Hace un año el teatro tucumano perdía a Carlos Olivera, uno de su grandes creadores

El actor y director fue el responsable de algunos de los más resonantes éxitos de la escena local. Un recuerdo imborrable.

19 Marzo 2006
A Carlos Olivera se lo va a recordar siempre dentro de la historia del teatro tucumano por la cantidad y la calidad de los espectáculos en los que participó como actor y como director. Hace exactamente un año, después de terminar un ensayo de la pieza que estaba preparando con el elenco del teatro Estable de la provincia, lo sorprendió la muerte. Sus compañeros de elenco contaron en aquella oportunidad que la interpretación de la escena que Olivera entregó en su último ensayo fue conmovedora. Su existencia no podría haber concluido de otra manera, casi como con la caída del telón.
Olivera se había iniciado en el teatro a muy temprana edad. A los 16 años integró la Escuela Federación de Teatros Independientes y poco después, se inscribió en los cursos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT. De aquellos cursos surgiría el núcleo de actores que formaría posteriormente el teatro Estable de la Provincia.
Sus trabajos como actor lo confirmaron como uno de los intérpretes más dúctiles de la escena local. Entre las muchas obras que protagonizó pueden destacarse “Galileo Galilei”, “Sacco y Vanzetti”, “Los lobos”, o “Aeroplanos”, en los últimos años. Pero Olivera exhibe entre sus pergaminos el raro privilegio de haber sido protagonista en los elencos de cuatro de las más importantes piezas representadas en Tucumán: “Marat-Sade”, “El Hombre de la Mancha”, “Mi bella dama” y “El violinista en el tejado”.
Como director, debutó en 1972 con “El prestamista”, y comenzó a dirigir el teatro Estable al año siguiente, con “Ha llegado un inspector”. En el teatro oficial, además de “Mi bella dama”, dirigió entre muchas otras piezas “El conventillo de la Paloma”, “Cyrano de Bergerac”, o “Las brujas de Salem”. En la actividad independiente dirigió éxitos como “El cuarto de Verónica”, “La fiaca”, “Equus” o “Taxi”. Y como regisseur, se recuerdan sus puestas de “Otello”, “Cavalleria Rusticana” o “La viuda alegre”.
Carlos Olivera murió el 19 de marzo de 2005. El teatro tucumano lo recuerda.










Tamaño texto
Comentarios
NOTICIAS RELACIONADAS