y murmullos en los pasillos. Como si fuera poco, un par de celulares insistieron en sonar en tres oportunidades.UN CONFLICTO PRESENTE.- En el ingreso a la sala, bailarines, técnicos y músicos repartieron volantes contra el secretario Mauricio Guzman. También contenían acusaciones contra las directoras del Ballet Estable, del Grupo de Danza Contemporánea, y la del área técnica. "La violencia laboral atenta contra la libertad de expresión", afirmaban los artistas, quienes demandan estabilidad y mejores condiciones laborales.APLAUSOS APRESURADOS.- El público pareció no entender el final del espectáculo, porque aplaudió cuando todavía no había terminado. La última escena, cuando asomaron desde un armario dos personajes simbólicos de la sociedad oscurantista española, un obispo y un militar, perdió toda carga dramática.EMPANADAS Y VINO.- Cuando concluyó la función, los artistas y técnicos fueron agasajados con un ágape. No faltaron los festejos y los ramos de rosas para algunas de las actrices. Luego, Oscar Barney Finn, Thelma Biral, Alejandro Samek y Mauricio Guzman, entre otros, fueron a cenar a un restaurante de Laprida al 600.EL HIMNO NACIONAL.- La función de gala se realizó en conmemoración del 25 de Mayo. Por eso, el público asistió sólo por invitación junto con las autoridades de la provincia. El Himno Nacional se cantó a las 22.20 del miércoles, antes del inicio de la obra de García Lorca.

Hacer hablar a los clásicos
Por Jorge Figueroa (redactor, jfigueroa@lagaceta.com.ar)
Si García Lorca se levantara de la tumba, probablemente no estaría disconforme con la versión de Oscar Barney Finn. La introducción del autor en la obra posibilita un conocimiento más directo del poeta granadino, y de su relación con su propio trabajo. Los cruces temporales que establece el director constituyen otro hallazgo, porque crean núcleos de tensión entre Doña Rosita y Rosita, García Lorca y Doña Rosita, y Rosita y su novio. La historia de amor cuenta con una escenografía cuyo piso es una rampa inclinada, como metáfora del derrumbe de una sociedad. Podría advertirse, sí, la necesidad de mayores ajustes en las actuaciones. En definitiva, los clásicos siempre tienen algo nuevo que decir (por algo permanecen). Basta que se los haga hablar.

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