Son demasiados interrogantes

Punto de vista por Juan Quesada A. (Analista español - Socio director de Stoa Consultores Políticos). Exclusivo para LA GACETA.

26 Marzo 2006
Durante demasiados años, los españoles soñamos con la "tregua permanente de ETA". Es cierto que ese deseo puede convertirse en una realidad, pero la euforia no nos puede desviar de los aspectos de fondo que tiene esa decisión. Existen demasiados detalles a tener en cuenta, que nos hacen ver que la razón no puede superar a la emoción.
No podemos olvidar que la banda terrorista cuenta en su haber con casi 1.000 muertes a sus espaldas. Han sido demasiadas las familias de las víctimas que amparándose en el Estado de derecho desean que los verdugos de sus familiares cumplan las penas. También hay que ver la vinculación de esta tregua con las pretensiones nacionalistas de la mayoría de la clase política en Cataluña y el País Vasco. No podemos olvidar que parte de los deseos independentistas pasan por una encubierta desmembración de nuestro país.
Hace horas supimos que el propio líder de los nacionalistas moderados de Convergencia i Unió (CiU), Artur Mas, declaró: "si el proyecto catalán hubiera fracasado, el proceso vasco sería más difícil". También se aprobó un Nuevo Estatuto para Cataluña en el que se declara que Cataluña es una Nación. Sabemos que el juez Fernando Grande Marlaska aplazó la comparecencia y petición de prisión incondicional del líder de la ilegalizada Batasuna, brazo político de ETA. Por otra parte, la policía francesa informó del robo de una furgoneta y el cargamento de material explosivo en ese país. Son detalles valederos a la hora de evaluar el proceso y de plantear el beneficio de la duda, dados los fracasos de gobiernos anteriores.

Existen diferencias, pero...
En las negociaciones del gobierno del Partido Popular en Suiza, después del anuncio de una "falsa tregua", ese período solo sirvió para que los terroristas tuvieran margen de operatividad, rearmarse y crear nuevos comandos.
Hoy existen diferencias políticas y de actitud, pero lo que dudo es que las pretensiones de la ETA hayan cambiado. Se han conocido detalles de la participación de mediadores que intervinieron en el proceso negociador con el IRA. Se rumorea que se pediría la participación del premier británico Tony Blair, además de Bill Clinton, o que las conversaciones se habrían iniciado hace dos años en Suiza y Noruega entre miembros del Partido Socialista y el ETA.
Sin embargo, hasta ahora nadie ha contestado a preguntas como: ¿cumplirán los terroristas encarcelados sus penas? ¿Estaríamos hablando de una amnistía encubierta como pago a dejar las armas? ¿Qué explicación razonable y que planteamiento se les va a hacer a los familiares de las víctimas? ¿Se celebrará en el País Vasco un referéndum para la autodeterminación de Euskadi? ¿Será este un paso previo a la legalización de Batasuna, brazo político de ETA? ¿Entregará definitivamente las armas la banda terrorista? ¿Cumplirá el Presidente del Gobierno con el resto de las fuerzas políticas del país el pacto contra el terrorismo y las libertades que él firmó, y que luego desactivó a su llegada al poder hace dos años? ¿Acabarán en la cárcel los terroristas que no han sido detenidos hasta el momento?
Son demasiados interrogantes que esperamos se resuelvan, próximamente. La complejidad de este proceso hace pensar que, como ha ocurrido en otras oportunidades, habrá vencedores y vencidos. Debemos preguntar de forma activa a las víctimas, al resto de los partidos políticos, a la base social del país, para que entre todos se construya una paz definitiva. Sería un grave error que este proceso se convierta en el primer paso para una desmembración de España, o que asesinos terroristas salgan en libertad, e insulten de forma descarada a las familias de las víctimas o que, con el afán de protagonismo, un presidente firme una paz a cualquier precio.

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