Crisis bajo la sombra

Análisis. Por Juan Manuel Asis.

16 Marzo 2006
En el gabinete se desató una crisis interna, y José Alperovich no la desactivó; sólo la cubrió con su sombra. En algún momento le estallará, y será por efecto de sus éxitos políticos. Es que los alperovichistas -léase colaboradores próximos- han saboreado el poder y quieren ampliar sus espacios, especialmente cuando el futuro los tienta con muchos años de dominio. Ayer, el gobernador quedó atrapado, y renegó por las jugadas que ensayaron bajo sus narices.
Gaffe o no, tras pedir a los periodistas que le dijeran quién hacía correr los rumores de renuncias, aludió a funcionarios como los responsables de las versiones. Fue una grave acusación entrelíneas. Si sabe de quiénes se trata, ¿por qué no reacciona? La respuesta es una: no quiere que ni se hable de una crisis en su gestión ni que le explote. La ratificación de Pablo Baillo fue una huida hacia adelante. Pero la crisis está allí, tras las puertas de su propio despacho, pese a que le moleste descubrir que no gobierna todas las acciones. Sobre la interna se barajaron dos hipótesis curiosas, pero no sorprendentes para los que saben de estas maniobras: 1- desde el ministerio de Seguridad Ciudadana salieron los rumores de renuncia, para obligar a Alperovich a ratificar a sus miembros y así fortalecerlos en un momento de extrema debilidad. 2- desde el área política se alimentó la versión para obligar a las dimisiones y acrecentar su ámbito de acción. Ambas son creíbles y ninguna se excluye. ¿Qué se gana o qué se pierde con esto?: espacios. No es extraño que suceda, por más que se hable de una nueva política. Las mañas son las mismas de siempre. Baste recordar la época de Julio Miranda, cuando competían ministros por tener brillo propio. Alperovich aplazó el estallido y admitió que tiene socios que no trabajan para él, algo que no debería sorprenderle pues él fue el ministro estrella de la gestión mirandista.